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El Autor
Nota de contratapa

Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?

I. La zona y sus primeros ocupantes

II. La chacra de la familia Ramos Mexía

III. El arribo del primer tren

IV. El trazado del pueblo

V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]

[Parte 2]

VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]

Parte 2]

VII. El pueblo se transforma en ciudad

VIII. Los servicios públicos

IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]

[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]

X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]

[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]

Bibliografía

Índice de ilustraciones

 
*Diario La Prensa

Un día domingo visitamos esas obras del Maldonado con un grupo de amigos, todos niños en busca de aventuras.

El taxi-colectivo línea 3 El taxi-colectivo línea 3, "La Cabaña", a su paso por la calle Córdoba (hoy Pizzurno) en el cruce con Las Heras, frente al desaparecido almacén, despacho de bebidas y cancha de bochas "Las cuatro FFFF" (por las féminas, las cuatro hijas del dueño, el señor Ceriani.) (Dibujo de Douglas Wright.)
(Haga click en la imagen para ver una versión más grande.)

En aquellos potreros nacieron clubes que se organizaban y tenían su sede, la mayoría de las veces, en un cuarto o en el patio trasero de alguna casa de la vecindad.


El gran crecimiento demográfico presionó sobre la demanda de viviendas y locales de comercio, y se produjo el boom edilicio iniciado alrededor del año 1970, con construcciones de hasta más de veinte pisos.

*Roberto Arlt, "Aguafuertes porteñas", Ed. Losada

Ilustración Eduardo Gimenez
Aquel Ramos Mejía de Antaño

Capítulo VII
El pueblo se transforma en ciudad

La venta en remate de las dos manzanas frente a la estación ferroviaria, a que nos referimos en el capítulo anterior, se realizó el domingo 18 de octubre de 1925, a las 15 horas. Estuvo a cargo de la firma inmobiliaria Guerrico & Williams, de la ciudad de Buenos Aires, la cual publicó en los diarios el siguiente aviso:

"Hoy en Ramos Mejía, a las 15 - 45 lotes - En los mismos bajo carpa. Sobre el andén de la estación 45 lotes en 80 mensualidades sin interés, orden F.C. Oeste. Con frente a la avenida Rivadavia (adoquinado pago), Avenida de Mayo, Bartolomé Mitre, Moreno y Bolívar. Todos los lotes tienen 10 metros de frente como mínimum y sus superficies varían de 200 a 396 metros cuadrados (266 a 528 v/c). Son sin discusión, los mejores terrenos de la localidad, con 140 trenes eléctricos diarios, que hacen el servicio a Plaza de Mayo en combinación con el subterráneo, en 24 minutos. Venta sin base, a tanto los 75 decímetros cuadrados (vara cuadrada). Escrituras una vez pagas 30 mensualidades, ante el escribano don Federico Isla. El domingo 18 de octubre, a las 15, sobre los mismos terrenos. Condiciones de pago: 3 mensualidades de seña y nuestra comisión del 2% en el acto del remate, otras 3 mensualidades dentro de las 48 horas al recibir la libreta y las 74 restantes en la Tesorería del Ferrocarril Oeste (Estación Once de Septiembre) del 1o al 10 de cada mes, desde el 1o de Enero de 1926. Informes y planos en nuestra casa, Carlos Pellegrini 1042. U. T. 41 Plaza 0052 - Guerrico y Williams."

El lunes siguiente al día del remate, la firma interviniente informa que: "En Ramos Mejía, frente al andén de la estación se vendieron totalmente los 45 lotes anunciados en 80 mensualidades por cuenta y orden del F.C. Oeste, habiéndose obtenido los precios siguientes: Con frente a la avenida Rivadavia (adoquinado pago) desde $ 34,66 hasta 66,66 el metro cuadrado. Con frente a la avenida de Mayo $ 42,66 el metro cuadrado. Con frente a la calle Moreno desde $ 22,66 hasta $ 28 el metro cuadrado. Con frente a la calle Bolívar desde $ 28 hasta $ 44 el metro cuadrado. Con frente a la calle Bartolomé Mitre desde $ 16 hasta 34,66 el metro cuadrado. Importe total de la venta $ 502.480,88. Promedio $ 35,37 el metro cuadrado. Compradores: Dr. Domingo Rocca, Vicente Pasciullo, Eduardo Elisabe, Dr. Esteban Adano, Arturo Pantí, Ernesto Vaccaro, Juan Globo, Mansueto F. Tarletta, R. A. Sánchez, Sta. B. Keller, Víctor Piégari, M. Mendivil, T. González (en comisión), Narciso Perich, Pedro J. Cambiasso, Miguel Oscar, Rodolfo Gigena, Dr. Ramón Albesa, Juan Cardozo, Juan Espina, Bogani Hnos., Eugenio Aramburo, Gabriel Ferrazi (en comisión), Barassi Hnos., Modesto Dautel, Juan Luoni, Próspero Pangaro, Felipe A. Ferrari, José Polano, Eduardo Romanelli, Mario Rueck, Bernardo S. Estévez, Simón Emilio, Pedro Selinelli, y otros."

Contrariamente a lo informado por el rematador en el sentido de que se vendieron todos los lotes de las dos manzanas que nos ocupan, lo cierto es que dos de las parcelas fueron donadas por el Ferrocarril Oeste para la construcción de la Casa de Auxilio, sobre la Avenida de Mayo, y dos continuaron en su poder hasta 1940, en que pasaron al patrimonio de la Municipalidad de la Matanza, sobre la esquina con la calle Belgrano, donde se instalaría más adelante la Casa de la Cultura.

Esta última cesión se concretó a raíz de un convenio aprobado por Ordenanza Municipal Nº 600, promulgada el 17 de febrero de 1940. El Ferrocarril Oeste cedió esas parcelas, con una superficie total de 550,25 m2, a la Comuna, y ésta en compensación reconstruyó las veredas de la estación, sobre Rivadavia y las calles Alem y Ardoino, entre la avenida de Mayo y Moreno. También se hizo cargo la Municipalidad del cambio o mejoramiento del cerco de alambrado existente en los tramos antes citados y de suministrar, durante veinte años y en forma gratuita, el agua necesaria para la estación Ramos Mejía y los pasos a nivel en los dos extremos de la estación.

A ambos aspectos (Casa de Auxilio y Casa de la Cultura) nos referiremos en el capítulo IX.

Algunos de los flamantes propietarios abonaron al contado, o por lo menos las treinta cuotas necesarias para escriturar de inmediato, y comenzaron prontamente a levantar importantes edificios. Dos de ellos llamaron la atención por su trascendencia: el Mercado, con 30 puestos, cámara frigorífica y fábrica de hielo en barras anexas, que abarcó en galería desde la Avenida Rivadavia al 14.050 hasta la calle Belgrano, propiedad de D. Modesto Dautel, y el Cine-Teatro Ramos Mejía, del doctor Esteban Adano, en Rivadavia 13.956.

El mercado permitió erradicar la feria que funcionaba en ese lugar, sobre la acera sur de la avenida Rivadavia, dos días a la semana, la cual había suscitado en su tiempo muchas quejas del vecindario, porque no reunía buenas condiciones de higiene y no cumplía con los fines que motivaron su creación: abaratar precios y competir por una mejor calidad. La carne que se vendía en esa feria provenía del matadero situado en Triunvirato y Brandsen, y el funcionamiento de éste también fue muy criticado "pues se sacrifican animales de cualesquiera clase y estado sanitarios" y "la inspección veterinaria es nominal, ya que se costea un técnico cuyos servicios no se conocen. Además funcionan mataderos clandestinos a la vista de todo el vecindario" (año 1925)*.

Recordemos de paso que hasta 1918 Ramos Mejía tuvo su hipódromo, muy cerca del matadero antes mencionado. Las carreras se desarrollaban sobre la calle Brandsen y la llegada era en el cruce de esa calle y Alvarado.

Otros comercios que abrieron sus puertas en las dos manzanas subastadas frente a la estación fueron: sobre Rivadavia al 14.000 la zapatería de Domingo Berro, fundada en 1919, que se trasladó allí desde su anterior ubicación en Rivadavia al 13.800, casi Moreno; la confitería y venta de helados de Daniel Della Maestra, y la librería de Gabriel y Jorge Ferrazi. En la cuadra anterior (Rivadavia al 13.900), además del cine-teatro, encontramos la Farmacia Giovo y la Cervecería Africana, de Espina. Sobre Moreno hallamos la sastrería a medida del señor Tamburri, y en la cuadra de Bolívar que va desde Rivadavia a Belgrano, el bazar de Salvador Arroyo y la peluquería para hombres de Víctor Piégari. Sobre la misma vereda este de esta última cuadra, la Compañía de Electricidad Provincial (CEP), instaló la administración y un pequeño comercio donde promocionaba y vendía artefactos eléctricos para el hogar (planchas, ventiladores, cocinas, etc.), en cuotas que eran incluidas en la factura por consumo mensual de electricidad.

En 1926, año siguiente al del remate que comentamos, se inició el adoquinado de varias calles al norte de la estación y en las cuadras situadas alrededor de la plaza. Al sur de Rivadavia se procedió a adoquinar las calles Bolívar (hasta Castelli) y San Martín y Las Heras (hasta Lascano). El costo de estos trabajos no fue trasladado a los vecinos, pues se hizo cargo del mismo el erario público.

Pero las obras más importantes en esta materia se concretaron entre 1930 y 1931, cuando se pavimentó con hormigón armado el resto de las calles hasta un radio de diez cuadras desde la estación, con un total de 242 cuadras. Los trabajos avanzaron a razón de 1000 m2 por día, es decir unas 25 cuadras por mes. Simultáneamente se hicieron las veredas, con baldosas de cemento de 20 por 20 cm., y se procedió al arbolado de las calles, con plátanos en su casi totalidad, lo que dio al pueblo un aspecto uniforme muy estético.

La firma adjudicataria de esos trabajos fue la Empresa Constructora Pauling Argentina, que abrió una pequeña oficina de cobranzas en la calle Ricchieri, frente a la plaza, donde los propietarios frentistas concurrían a abonar el costo resultante, en 120 mensualidades y 7% de interés, munidos de una libreta de pago conformada por la Municipalidad. El costo fue fijado en $ 14, 42 el m2 de pavimento, y el de las aceras en $ 6,60 el m2.

La Avenida de Mayo se pavimentó poco tiempo más tarde, hasta la localidad de San Justo, con dos calzadas de doble vía separadas por un cantero central hasta la calle Alvarado, en el que se plantaron numerosos tilos, arbustos decorativos y en los primeros cien metros desde Rivadavia, gran profusión de especies florales. Este elegante bulevar, donde también se habían instalado cómodos bancos de plaza, constituyendo un hermoso lugar de paseo, fue lamentablemente transformado en el año 1969, cuando se eliminaron los canteros centrales, ante la necesidad invocada por las autoridades de agilizar el tránsito vehicular.

Otros trabajos que entonces se encararon fueron el entubamiento de los dos arroyos o zanjones que atravesaban Ramos Mejía, a los que nos hemos referido en el capítulo I.

Cuando el gran zanjón situado a pocas cuadras al norte de la estación, conocido como el Maldonado, se salía de su cauce por alguna tormenta, inundaba los alrededores, entraba el agua en las viviendas cercanas y dejaba una traza de suciedad en las paredes. Después los vecinos afectados debían poner a orear los colchones y todo aquello que quedase húmedo. Esto sucedía cíclicamente.

Algo parecido ocurría con el otro zanjón, en la parte sur del pueblo, pero sus efectos no eran desastrosos.

Hasta que por fin llegó la solución tan anhelada por la población. Comenzaron las excavadoras a levantar montañas de tierra colorada y se tendieron enormes tubos de cemento. Mientras se ejecutaban las obras, algunos vecinos sobornaban a los obreros para que de noche y en forma subrepticia conectaran las cañerías cloacales de sus casas a esos grandes tubos. Recordemos que entonces no existía la red de desagüe pública y se debía recurrir periódicamente al desagote de los pozos ciegos mediante los fastidiosos carros atmosféricos.

Un día domingo visitamos esas obras del Maldonado con un grupo de amigos, todos niños en busca de aventuras. La cuadrilla no trabajaba y los tubos ya estaban tendidos en el lecho excavado. A través de una boca de inspección bajamos a su interior que aún no recibía las aguas del arroyo, y en nuestro encantamiento creímos haber descendido a la cueva de Montesinos.

También se procedió en esos años al ensanche y pavimentación de la avenida Rivadavia, con refugios centrales en algunos tramos, los que más adelante se eliminarían para darle mayor capacidad de tránsito. Esa obra estuvo a cargo de la Dirección Nacional de Vialidad.

Con las avenidas y calles del pueblo pavimentadas se posibilitó la creación de otra línea de transporte de pasajeros, para cubrir la creciente demanda ante el aumento de la población y la necesidad de trasladarse hacia los lugares de empleo de los nuevos grupos de trabajadores. Se trató de la línea 3 de taxis (colectivos) que con unos pocos automóviles, algunos con capota de lona negra, cubría el recorrido desde Ciudadela hasta Villa Luzuriaga, pasando por el barrio de "La Cabaña" a la altura de las calles Córdoba (hoy Pizzurno), Cabral y Viamonte. De allí deriva el nombre de esa empresa (La Cabaña), hoy convertida en la línea 242.

Recordemos que el primer taxi colectivo de recorrido fijo nació en la ciudad de Buenos Aires a fin de setiembre de 1928, debido a la crisis que afectó a los taxis, al reducirse la cantidad de pasajeros. Esos primeros coches iniciaban el recorrido en Rivadavia y Lacarra e iban hasta Plaza Flores, y luego se extendieron hasta Primera Junta, con una tarifa de 10 centavos la primera sección y 20 el viaje completo.

Para dar mayor capacidad de pasajeros por viaje, entre el asiento delantero y los traseros del automóvil se agregaban dos o tres trasportines: unos asientos pequeños suplementarios y plegadizos. Con este arbitrio podían ubicarse en esos taxis colectivos tres pasajeros en los asientos de atrás, uno al lado del chofer y dos o tres en los citados trasportines. Claro que esta estructura determinaba a veces que, para descender, un pasajero obligara a apearse a los otros porque impedían llegar a la puerta del coche. Cuando el auto colectivo iniciaba el recorrido con el pasaje completo, el chofer evitaba este problema planificando la ubicación de cada pasajero, haciendo subir primero a los que iban a bajar en último término.

Un detalle que presenciamos con curiosidad se producía cuando el auto colectivo sufría la pinchadura de un neumático y no contaba con rueda de auxilio. En esos casos, el chofer aplicaba sobre la cámara averiada un parche de goma, cuya superficie superior era inflamable y encendía con un fósforo; el calor que se desprendía aseguraba la adhesividad del pegamento. Luego daba presión al neumático reparado con un inflador a pedal, y podía reanudar la marcha.

Tanto la línea 3 "La Cabaña", como las otras que ya funcionaban en la Capital Federal tuvieron un éxito inmediato. Y pronto comenzaron a reemplazar los taxis por microómnibus, de once y luego de más asientos, que siguieron llamándose "colectivos". Los primeros que salieron llevaban la rueda de auxilio en la parte exterior, asegurada a la carrocería por debajo de la ventanilla de atrás del vehículo, lo que permitía a los chiquilines de entonces viajar "colados", por pura diversión, aferrándose a esa rueda cuando el colectivo se detenía en alguna parada. En tales circunstancias se producía un fenómeno aún no debidamente explicado: siendo niños veíamos desde la vereda pasar al colectivo a una velocidad razonable y en cambio cuando estábamos encaramados en la rueda de auxilio parecía que alcanzaba una velocidad desaforada.

En la década del treinta, que estamos tratando, los melómanos del pueblo seguían con mucha atención las presentaciones, en los escenarios líricos del país y del exterior, de los cantantes Rogelio Baldrich y Emma Brizzio, que formaban parte de dos antiguas familias radicadas en la localidad, en la calle Brown 324 y en Lascano (antes Santa Fe) al 200, respectivamente. Se recuerda que fue muy comentada la actuación de ambos en la puesta de la ópera Madame Butterfly, de Puccini, el martes 14 de junio de 1938, en el teatro Colón de Buenos Aires.

En esos años, ya presentaba Ramos Mejía muchas zonas de edificación compacta, aunque generalmente de planta baja o a lo sumo de dos plantas. Sin embargo, a cierta distancia de la estación todavía quedaban bastantes potreros amplios, que eran muy utilizados por la juventud para la práctica del fútbol barrial, entonces muy generalizado. En aquellos viejos vecindarios esos muchachos, nucleados en la "barra de la esquina", con sacrificio y más voluntad y entusiasmo que dinero, conseguían la pelota de cuero número cinco y las once camisetas con los colores del equipo. Bastaba luego marcar cada arco con dos precarios postes o más humildemente con dos atados de ropa y ya estaba armado el campo de juego, donde esos jóvenes se divertían y peleaban con sus iguales de otros barrios. Hoy como ayer la juventud también se divierte y pelea, aunque ha trocado el adversario por la gráfica electrónica de los video juegos.

En aquellos potreros nacieron clubes que se organizaban y tenían su sede, la mayoría de las veces, en un cuarto o en el patio trasero de alguna casa de la vecindad. Recordemos a varios de esos modestos nucleamientos: el club Las Golondrinas, fundado en 1932, que hoy subsiste en su sede de Pizzurno 868. Polo Norte, creado en la esquina de Brown y Córdoba (hoy Pizzurno), bajo la inspiración de un funcionario inglés del ferrocarril, que vivía en el barrio; este club logró con los años tener su sede social en la esquina nordeste de Bartolomé Mitre y Pueyrredón; luego se trasladó a una nueva sede sobre la Avenida de Mayo, pero no pudo sobrevivir.

Otro club, más modesto, fue Lucero, cuya cancha de fútbol estaba situada en Brown y Bulnes, y en el barrio de La Cabaña encontramos a La Cabaña Boxing Club (en Cabral al 400). Y también al Club Social y Deportivo Ramos Mejía, que comenzó con su cancha de fútbol en Colón y Bulnes, luego instaló una precaria sede en Viamonte al 100 (vereda sur) y de allí pasó a Lavalle 255, para instalarse por último en su actual ubicación de Viamonte 160. También surgió hacia 1939 en el barrio de La Cabaña, para ser exactos en la trastienda de la cafetería de Emilio Pérez, de la calle Pizzurno 180, el Arizona Football Club, que alcanzó a alquilar por dos temporadas la cancha de fútbol de Estudiantil Porteño, en Lavalle, Pueyrredón, Corrientes y Cabral, cuando éste abandonó la práctica de ese deporte. Tampoco podemos dejar en el olvido al club Sundblad, con su campo de juego en Cerrito y Coronel Díaz, que logró tener su sede social en la calle Azcuénaga al 200.

Por supuesto, ya se hallaban en actividad otras instituciones más importantes, como Estudiantil Porteño, ya mencionado, en lo que fue la quinta La Cabaña, con su cancha de fútbol; Ramsar, también con cancha de fútbol y atletismo; Atahualpa, en la Avenida de Mayo 552, con cancha de basketball, y el Lawn Tennis Club, con sede en la Avenida Argentina (hoy Echeverría) 361, a alguno de los cuales nos referiremos más adelante.

En el año 1937 el partido de la Matanza contaba con 26.198 habitantes y el pueblo de Ramos Mejía con 6.146. La actividad industrial en nuestra zona se reducía aún a muy pocos establecimientos, entre los que se contaban la Tejeduría Rivadavia, de Rico Peña y luego Miguel A. Bissoni, de hilo y algodón y dedicada a la fabricación de toallas, instalada en Segunda Rivadavia 13.155 (hoy Gabriel Ardoino 1050); Delgado y Rubio, fábrica de cuerdas y piolines de cáñamo, algodón, sisal y manila, en Segunda Rivadavia (hoy Gabriel Ardoino) esquina Colombres; Chissotti Hnos., en Rivadavia 13.514, que elaboraba diariamente 1.500 litros de fernet y grappa; Basomba, Lombardi y Daneri, con fábrica de fideos; Industrias Dal Vera, sobre la calle Alvarado, fabricante de muebles en caña y mimbre, etc.

Pero a fines de la década del treinta y especialmente a partir del año 1940, se inició en la localidad un proceso de radicación industrial muy importante, pues se abrieron numerosas plantas fabriles, como la Hilandería y Tejeduría Danubio; San Marco; Roberti y Bossi y Mathia Textil, todas textiles; tintorerías como la de Larrea y Bulnes y la de Calogero y Giannovola en San Martín y Humboldt; Multicrom, fábrica de pigmentos; Niboplast y Strauss, de plásticos; Olivetti, sobre Díaz Vélez, y otros muchos talleres que en conjunto dieron ocupación a miles de operarios.

Es lógico entonces que esa mayor actividad industrial contribuyera al crecimiento de la población en Ramos Mejía, particularmente familias provincianas que se trasladaban desde centros urbanos o rurales del interior, en busca de mejores condiciones económicas o encandiladas por la vida en el Gran Buenos Aires.

Los censos nacionales reflejan ese fenómeno de aumento de la población, como se ve en el cuadro siguiente.

 
Total de
habitantes
1947
1960
1970
1980
1991
En
el país
15.893.827
20.013.793
23.364.431
27.862.771
32.615.528
En la provincia
de Bs. As
4.273.784
6.766.108
8.774.529
10.796.036
12.594.974
En
Matanza
98.471
401.738
659.193
941.499
1.120.640
En Ramos Mejía
30.000*
86.000
100.630
113.496
116.622

* Estimado (30% de la población total del Partido de la Matanza)

El gran crecimiento demográfico presionó sobre la demanda de viviendas y locales de comercio, y se produjo el boom edilicio iniciado alrededor del año 1970, con construcciones de hasta más de veinte pisos. El tránsito de vehículos en la zona céntrica se tornó caótico en las horas pico, y la Municipalidad se vio forzada a dar sentido único de circulación a las calles y a instalar semáforos en los puntos neurálgicos.

Varias galerías comerciales se habilitaron en el radio sur de la zona próxima a la estación, junto a algunos supermercados, vidrieras muy bien iluminadas y letreros fluorescentes, así como modernas confiterías y locales de diversión nocturna. Luces de neón y focos de mercurio completan el panorama que da al lugar la fisonomía de una pujante ciudad. Dijo Roberto Arlt: "Ramos Mejía se está infectando de modernismo."*

En el año 1964 el senador provincial D. Oscar Prego, vecino de la localidad, presentó al cuerpo legislativo del que formaba parte, en La Plata, un proyecto de ley para que se otorgara categoría de ciudad a Ramos Mejía. Esta iniciativa se concretó en la Ley provincial Nº 6.802, sancionada el 17 de setiembre de 1964, promulgada por el Poder Ejecutivo de la Provincia el 21 del mismo mes y publicada en el Boletín Oficial el día 28.

La citada norma legal fue recibida con justificada satisfacción y se resolvió crear una Comisión de Festejos, presidida por el señor Emilio Parodi. En los primeros días de noviembre de 1964 se realizaron varios actos públicos celebratorios, que tuvieron una entusiasta adhesión popular, con gran concurrencia de vecinos. Se contó con la presencia del vicepresidente de la Nación, doctor Carlos H. Perette, del gobernador de la Provincia, doctor Anselmo Marini, y de autoridades locales, civiles, eclesiásticas y militares.

Desde ese acontecimiento han transcurrido más de treinta años, el progreso no se ha detenido, habiéndose completado la provisión de los servicios públicos esenciales, como el suministro de gas natural por cañerías, desagües cloacales y agua corriente, temas estos que comentaremos más adelante.

En julio de 1982 se inauguró el puente peatonal entre la esquina sudoeste de la Avenida Rivadavia y la calle Moreno, y la esquina nordeste de las calles Gabriel Ardoino y French, con escaleras también en su parte central hacia el andén ferroviario y la vereda sur de la estación. Tiene 155 m. de largo por 3 de ancho y 7,30 de altura y fue una obra encarada y financiada de común acuerdo entre la Muncipalidad de la Matanza y la Cooperativa El Hogar Obrero.

Finalizamos esta parte de nuestra crónica con el siguiente cuadro de población, según cifras del último censo nacional, clasificada por sexo, y discriminada según las distintas localidades que integran el Partido de la Matanza:

POBLACION AL 15 de MAYO de 1991
Jurisdicción Total Varones Mujeres
Total del país
32.615.528
15.937.980
16.677.548
Total Provincia de Buenos Aires
12.594.974
6.168.076
6.426.898
Total Partido de la Matanza
1.120.640
552.198
568.442
San Justo
157.910
76.883
81.027
G. de Laferrère
158.117
79.214
78.903
González Catán
153.879
77.603
76.276
RAMOS MEJIA
116.622
54.992
61.630
I. Casanova
111.110
55.254
55.856
La Tablada
83.891
40.922
42.969
R. Castillo
81.875
41.148
40.727
V. Madero
66.962
32.270
34.692
V. Luzuriaga
64.385
31.762
32.623
Ciudad Evita
63.741
31.323
32.418
Virrey del Pino
24.634
12.456
12.178
Tapiales
15.151
7.424
7.727
Aldo Bonzi
13.432
6.512
6.920
20 de Junio
102
54
48
Zonas rurales y sin localizar
8.829
4.381
4.448

Está de más aclarar que las cifras dadas para Ramos Mejía corresponden a los habitantes que residen dentro de los límites oficiales de la ciudad. Pero si consideramos que la zona de Villa Sarmiento, en jurisdicción de otro municipio, forma parte del mismo núcleo urbano por las razones que dimos en el capítulo IV, y que la población de esa villa es de 19.958 personas, llegaremos a la conclusión de que Ramos Mejía es un conglomerado de 136.580 almas.

A título ilustrativo agreguemos que las dos poblaciones vecinas, Mariano José Haedo y Ciudadela, cuentan según el censo de 1991 con 41.475 y 79.789 habitantes respectivamente.

 
VI. El progreso se hace presente [Parte 2]


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