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Tapa
Contenido
El Autor
Nota de contratapa
Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?
I. La zona y sus primeros ocupantes
II. La chacra de la familia Ramos Mexía
III. El arribo del primer tren
IV. El trazado del pueblo
V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]
[Parte 2]
VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]
Parte 2]
VII. El pueblo se transforma en ciudad
VIII. Los servicios públicos
IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]
[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]
X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]
[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]
Bibliografía
Índice de ilustraciones
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*Diario La Prensa
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Un día domingo visitamos esas obras del Maldonado con un
grupo de amigos, todos niños en busca de aventuras.
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El taxi-colectivo línea 3, "La Cabaña",
a su paso por la calle Córdoba (hoy Pizzurno) en el cruce
con Las Heras, frente al desaparecido almacén, despacho
de bebidas y cancha de bochas "Las cuatro FFFF" (por
las féminas, las cuatro hijas del dueño, el señor
Ceriani.) (Dibujo de Douglas Wright.)
(Haga click en la imagen para ver una versión más
grande.)
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En aquellos potreros nacieron clubes que se organizaban y tenían
su sede, la mayoría de las veces, en un cuarto o en el
patio trasero de alguna casa de la vecindad.
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El gran crecimiento demográfico presionó sobre la
demanda de viviendas y locales de comercio, y se produjo el boom
edilicio iniciado alrededor del año 1970, con construcciones
de hasta más de veinte pisos.
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*Roberto Arlt, "Aguafuertes
porteñas", Ed. Losada
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Eduardo Gimenez

Capítulo VII
El pueblo se transforma en ciudad
La venta en remate de las dos manzanas frente a la
estación ferroviaria, a que nos referimos en el capítulo
anterior, se realizó el domingo 18 de octubre de 1925, a las 15
horas. Estuvo a cargo de la firma inmobiliaria Guerrico & Williams,
de la ciudad de Buenos Aires, la cual publicó en los diarios el
siguiente aviso:
"Hoy en Ramos Mejía, a las 15 - 45 lotes
- En los mismos bajo carpa. Sobre el andén de la estación
45 lotes en 80 mensualidades sin interés, orden F.C. Oeste. Con
frente a la avenida Rivadavia (adoquinado pago), Avenida de Mayo, Bartolomé
Mitre, Moreno y Bolívar. Todos los lotes tienen 10 metros de frente
como mínimum y sus superficies varían de 200 a 396 metros
cuadrados (266 a 528 v/c). Son sin discusión, los mejores terrenos
de la localidad, con 140 trenes eléctricos diarios, que hacen el
servicio a Plaza de Mayo en combinación con el subterráneo,
en 24 minutos. Venta sin base, a tanto los 75 decímetros cuadrados
(vara cuadrada). Escrituras una vez pagas 30 mensualidades, ante el escribano
don Federico Isla. El domingo 18 de octubre, a las 15, sobre los mismos
terrenos. Condiciones de pago: 3 mensualidades de seña y nuestra
comisión del 2% en el acto del remate, otras 3 mensualidades dentro
de las 48 horas al recibir la libreta y las 74 restantes en la Tesorería
del Ferrocarril Oeste (Estación Once de Septiembre) del 1o
al 10 de cada mes, desde el 1o de Enero de 1926. Informes y
planos en nuestra casa, Carlos Pellegrini 1042. U. T. 41 Plaza 0052 -
Guerrico y Williams."
El lunes siguiente al día del remate, la firma
interviniente informa que: "En Ramos Mejía, frente al andén
de la estación se vendieron totalmente los 45 lotes anunciados
en 80 mensualidades por cuenta y orden del F.C. Oeste, habiéndose
obtenido los precios siguientes: Con frente a la avenida Rivadavia (adoquinado
pago) desde $ 34,66 hasta 66,66 el metro cuadrado. Con frente a la avenida
de Mayo $ 42,66 el metro cuadrado. Con frente a la calle Moreno desde
$ 22,66 hasta $ 28 el metro cuadrado. Con frente a la calle Bolívar
desde $ 28 hasta $ 44 el metro cuadrado. Con frente a la calle Bartolomé
Mitre desde $ 16 hasta 34,66 el metro cuadrado. Importe total de la venta
$ 502.480,88. Promedio $ 35,37 el metro cuadrado. Compradores: Dr. Domingo
Rocca, Vicente Pasciullo, Eduardo Elisabe, Dr. Esteban Adano, Arturo Pantí,
Ernesto Vaccaro, Juan Globo, Mansueto F. Tarletta, R. A. Sánchez,
Sta. B. Keller, Víctor Piégari, M. Mendivil, T. González
(en comisión), Narciso Perich, Pedro J. Cambiasso, Miguel Oscar,
Rodolfo Gigena, Dr. Ramón Albesa, Juan Cardozo, Juan Espina, Bogani
Hnos., Eugenio Aramburo, Gabriel Ferrazi (en comisión), Barassi
Hnos., Modesto Dautel, Juan Luoni, Próspero Pangaro, Felipe A.
Ferrari, José Polano, Eduardo Romanelli, Mario Rueck, Bernardo
S. Estévez, Simón Emilio, Pedro Selinelli, y otros."
Contrariamente a lo informado por el rematador en
el sentido de que se vendieron todos los lotes de las dos manzanas que
nos ocupan, lo cierto es que dos de las parcelas fueron donadas por el
Ferrocarril Oeste para la construcción de la Casa de Auxilio, sobre
la Avenida de Mayo, y dos continuaron en su poder hasta 1940, en que pasaron
al patrimonio de la Municipalidad de la Matanza, sobre la esquina con
la calle Belgrano, donde se instalaría más adelante la Casa
de la Cultura.
Esta última cesión se concretó
a raíz de un convenio aprobado por Ordenanza Municipal Nº
600, promulgada el 17 de febrero de 1940. El Ferrocarril Oeste cedió
esas parcelas, con una superficie total de 550,25 m2, a la
Comuna, y ésta en compensación reconstruyó las veredas
de la estación, sobre Rivadavia y las calles Alem y Ardoino, entre
la avenida de Mayo y Moreno. También se hizo cargo la Municipalidad
del cambio o mejoramiento del cerco de alambrado existente en los tramos
antes citados y de suministrar, durante veinte años y en forma
gratuita, el agua necesaria para la estación Ramos Mejía
y los pasos a nivel en los dos extremos de la estación.
A ambos aspectos (Casa de Auxilio y Casa de la Cultura)
nos referiremos en el capítulo IX.
Algunos de los flamantes propietarios abonaron al
contado, o por lo menos las treinta cuotas necesarias para escriturar
de inmediato, y comenzaron prontamente a levantar importantes edificios.
Dos de ellos llamaron la atención por su trascendencia: el Mercado,
con 30 puestos, cámara frigorífica y fábrica de hielo
en barras anexas, que abarcó en galería desde la Avenida
Rivadavia al 14.050 hasta la calle Belgrano, propiedad de D. Modesto Dautel,
y el Cine-Teatro Ramos Mejía, del doctor Esteban Adano, en Rivadavia
13.956.
El mercado permitió erradicar la feria que
funcionaba en ese lugar, sobre la acera sur de la avenida Rivadavia, dos
días a la semana, la cual había suscitado en su tiempo muchas
quejas del vecindario, porque no reunía buenas condiciones de higiene
y no cumplía con los fines que motivaron su creación: abaratar
precios y competir por una mejor calidad. La carne que se vendía
en esa feria provenía del matadero situado en Triunvirato y Brandsen,
y el funcionamiento de éste también fue muy criticado "pues
se sacrifican animales de cualesquiera clase y estado sanitarios"
y "la inspección veterinaria es nominal, ya que se costea
un técnico cuyos servicios no se conocen. Además funcionan
mataderos clandestinos a la vista de todo el vecindario" (año
1925)*.
Recordemos de paso que hasta 1918 Ramos Mejía
tuvo su hipódromo, muy cerca del matadero antes mencionado. Las
carreras se desarrollaban sobre la calle Brandsen y la llegada era en
el cruce de esa calle y Alvarado.
Otros comercios que abrieron sus puertas en las dos
manzanas subastadas frente a la estación fueron: sobre Rivadavia
al 14.000 la zapatería de Domingo Berro, fundada en 1919, que se
trasladó allí desde su anterior ubicación en Rivadavia
al 13.800, casi Moreno; la confitería y venta de helados de Daniel
Della Maestra, y la librería de Gabriel y Jorge Ferrazi. En la
cuadra anterior (Rivadavia al 13.900), además del cine-teatro,
encontramos la Farmacia Giovo y la Cervecería Africana, de Espina.
Sobre Moreno hallamos la sastrería a medida del señor Tamburri,
y en la cuadra de Bolívar que va desde Rivadavia a Belgrano, el
bazar de Salvador Arroyo y la peluquería para hombres de Víctor
Piégari. Sobre la misma vereda este de esta última cuadra,
la Compañía de Electricidad Provincial (CEP), instaló
la administración y un pequeño comercio donde promocionaba
y vendía artefactos eléctricos para el hogar (planchas,
ventiladores, cocinas, etc.), en cuotas que eran incluidas en la factura
por consumo mensual de electricidad.
En 1926, año siguiente al del remate que comentamos,
se inició el adoquinado de varias calles al norte de la estación
y en las cuadras situadas alrededor de la plaza. Al sur de Rivadavia se
procedió a adoquinar las calles Bolívar (hasta Castelli)
y San Martín y Las Heras (hasta Lascano). El costo de estos trabajos
no fue trasladado a los vecinos, pues se hizo cargo del mismo el erario
público.
Pero las obras más importantes en esta materia
se concretaron entre 1930 y 1931, cuando se pavimentó con hormigón
armado el resto de las calles hasta un radio de diez cuadras desde la
estación, con un total de 242 cuadras. Los trabajos avanzaron a
razón de 1000 m2 por día, es decir unas 25 cuadras por mes.
Simultáneamente se hicieron las veredas, con baldosas de cemento
de 20 por 20 cm., y se procedió al arbolado de las calles, con
plátanos en su casi totalidad, lo que dio al pueblo un aspecto
uniforme muy estético.
La firma adjudicataria de esos trabajos fue la Empresa
Constructora Pauling Argentina, que abrió una pequeña oficina
de cobranzas en la calle Ricchieri, frente a la plaza, donde los propietarios
frentistas concurrían a abonar el costo resultante, en 120 mensualidades
y 7% de interés, munidos de una libreta de pago conformada por
la Municipalidad. El costo fue fijado en $ 14, 42 el m2 de
pavimento, y el de las aceras en $ 6,60 el m2.
La Avenida de Mayo se pavimentó poco tiempo
más tarde, hasta la localidad de San Justo, con dos calzadas de
doble vía separadas por un cantero central hasta la calle Alvarado,
en el que se plantaron numerosos tilos, arbustos decorativos y en los
primeros cien metros desde Rivadavia, gran profusión de especies
florales. Este elegante bulevar, donde también se habían
instalado cómodos bancos de plaza, constituyendo un hermoso lugar
de paseo, fue lamentablemente transformado en el año 1969, cuando
se eliminaron los canteros centrales, ante la necesidad invocada por las
autoridades de agilizar el tránsito vehicular.
Otros trabajos que entonces se encararon fueron el
entubamiento de los dos arroyos o zanjones que atravesaban Ramos Mejía,
a los que nos hemos referido en el capítulo I.
Cuando el gran zanjón situado a pocas cuadras
al norte de la estación, conocido como el Maldonado, se salía
de su cauce por alguna tormenta, inundaba los alrededores, entraba el
agua en las viviendas cercanas y dejaba una traza de suciedad en las paredes.
Después los vecinos afectados debían poner a orear los colchones
y todo aquello que quedase húmedo. Esto sucedía cíclicamente.
Algo parecido ocurría con el otro zanjón,
en la parte sur del pueblo, pero sus efectos no eran desastrosos.
Hasta que por fin llegó la solución
tan anhelada por la población. Comenzaron las excavadoras a levantar
montañas de tierra colorada y se tendieron enormes tubos de cemento.
Mientras se ejecutaban las obras, algunos vecinos sobornaban a los obreros
para que de noche y en forma subrepticia conectaran las cañerías
cloacales de sus casas a esos grandes tubos. Recordemos que entonces no
existía la red de desagüe pública y se debía
recurrir periódicamente al desagote de los pozos ciegos mediante
los fastidiosos carros atmosféricos.
Un día domingo visitamos esas obras del Maldonado
con un grupo de amigos, todos niños en busca de aventuras. La cuadrilla
no trabajaba y los tubos ya estaban tendidos en el lecho excavado. A través
de una boca de inspección bajamos a su interior que aún
no recibía las aguas del arroyo, y en nuestro encantamiento creímos
haber descendido a la cueva de Montesinos.
También se procedió en esos años
al ensanche y pavimentación de la avenida Rivadavia, con refugios
centrales en algunos tramos, los que más adelante se eliminarían
para darle mayor capacidad de tránsito. Esa obra estuvo a cargo
de la Dirección Nacional de Vialidad.
Con las avenidas y calles del pueblo pavimentadas
se posibilitó la creación de otra línea de transporte
de pasajeros, para cubrir la creciente demanda ante el aumento de la población
y la necesidad de trasladarse hacia los lugares de empleo de los nuevos
grupos de trabajadores. Se trató de la línea 3 de taxis
(colectivos) que con unos pocos automóviles, algunos con capota
de lona negra, cubría el recorrido desde Ciudadela hasta Villa
Luzuriaga, pasando por el barrio de "La Cabaña" a la
altura de las calles Córdoba (hoy Pizzurno), Cabral y Viamonte.
De allí deriva el nombre de esa empresa (La Cabaña), hoy
convertida en la línea 242.
Recordemos que el primer taxi colectivo de recorrido
fijo nació en la ciudad de Buenos Aires a fin de setiembre de 1928,
debido a la crisis que afectó a los taxis, al reducirse la cantidad
de pasajeros. Esos primeros coches iniciaban el recorrido en Rivadavia
y Lacarra e iban hasta Plaza Flores, y luego se extendieron hasta Primera
Junta, con una tarifa de 10 centavos la primera sección y 20 el
viaje completo.
Para dar mayor capacidad de pasajeros por viaje,
entre el asiento delantero y los traseros del automóvil se agregaban
dos o tres trasportines: unos asientos pequeños suplementarios
y plegadizos. Con este arbitrio podían ubicarse en esos taxis colectivos
tres pasajeros en los asientos de atrás, uno al lado del chofer
y dos o tres en los citados trasportines. Claro que esta estructura determinaba
a veces que, para descender, un pasajero obligara a apearse a los otros
porque impedían llegar a la puerta del coche. Cuando el auto colectivo
iniciaba el recorrido con el pasaje completo, el chofer evitaba este problema
planificando la ubicación de cada pasajero, haciendo subir primero
a los que iban a bajar en último término.
Un detalle que presenciamos con curiosidad se producía
cuando el auto colectivo sufría la pinchadura de un neumático
y no contaba con rueda de auxilio. En esos casos, el chofer aplicaba sobre
la cámara averiada un parche de goma, cuya superficie superior
era inflamable y encendía con un fósforo; el calor que se
desprendía aseguraba la adhesividad del pegamento. Luego daba presión
al neumático reparado con un inflador a pedal, y podía reanudar
la marcha.
Tanto la línea 3 "La Cabaña",
como las otras que ya funcionaban en la Capital Federal tuvieron un éxito
inmediato. Y pronto comenzaron a reemplazar los taxis por microómnibus,
de once y luego de más asientos, que siguieron llamándose
"colectivos". Los primeros que salieron llevaban la rueda de
auxilio en la parte exterior, asegurada a la carrocería por debajo
de la ventanilla de atrás del vehículo, lo que permitía
a los chiquilines de entonces viajar "colados", por pura diversión,
aferrándose a esa rueda cuando el colectivo se detenía en
alguna parada. En tales circunstancias se producía un fenómeno
aún no debidamente explicado: siendo niños veíamos
desde la vereda pasar al colectivo a una velocidad razonable y en cambio
cuando estábamos encaramados en la rueda de auxilio parecía
que alcanzaba una velocidad desaforada.
En la década del treinta, que estamos tratando,
los melómanos del pueblo seguían con mucha atención
las presentaciones, en los escenarios líricos del país y
del exterior, de los cantantes Rogelio Baldrich y Emma Brizzio, que formaban
parte de dos antiguas familias radicadas en la localidad, en la calle
Brown 324 y en Lascano (antes Santa Fe) al 200, respectivamente. Se recuerda
que fue muy comentada la actuación de ambos en la puesta de la
ópera Madame Butterfly, de Puccini, el martes 14 de junio de 1938,
en el teatro Colón de Buenos Aires.
En esos años, ya presentaba Ramos Mejía
muchas zonas de edificación compacta, aunque generalmente de planta
baja o a lo sumo de dos plantas. Sin embargo, a cierta distancia de la
estación todavía quedaban bastantes potreros amplios, que
eran muy utilizados por la juventud para la práctica del fútbol
barrial, entonces muy generalizado. En aquellos viejos vecindarios esos
muchachos, nucleados en la "barra de la esquina", con sacrificio
y más voluntad y entusiasmo que dinero, conseguían la pelota
de cuero número cinco y las once camisetas con los colores del
equipo. Bastaba luego marcar cada arco con dos precarios postes o más
humildemente con dos atados de ropa y ya estaba armado el campo de juego,
donde esos jóvenes se divertían y peleaban con sus iguales
de otros barrios. Hoy como ayer la juventud también se divierte
y pelea, aunque ha trocado el adversario por la gráfica electrónica
de los video juegos.
En aquellos potreros nacieron clubes que se organizaban
y tenían su sede, la mayoría de las veces, en un cuarto
o en el patio trasero de alguna casa de la vecindad. Recordemos a varios
de esos modestos nucleamientos: el club Las Golondrinas, fundado en 1932,
que hoy subsiste en su sede de Pizzurno 868. Polo Norte, creado en la
esquina de Brown y Córdoba (hoy Pizzurno), bajo la inspiración
de un funcionario inglés del ferrocarril, que vivía en el
barrio; este club logró con los años tener su sede social
en la esquina nordeste de Bartolomé Mitre y Pueyrredón;
luego se trasladó a una nueva sede sobre la Avenida de Mayo, pero
no pudo sobrevivir.
Otro club, más modesto, fue Lucero, cuya cancha
de fútbol estaba situada en Brown y Bulnes, y en el barrio de La
Cabaña encontramos a La Cabaña Boxing Club (en Cabral al
400). Y también al Club Social y Deportivo Ramos Mejía,
que comenzó con su cancha de fútbol en Colón y Bulnes,
luego instaló una precaria sede en Viamonte al 100 (vereda sur)
y de allí pasó a Lavalle 255, para instalarse por último
en su actual ubicación de Viamonte 160. También surgió
hacia 1939 en el barrio de La Cabaña, para ser exactos en la trastienda
de la cafetería de Emilio Pérez, de la calle Pizzurno 180,
el Arizona Football Club, que alcanzó a alquilar por dos temporadas
la cancha de fútbol de Estudiantil Porteño, en Lavalle,
Pueyrredón, Corrientes y Cabral, cuando éste abandonó
la práctica de ese deporte. Tampoco podemos dejar en el olvido
al club Sundblad, con su campo de juego en Cerrito y Coronel Díaz,
que logró tener su sede social en la calle Azcuénaga al
200.
Por supuesto, ya se hallaban en actividad otras instituciones
más importantes, como Estudiantil Porteño, ya mencionado,
en lo que fue la quinta La Cabaña, con su cancha de fútbol;
Ramsar, también con cancha de fútbol y atletismo; Atahualpa,
en la Avenida de Mayo 552, con cancha de basketball, y el Lawn Tennis
Club, con sede en la Avenida Argentina (hoy Echeverría) 361, a
alguno de los cuales nos referiremos más adelante.
En el año 1937 el partido de la Matanza contaba
con 26.198 habitantes y el pueblo de Ramos Mejía con 6.146. La
actividad industrial en nuestra zona se reducía aún a muy
pocos establecimientos, entre los que se contaban la Tejeduría
Rivadavia, de Rico Peña y luego Miguel A. Bissoni, de hilo y algodón
y dedicada a la fabricación de toallas, instalada en Segunda Rivadavia
13.155 (hoy Gabriel Ardoino 1050); Delgado y Rubio, fábrica de
cuerdas y piolines de cáñamo, algodón, sisal y manila,
en Segunda Rivadavia (hoy Gabriel Ardoino) esquina Colombres; Chissotti
Hnos., en Rivadavia 13.514, que elaboraba diariamente 1.500 litros de
fernet y grappa; Basomba, Lombardi y Daneri, con fábrica de fideos;
Industrias Dal Vera, sobre la calle Alvarado, fabricante de muebles en
caña y mimbre, etc.
Pero a fines de la década del treinta y especialmente
a partir del año 1940, se inició en la localidad un proceso
de radicación industrial muy importante, pues se abrieron numerosas
plantas fabriles, como la Hilandería y Tejeduría Danubio;
San Marco; Roberti y Bossi y Mathia Textil, todas textiles; tintorerías
como la de Larrea y Bulnes y la de Calogero y Giannovola en San Martín
y Humboldt; Multicrom, fábrica de pigmentos; Niboplast y Strauss,
de plásticos; Olivetti, sobre Díaz Vélez, y otros
muchos talleres que en conjunto dieron ocupación a miles de operarios.
Es lógico entonces que esa mayor actividad
industrial contribuyera al crecimiento de la población en Ramos
Mejía, particularmente familias provincianas que se trasladaban
desde centros urbanos o rurales del interior, en busca de mejores condiciones
económicas o encandiladas por la vida en el Gran Buenos Aires.
Los censos nacionales reflejan ese fenómeno
de aumento de la población, como se ve en el cuadro siguiente.
Total
de
habitantes |
1947
|
1960
|
1970
|
1980
|
1991
|
En
el país |
15.893.827
|
20.013.793
|
23.364.431
|
27.862.771
|
32.615.528
|
En
la provincia
de Bs. As |
4.273.784
|
6.766.108
|
8.774.529
|
10.796.036
|
12.594.974
|
En
Matanza |
98.471
|
401.738
|
659.193
|
941.499
|
1.120.640
|
|
En
Ramos Mejía |
30.000*
|
86.000
|
100.630
|
113.496
|
116.622
|
* Estimado (30% de
la población total del Partido de la Matanza)
El gran crecimiento demográfico presionó
sobre la demanda de viviendas y locales de comercio, y se produjo el boom
edilicio iniciado alrededor del año 1970, con construcciones de
hasta más de veinte pisos. El tránsito de vehículos
en la zona céntrica se tornó caótico en las horas
pico, y la Municipalidad se vio forzada a dar sentido único de
circulación a las calles y a instalar semáforos en los puntos
neurálgicos.
Varias galerías comerciales se habilitaron
en el radio sur de la zona próxima a la estación, junto
a algunos supermercados, vidrieras muy bien iluminadas y letreros fluorescentes,
así como modernas confiterías y locales de diversión
nocturna. Luces de neón y focos de mercurio completan el panorama
que da al lugar la fisonomía de una pujante ciudad. Dijo Roberto
Arlt: "Ramos Mejía se está infectando de modernismo."*
En el año 1964 el senador provincial D. Oscar
Prego, vecino de la localidad, presentó al cuerpo legislativo del
que formaba parte, en La Plata, un proyecto de ley para que se otorgara
categoría de ciudad a Ramos Mejía. Esta iniciativa se concretó
en la Ley provincial Nº 6.802, sancionada el 17 de setiembre de 1964,
promulgada por el Poder Ejecutivo de la Provincia el 21 del mismo mes
y publicada en el Boletín Oficial el día 28.
La citada norma legal fue recibida con justificada
satisfacción y se resolvió crear una Comisión de
Festejos, presidida por el señor Emilio Parodi. En los primeros
días de noviembre de 1964 se realizaron varios actos públicos
celebratorios, que tuvieron una entusiasta adhesión popular, con
gran concurrencia de vecinos. Se contó con la presencia del vicepresidente
de la Nación, doctor Carlos H. Perette, del gobernador de la Provincia,
doctor Anselmo Marini, y de autoridades locales, civiles, eclesiásticas
y militares.
Desde ese acontecimiento han transcurrido más
de treinta años, el progreso no se ha detenido, habiéndose
completado la provisión de los servicios públicos esenciales,
como el suministro de gas natural por cañerías, desagües
cloacales y agua corriente, temas estos que comentaremos más adelante.
En julio de 1982 se inauguró el puente peatonal
entre la esquina sudoeste de la Avenida Rivadavia y la calle Moreno, y
la esquina nordeste de las calles Gabriel Ardoino y French, con escaleras
también en su parte central hacia el andén ferroviario y
la vereda sur de la estación. Tiene 155 m. de largo por 3 de ancho
y 7,30 de altura y fue una obra encarada y financiada de común
acuerdo entre la Muncipalidad de la Matanza y la Cooperativa El Hogar
Obrero.
Finalizamos esta parte de nuestra crónica
con el siguiente cuadro de población, según cifras del último
censo nacional, clasificada por sexo, y discriminada según las
distintas localidades que integran el Partido de la Matanza:
POBLACION AL 15 de MAYO
de 1991
|
Jurisdicción |
Total |
Varones |
Mujeres
|
|
Total
del país
|
32.615.528
|
15.937.980
|
16.677.548
|
|
Total
Provincia de Buenos Aires
|
12.594.974
|
6.168.076
|
6.426.898
|
|
Total
Partido de la Matanza
|
1.120.640
|
552.198
|
568.442
|
|
San
Justo
|
157.910
|
76.883
|
81.027
|
|
G.
de Laferrère
|
158.117
|
79.214
|
78.903
|
|
González
Catán
|
153.879
|
77.603
|
76.276
|
|
RAMOS
MEJIA
|
116.622
|
54.992
|
61.630
|
|
I.
Casanova
|
111.110
|
55.254
|
55.856
|
|
La
Tablada
|
83.891
|
40.922
|
42.969
|
|
R.
Castillo
|
81.875
|
41.148
|
40.727
|
|
V.
Madero
|
66.962
|
32.270
|
34.692
|
|
V.
Luzuriaga
|
64.385
|
31.762
|
32.623
|
|
Ciudad
Evita
|
63.741
|
31.323
|
32.418
|
|
Virrey
del Pino
|
24.634
|
12.456
|
12.178
|
|
Tapiales
|
15.151
|
7.424
|
7.727
|
|
Aldo
Bonzi
|
13.432
|
6.512
|
6.920
|
|
20
de Junio
|
102
|
54
|
48
|
|
Zonas
rurales y sin localizar
|
8.829
|
4.381
|
4.448
|
Está de más aclarar que las cifras
dadas para Ramos Mejía corresponden a los habitantes que residen
dentro de los límites oficiales de la ciudad. Pero si consideramos
que la zona de Villa Sarmiento, en jurisdicción de otro municipio,
forma parte del mismo núcleo urbano por las razones que dimos en
el capítulo IV, y que la población de esa villa es de 19.958
personas, llegaremos a la conclusión de que Ramos Mejía
es un conglomerado de 136.580 almas.
A título ilustrativo agreguemos que las dos
poblaciones vecinas, Mariano José Haedo y Ciudadela, cuentan según
el censo de 1991 con 41.475 y 79.789 habitantes respectivamente.
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