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El Autor
Nota de contratapa

Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?

I. La zona y sus primeros ocupantes

II. La chacra de la familia Ramos Mexía

III. El arribo del primer tren

IV. El trazado del pueblo

V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]

[Parte 2]

VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]

Parte 2]

VII. El pueblo se transforma en ciudad

VIII. Los servicios públicos

IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]

[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]

X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]

[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]

Bibliografía

Índice de ilustraciones

 
*Recogidos por ricardo M. Llanes, en La Prensa del 27 de marzo de 1966.
Guía Telefónica de 1912
Guía telefónica de 1912

Reproducción de la Guía Telefónica de Ramos Mejía del año 1912. (Facilitada por el señor Carlos Alberto Andreola.)
(Haga click en la imagen para ver una versión más grande.)

Allí surgían las chispas como centellas de un surtidor infernal, y las medialunas de las herraduras quedaban al blanco vivo, listas para ser forjadas sobre el yunque apoyado en un recio tronco de quebracho.


Se cuestionó también que por cada kilovatio de consumo familiar debiera pagarse 40 centavos, mientras que en la Capital el precio era de 21 centavos.

Ilustración Eduardo Gimenez
Aquel Ramos Mejía de Antaño

Capítulo VIII
Los servicios públicos

La instalación en Ramos Mejía de los servicios públicos esenciales fue enunciada someramente en los dos capítulos anteriores, cuando tratamos el proceso de urbanización que se iba operando. Dada la importancia de ese tema, pasamos a desarrollarlo con algún detenimiento en el presente capítulo.

El censo provincial de 1881 consigna que ya funcionaba en la localidad una oficina de correos. La población en esos tiempos no superaba los cuatrocientos habitantes y sospechamos que dicha oficina debía ser una modesta estafeta ubicada en algún comercio del lugar. Es decir, su misión no sería otra que la de recibir y entregar cartas simples en un mostrador, lo que no es poca cosa.

La estampilla postal adhesiva ya se conocía en la Argentina, pues el primer sello de franqueo circuló desde el 21 de agosto de 1856 en la provincia de Corrientes, con una viñeta que representaba a la diosa Ceres. En homenaje a esa emisión inicial, se ha fijado el 21 de agosto como el día del filatelista argentino.

En 1880 se nacionalizaron los servicios postales y la repartición oficial comenzó a instalar sucursales en los principales puntos del país. La que conocimos en Ramos Mejía, desde principios de siglo, ocupaba un pequeño local en la Avenida de Mayo, vereda oeste, a mitad de cuadra entre Rosales y Espora, en terrenos que habían pertenecido a la quinta El Carmen, subastada en 1921.

De ese lugar se trasladó a unos cincuenta metros de distancia, a la esquina sudoeste de la avenida de Mayo y Rosales, donde contaba con un sótano de clasificación y expedición para más de treinta carteros. Los funcionarios a cargo de esas casas fueron la señora de Soubié y los señores Rodolfo Andrada y Abelardo Capellini.

En los últimos años el Correo pasó a su actual ubicación en la avenida Rivadavia 14.178.

Se recuerda con afecto a un antiguo cartero, de los primeros tiempos, don Santos Faccio, quien montado a caballo y con su gran cartera de cuero marrón recorrió diariamente, durante años, las calles de tierra del pueblo, hacia el sur y el norte de la avenida Rivadavia. Tampoco podemos dejar en el olvido al querido cartero don Mariano, que cubría la distribución en la zona sur, en los años 20 y 30, también a caballo, que trocó por una bicicleta cuando llegó el pavimento, y que nunca dejó de hacer entrega de las cartas, aún bajo la tormenta, siempre en las propias manos del destinatario. Ya retirado del servicio activo, en su edad avanzada, le hemos visto a la puerta de su hogar, una antigua casa sobre la calle Alsina casi Avenida de Mayo, vereda norte, sentado en una de aquellas clásicas sillas con asiento de junco, como las que era usual sacar a la vereda en los atardeceres del verano, para las conversadas tertulias del barrio.

Antes era una práctica generalizada el intercambio epistolar entre las familias o las amistades, aunque se domiciliaran en un pueblo cercano o en la Capital Federal, pero desde hace años esa costumbre se ha perdido ante la difusión del teléfono y del fax, o por el mayor contacto personal que hoy facilitan los medios de transporte.

Recordemos también con nostalgia las "esquinas del buzón", como la que correspondía a la Farmacia Santa María, del doctor Emilio E. Ducau, en las calles Cabral y Viamonte, del barrio de La Cabaña. En este caso, más que un buzón como los que conocemos, de forma cilíndrica semejante a un pilar rojo apoyado en el suelo, era una caja de hierro o "boca de cartas", como se las designaba, empotrada en la pared del comercio. Cuando quedó fuera de servicio y el Correo se la llevó, despedimos algo muy nuestro, porque formó parte de los símbolos del viejo vecindario y fue un punto de referencia para algunos encuentros sentimentales de las muchachas y jóvenes de antaño.

Dediquémosle entonces a ese cartero de nuestra infancia y a dicho buzón, recuerdo de las primeras citas, estos versos de un viejo payador porteño*:

"Cartero que viene y va
en su caballito criollo,
llevando la carta de oro
o de la infelicidad.
Hoy me afirmo en la verdad
muy propia del corazón:
Que no hay mejor emoción
que la que siente este pobre
cuando le entregas el sobre
que ella pone en el buzón."

Aparte de la telegrafía, que avanzó prácticamente acompañando el tendido de los rieles ferroviarios, otro de los servicios públicos instalados desde muy antiguo en Ramos Mejía fue el de la telefonía. Este importante medio de comunicación fue inventado en 1876 por Alexander Graham Bell, modesto profesor de fisiología, vocal de la Universidad de Boston.

En el país, la historia del teléfono comienza en 1886, cuando se constituye la Unión Telefónica del Río de la Plata, aunque con anterioridad hubo algunos pequeños emprendimientos que no prosperaron.

El segundo censo nacional, de 1895, menciona que el pueblo de Ramos Mejía ya contaba a esa fecha con dieciocho teléfonos en servicio. El número de llamadas era en ese entonces insignificante, el volumen de voz que recibía el abonado era muy débil y el radio de extensión del servicio era por consiguiente muy limitado. Alguien ha dicho que esos primeros abonados de aquellos lejanos días se abonaban más por curiosidad que por necesidad. Las comunicaciones se lograban a través de un conmutador manual atendido por operadora, y los aparatos, de formas muy primitivas, se conectaban por medio de gruesos alambres de hierro.

En el año 1912, la Unión Telefónica instaló una pequeña central con conmutador a magneto, en la avenida de Mayo, entre Alsina y Rosales, que se trasladó pocos años después a la Avenida de Mayo 43, con un radio de cobertura que abarcaba desde Haedo hasta Ciudadela, y hasta San Justo hacia el sur. Damos a la izquierda una copia facsimilar de la guía telefónica del año 1912.

Entre el personal que atendía el servicio se recuerda a la encargada inicial, la señora de Alfulier, y a los colaboradores, señoritas María Arroyo, Jacinta Fittipaldi, Julia Arias, Leonor Casadey, Cuevas, y los señores Juan Parodi, Dositeo Arroyo y José Sosa.

Por tratarse de una población que aumentaba estacionalmente en el verano, la Unión Telefónica implantó el servicio de "abono de temporada", es decir, colocaba el teléfono mediante un simple aviso previo de los interesados, por un período de tres meses o el lapso que se necesitara. Al término de éste se interrumpía el servicio hasta el verano próximo, reservándose el mismo número de abonado.

Hoy el ente telefónico está administrado por una empresa privada, que cuenta para la atención de las características de Ramos Mejía (654, 656, 658, 469) con una importante central en su amplio edificio de Avellaneda 150 y Belgrano 254, donde está ubicado el moderno Centro de Tránsito Zonal Ramos Mejía. Además dispone de amplias instalaciones para obras y servicios en la avenida Rivadavia esquina Brown (ex-planta Chissotti) y, en diversos lugares de la ciudad, de locutorios públicos atendidos por terceros.

En lo que respecta a la policía, el primer piquete de milicianos tuvo su asentamiento en un local lindero a la Farmacia del Pueblo, sobre la avenida Rivadavia, entre la avenida de Mayo y la calle Necochea. En los primeros años de este siglo, se veía desfilar por las calles del pueblo a los flamantes guardianes del orden, seguidos por un grupo de curiosos chiquilines alborotados y algunos perros ladradores. Pasaban los agentes policiales montados a caballo, muy bien uniformados y haciendo sonar contra las monturas sus largos sables.

Luego de varios años en esa modesta sede, pasaron a ocupar una amplia casona de dos plantas y galpón al fondo para caballeriza, situada en la esquina de Segunda Rivadavia (hoy Gabriel Ardoino) y la avenida República.

En ese lugar, cruzando la calle, se encontraba el paso a nivel del Ferrocarril Oeste, donde la empresa solía descargar de vez en cuando uno o dos vagones de carbonilla de coke, que luego era desparramada y alisada para facilitar el cruce de las vías por la gente y por las tropas de ganado ovino y vacuno, que bajo la conducción de arrieros criollos se dirigían a los corrales de La Tablada, lo que durante años constituyó un espectáculo cotidiano en la zona.

Algunos jóvenes de ese paraje, poco respetuosos de lo ajeno, aprovechando la distracción de la cercana guardia policial, o quizá su benevolente tolerancia, levantaban y acarreaban al hombro algunos costales de aquel excelente combustible volcado entre las vías. Después lo vendían por monedas en las herrerías de caballos situadas en la avenida Rivadavia esquina Brown y en esa misma avenida, casi Moreno, esta última lindera a la fonda y salón de billares de Alboure.

Esas herrerías, que eran modestos galpones de chapas de zinc con piso de tierra, de las que ya hace años no existen en la zona, usaban el coke en sus fraguas, cuyo fuego avivaban con fuelles de cuero. Allí surgían las chispas como centellas de un surtidor infernal, y las medialunas de las herraduras quedaban al blanco vivo, listas para ser forjadas sobre el yunque apoyado en un recio tronco de quebracho. El herrero las sostenía con una enorme tenaza y descargaba sobre ellas formidables golpes de maza.

Más adelante la policía inauguró la primera subcomisaría en un local de la calle Alsina, entre la avenida de Mayo y Bolívar, siendo su titular el señor Méndez Casariego. De allí se mudó a una nueva sede en la avenida Rivadavia esquina Pueyrredón, a cargo del subcomisario señor Loza; posteriormente, a comienzos de la década del 30, la policía se constituyó en la calle Segunda Rivadavia (hoy Gabriel Ardoino) entre San Lorenzo y Monteagudo. Finalmente, en junio de 1932, se trasladó al edificio de la avenida de Mayo 549, que ocupa actualmente, con la categoría de Comisaría 2a de La Matanza, bajo la conducción del comisario D. Adolfo Olavarría. Cinco años después ejerció esa jefatura el señor Camilo Yansen.

Eran épocas éstas en que Ramos Mejía también conoció el voto "cantado", el fraude "patriótico" de la política argentina. De los años en que el comité del partido reunía a gente de acción y se escuchaban de tanto en tanto tiros, disparados al aire, para amedrentar a los fantasmas de la oposición. Conocimos uno de esos locales en el barrio de La Cabaña, calle Cabral 574, que acaudillaba D. Navarro Beltrán, con D. José Bengoechea, el "Paisanito", como encargado; allí se jugaba a la taba por dinero y, en época de elecciones, se ofrecían asados populares para todo el vecindario, con abundancia de empanadas y vino.

A los servicios policiales que brinda la Comisaría 2a de Ramos Mejía se ha agregado últimamente la Comisaría 10a de la Matanza, situada en la calle Acha 698, del barrio de Loma del Millón, cuya jurisdicción cubre desde Bulnes hasta la avenida Mosconi y desde la avenida San Martín hasta Díaz Vélez.

Además, en el año 1978 se habilitó en la localidad, con jurisdicción sobre toda la provincia de Buenos Aires, la Dirección de Toxicomanía, dependiente de la Dirección General de Investigaciones de la policía provincial. Esta importante dependencia pasó a ser desde el 5 de octubre de 1989 la División Oeste de Narcotráfico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Está ubicada en un amplio local de la calle Alvear 660, y cuenta entre su personal especializado con un médico policial, un psicólogo y una asistente social, que integran el Gabinete de Prevención de Toxicomanía, de atención a detenidos y sus familiares.

El servicio público de suministro de energía eléctrica y de alumbrado comenzó a brindarse en Ramos Mejía a partir del año 1916. La Compañía de Electricidad Provincial (CEP) levantó una amplia sede en la calle Castelli 142/154 (ya demolida), que era utilizada como usina de distribución y mantenimiento de líneas. Según hemos dicho antes, abrió además su administración y local de atención de clientes en un pequeño comercio de la calle Bolívar (vereda este), a cincuenta metros de la avenida Rivadavia, donde también exhibía enseres eléctricos para el hogar (planchas, ventiladores, etc.) que vendía en cuotas mensuales cuyo importe cargaba en las facturas por consumo.

La energía eléctrica era producida en los primeros años por la planta generadora de Dock Sud.

Resulta interesante mencionar que un diario de la época se hizo eco de algunas críticas de la gente, referidas a la escasez de alumbrado público, por el reducido número de focos y la poca potencia luminosa de las lámparas. Se objetó asimismo que los medidores instalados por la empresa para el cobro de la corriente no estaban revisados ni controlados por la municipalidad. Y por si esto fuera poco, se cuestionó también que por cada kilovatio de consumo familiar debiera pagarse 40 centavos, mientras que en la Capital el precio era de 21 centavos, siendo que en Ramos Mejía se suministraba la misma corriente que en la ciudad de Buenos Aires, pues toda provenía de la fábrica de Dock Sud y era conducida por los mismos cables hacia Morón, Hurlingham, etc.

De fecha mucho más reciente es la provisión a la localidad de desagües cloacales y agua corriente. El 27 de agosto de 1957 se reunieron en la sede del Lawn Tennis Club, calle Echeverría 361, numerosos vecinos que dejan constituida la siguiente comisión: presidente, Ernesto García Camiña; vicepresidente 1o, Adalberto Maldonado; vicepresidente 2o, Florencio Bozzini; secretario, Alberto Lefrançois; prosecretario, Mauricio Gelman; secretario de actas, Luis Ghirardi; tesorero, Agustín Catalano; protesorero, Ricardo Tobar García; vocales, Víctor Barbone, Tito Valenzuela, David Sitormiski y Miguel Aparicio; y vocales suplentes, Guillermo Dantia, Salomé Rodríguez, Vicente Falcone, Luis Landi y A. Vilaplat.

Esta comisión efectuó gestiones ante las autoridades de Obras Sanitarias de la Nación para impulsar la iniciación de los trabajos correspondientes, lo que llevó años hasta que se hicieron realidad.

Un hito importante lo constituyó la asamblea extraordinaria reunida en enero de 1958, con la presencia de políticos de Matanza y de Morón, entre los que se encontraba el señor Remigio Colombana, luego elegido intendente del partido, quien trabajó entusiastamente y logró, entre otros aspectos, llevar a buen fin la compra de los terrenos en Azcuénaga 590 y Cangallo 561, ambos conectados por los fondos, donde se levantaron la torre-tanque y la oficina administrativa del Distrito.

Pasaron los años y en dos actos públicos efectuados en la plaza Sarmiento y en el cruce de las calles Echeverría y Yapeyú, del barrio de Villa Sarmiento en Ramos Mejía Norte, se dieron por comenzados los trabajos, que se estimaba terminar en un lapso de tres años. Asistieron el gobernador de Buenos Aires, señor Anselmo Marini; el presidente de Obras Sanitarias, ingeniero Hugo C. Albertelli; los intendentes de la Capital Federal, señor Francisco Rabanal, de La Matanza, señor Isidro Bakirdjian, y de Morón, señor Cayo E. Goria; el obispo de Morón, monseñor Miguel Raspanti; el párroco local, monseñor Miguel Angel Bazán, y otras personalidades, así como crecida cantidad de público. Era el 8 de marzo de 1964.

Finalmente, luego de vencer serias dificultades durante la marcha de los trabajos, las que se fueron allanando por la intensa labor de la comisión de vecinos creada en 1957 y el apoyo de las sucesivas administraciones de la comuna de La Matanza, se fue habilitando el servicio parcialmente a partir de 1966, para quedar totalmente terminadas las obras unos cuantos años más tarde, es decir, trece años después de iniciadas las tratativas.

En lo que se refiere al servicio de gas natural por cañerías, recordemos que a raíz de un convenio celebrado entre Gas del Estado y la Municipalidad de La Matanza en julio de 1962, el administrador de ese organismo oficial, ingeniero Esteban R. Pérez, comunicó que el 20 de agosto de dicho año iban a a comenzar las obras de la red domiciliaria. En tal sentido, el 1º de septiembre de 1962 se realizó un acto público en la esquina de las avenidas de Mayo y Rivadavia, con la presencia de autoridades municipales, del gerente comercial de Gas del Estado, doctor Figueroa, y del cura párroco de la iglesia de N. S. del Carmen, don Miguel Angel Bazán, para dejar iniciados oficialmente los trabajos, que abarcaron 240 manzanas con 137.000 metros de cañerías por las que el fluido llega hoy a todos los hogares de la ciudad y a numerosas industrias que han adoptado ese combustible.

Y como no puede ser de otro modo, tratándose de una ciudad moderna, Ramos Mejía cuenta también, desde el 1º de marzo de 1992, con un servicio de televisión de baja frecuencia, el Canal 6 Comunitario, que emite sus programas diariamente con un alcance de cinco kilómetros.

 
VII. El pueblo se transforma en ciudad


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