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El Autor
Nota de contratapa

Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?

I. La zona y sus primeros ocupantes

II. La chacra de la familia Ramos Mexía

III. El arribo del primer tren

IV. El trazado del pueblo

V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]

[Parte 2]

VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]

Parte 2]

VII. El pueblo se transforma en ciudad

VIII. Los servicios públicos

IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]

[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]

X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]

[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]

Bibliografía

Índice de ilustraciones

 

La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen

La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, frente a la plaza Sarmiento. (Dibujo de Douglas Wright.)
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La antigua casa parroquial

La antigua casa parroquial, ya demolida, lindera con la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. (Dibujo de Douglas Wright.)
(Haga click en la imagen para ver una versión más grande.)

Merece recordarse especialmente a quien durante los primeros años fue el único médico de la casa, el doctor Gabriel Ardoino, que trabajó sin descanso y que siempre renunció a sus honorarios en favor de la obra y de los fines sociales.


En la década del ochenta se realizó, en dos etapas, una importante ampliación en la parte posterior del edificio, que comprendió un espacioso salón de actos, con su correspondiente estrado para escenario, y dos pisos para consultorios externos.


La primera intervención del Cuerpo de Bomberos tuvo efecto el 25 de julio de 1938, cuando a raíz de un pedido de auxilio recibido a las 18.35 horas de ese día, proveniente de la Comisaría de San Justo, debió socorrer a las víctimas de un accidente producido en dicha localidad.

Ilustración Eduardo Gimenez
Aquel Ramos Mejía de Antaño

Capítulo IX
Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones
de bien común]

Un aspecto que quedó pendiente en los capítulos anteriores, para desarrollar ahora, es la formación en Ramos Mejía de asociaciones voluntarias de vecinos con fines de bien común, y a ello nos referiremos seguidamente.

a) Construcción de la iglesia parroquial

El 18 de marzo de 1900 se reunió un grupo de personas en la quinta El Carmen, de Adolfo Labougle, y se designó una comisión encargada de recolectar fondos y de llevar a cabo los trabajos necesarios para la erección de un templo católico, en los terrenos donados para ese fin por la familia Ramos Mejía. Esto es, en la manzana delimitada por las calles Alvarez Jonte, 9 de Julio, Gral. Ricchieri y avenida Gaona. La comisión estaba integrada por las siguientes personas: presidente, Adolfo J. Labougle; vicepresidente, Juan García Fernández; tesorero, José P. de Azevedo; secretario, Faustino Miñones; y vocales, Juan Maupás, Leonardo Palacios, Antonio Podestá y Martín J. Haedo. Esta lista es la que figura en la placa de bronce que en homenaje a esa comisión se ha colocado en el atrio de la iglesia pero, según el diario La Prensa, también formaba parte de la misma el señor Cayetano Berrueta, como vocal.

Los primeros planos fueron presentados por el ingeniero Adolfo F. Büttner, que era partidario de levantar una capilla de modestas dimensiones y de iniciar las obras recién cuando estuvieran asegurados todos los recursos, hasta la conclusión de las mismas. Al parecer, la comisión no compartía la opinión del ingeniero Büttner y optó por los servicios del arquitecto Eduardo Le Monier, a quien le son aprobados los planos definitivos. Los trabajos comenzaron el 25 de diciembre de 1900, y se fueron ejecutando a medida que se recibían los aportes necesarios.

La construcción sufrió algunas interrupciones hasta que en 1903, cuando aún faltaban revoques, pisos, etc., la comisión dio a conocer un comunicado al vecindario de Ramos Mejía, en el que rendía cuenta de las donaciones recibidas y de las inversiones realizadas hasta el 31 de diciembre de 1902. Es interesante resaltar que, además de los generosos aportes personales en efectivo de los miembros de la comisión, por un total de 7.300 pesos, se detallan tres subvenciones votadas por el Congreso Nacional (para el año 1900, pesos 2.000; para 1901, pesos 1.500 y para 1902, pesos, 3.000), y más de trescientas personas que también ofrecieron donaciones en efectivo. Otros vecinos colaboraron con materiales, ornamentos y objetos varios, o con mano de obra gratuita en la realización de algunos trabajos. Se dejó constancia en el comunicado que el balance final arrojaba un déficit de 15.400 pesos, por lo que se aclaraba que esta deuda era un compromiso de honor que debía saldarse antes de intentar nuevos trabajos.

En estas condiciones, el templo fue consagrado al culto el 14 de febrero de 1903 por monseñor Antonio Espinosa, arzobispo de Buenos Aires, y dedicado a la Virgen de N. S. del Carmen, patrona del pueblo. Con fecha 30 de setiembre de 1920, la Capellanía Vicaria de Ramos Mejía fue elevada a la categoría de Parroquia por el obispo Juan Nepomuceno Terrero. Se recuerda al primer capellán vicario, el presbítero Bartolomé Caldentey, así como al presbítero Manuel Fernández, quienes lograron organizar la creación de asociaciones católicas de piedad y caridad, como el Apostolado de la Oración, Doctrina Cristiana, Cofradía de N. S. del Carmen, Hijas de María, Conferencia de Caballeros de San Vicente de Paul, y el Taller de Señoritas Aspirantes. Otra importante institución que se creó fue la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul, fundada el 16 de octubre de 1913, siendo su primera Junta Directiva integrada por las señoras: presidenta, María I. de Daguèrre; vicepresidenta, Serafina Z. de Storni; secretaria, Elisa Juvenal de Dumoulin Varonné; prosecretaria, Mercedes Lascano; tesorera, Graciana I. de Etchehoum; protesorera, Amalia Ferber; y vocales, Amelia B. de Batlle, Joaquina Rocamora de Roberts, María Elena O`Gorman de Rocamora, Petra Y. de Rocamora, Vicenta C. de Bies, M. H. de Sánchez Urtubey, Graciana E. de Daguèrre, Edelmira E. de Solís, María Luisa L. de Maffi, Blanca C. de Costa y Serafina Storni.

Consignemos que por Decreto de S. S. el Papa Juan XXIII, de fecha 25 de diciembre de 1962, el templo parroquial de Ramos Mejía fue agregado a la basílica de Santa María la Mayor, de Roma.

Al cumplirse los sesenta años de la consagración del templo, con fecha 21 de julio de 1963, día que además se dedicó a honrar a N. S. del Carmen, se organizaron numerosos actos solemnes, que culminaron con una misa concelebrada.

En la actualidad dependen de esta parroquia las siguientes organizaciones católicas: Apostolado de la Oración; Cofradía de N. S. del Carmen; Acción Católica de N. S. del Carmen; Liga de Madres de Familia; Ministerio del Alivio; Grupo Bíblico; Centro de Orientación para Familias; Animadores barriales; Escuela para padres; Caritas Ramos Mejía; Centro de Jubilados y Grupos de Oración.

Además de la parroquia de N. S. del Carmen, funcionan en Ramos Mejía otros templos católicos: San Juan de Dios, en Gabriel Ardoino 710; parroquia Madre de Dios, en Bulnes 150; parroquia del Santísimo Redentor, en Saavedra 490; parroquia de N. S. del Monte Carmelo, en Brown 1560, y la capilla San Pablo, en Espora 1247.

Existen también otros templos y oratorios de diversos cultos en varios lugares de la ciudad, como los de la Misión Evangélica Maranata, Evangélica Metodista, Evangélica Bautista, Adventista del Séptimo Día, etc.

b) Sociedad de Socorros Mutuos

Es la más antigua de las asociaciones locales, pues se gestó en el año 1900, cuando decidió su creación un grupo de personas residentes en Ramos Mejía, entre los que estaban los señores Domingo J. Folco, Ramón G. Quiroga, Eduardo Mirazón, Hilario Romero, Enrique Estrella, Pedro Casadeo, Máximo Canda, J. A. Fages, J. Mollo y Francisco Robiano. En esa ocasión se creó una comisión provisoria, cuyo presidente honorario fue el doctor Gabriel Ardoino, y se dejó aclarado que los fines de la sociedad eran puramente filantrópicos.

Pocos días más tarde se realizó la segunda reunión, de la que dio cuenta la siguiente acta:

"Acta de Organización de la Sociedad. En Ramos Mejía, a seis de enero de mil novecientos uno, reunidos en la casa del señor Hilario Romero los señores al margen expresados, bajo la presidencia del señor Faustino Folco y actuando como secretario el señor Ramón Quiroga, se abrió la Asamblea siendo las cinco y treinta p.m.

"El señor Ramón Quiroga tomó la palabra y explicó el objeto de la reunión, haciendo resaltar los beneficios que se alcanzan con una Sociedad de Socorros Mutuos constituida bajo una base sólida, y después de explicado esto, se resolvió proceder al escrutinio para el que fueron nombrados los señores Benigno Rosende, Francisco Lizardo y Juan Bautista Arroupe.

"A las 7,15 p.m., esta Comisión dio por terminado su cometido resultando electos para formar la Comisión Directiva los señores: como presidente, don Faustino Folco; tesorero, Domingo Folco; Vocales, Cataldo Mollo, Eduardo Mirazón, Ramón Quiroga, Juan Augusto Fages, Juan Mollo, Enrique Estrella, Hilario Robiano, Francisco Farías y Máximo Canda.

"La Comisión Escrutadora hizo entrega del Acta debidamente firmada por sus miembros al señor Presidente electo y con esto terminó la sesión siendo las 7,30 p.m. (Firmado: Secretario, Ramón Quiroga; Presidente, Faustino Folco)."

Al margen del Acta firmaron los siguientes asistentes: Faustino Folco, Cataldo Mollo, Eduardo Mirazón, Juan Augusto Fages, Ramón G. Quiroga, Bautista Arroupe, Benigno Rosende, Francisco Lizardo, Pedro Bottaro, Francisco Robiano, Pedro Casadei, Miguel Imprenta, José Damonte, Teodoro Soubié, Hilario Romero, Oscar Wilner, Carlos Rattaro, Antonio Pujol, Máximo Canda, Antonio Samper, Domingo Folco, Ramón Suárez, Cipriano Garciarena, Eleuterio Alberich, Víctor Fresca, Luis Masariego López, Adémico Bocazzi, Eustaquio Berruesco, Giuseppe Gervaci, Salvador Soria, Alfredo Bocazzi, Lorenzo Tossi, Mateo Cueva, Valerio Devincenzi, Luis Doblino, Miguel Depuepe, Carlos Barberis, Nicolás Picirillo, Julio Lanzani, Francisco Agrozar, Pablo Barberis, José Baralolo, Jorge Morelli, Adrián Pinto, Quintín Olivera, José Morelli, Giácomo Bianchi, Antonio Lechetrele, José Santamaría, Juan Mollo, Pantaleón Navalla, José Cerezo, Armando da Rosa, María Ros, Francisco Picirilo, Enrique Estrella, Erasmo Fontana, Santos Gilardony y Francisco Capodiglio.

Desde su fundación, la Sociedad de Socorros Mutuos ha beneficiado ampliamente a sus numerosos asociados. Y sus actividades se orientaron a servicios médicos, préstamos personales y asesoramiento jurídico.

Merece recordarse especialmente a quien durante los primeros años fue el único médico de la casa, el doctor Gabriel Ardoino, que trabajó sin descanso y que siempre renunció a sus honorarios en favor de la obra y de los fines sociales.

Aparte de su primer presidente, el señor Faustino Folco, se guarda memoria de quienes le sucedieron en el cargo, los señores Alberto Lefrançois, Modesto Dautel, Donato Sica, Cayetano Sabelli y Felipe Iannone, entre otros.

Una de las más importantes obras concretadas por la Sociedad en sus primeros años de vida fue la construcción del Salón Teatro Victoria, en la calle Bartolomé Mitre 35, cuyo frente sin revocar se levantaba a unos cinco metros de distancia de la vereda, dejando un espacio libre donde existían dos palmeras. En esa sala se ofrecían funciones de teatro a cargo de elencos de actores no profesionales, y también reuniones danzantes amenizadas con orquesta.

Luego dicho salón incorporó un proyector de películas, las que obviamente eran todas obras del cine mudo, y las exhibiciones se acompañaban con las notas musicales de un piano, adecuadas al ritmo de las escenas proyectadas en la pantalla. El operador de esas funciones cinematográficas era el señor Enrique Caggiolo, que tenía como ayudante al joven Jorge Rappa.

Hacia 1930 la Sociedad era presidida por el doctor Iannone y contaba con unos 300 asociados. En ese año se remodeló el Salón Teatro Victoria, agregándole al frente un hall de acceso, boletería y nuevas dependencias sanitarias. El interior fue redecorado totalmente, siendo de destacar que la amplia bóveda del techo fue embellecida con una artística pintura que abarcaba casi toda su superficie, donde podía contemplarse a un conjunto de ángeles revoloteando alrededor de una gran bandera argentina, levemente agitada por la brisa, sobre un fondo celestial.

Se instaló además en la sala un equipo para proyectar películas parlantes, el primero que funcionó en la localidad. Por supuesto, en ese primitivo aparato el sonido surgía de discos a través de un fonógrafo con una bocina extra larga, y su accionamiento debía sincronizarse manualmente para que se correspondiera con la acción de la película, lo que no siempre se lograba satisfactoriamente. Por otra parte, al término de cada acto de los filmes, se encendían las luces de la sala para un breve intervalo, a fin de dar tiempo al operador para reemplazar el rollo de película proyectado por el que le seguía. Este problema fue solucionado poco después con la incorporación de un segundo proyector, que funcionó en paralelo con el equipo ya existente. Por último, las nuevas técnicas de la industria cinematográfica permitieron prescindir del fonógrafo, al producirse películas con la banda de sonido incorporada.

Años más tarde, se sustituyó el nombre de Salón Teatro Victoria por el de Cine-teatro Dr. Gabriel Ardoino y, poco después, luego de una nueva remodelación, por el de San Martín. Debido a la notoria merma de expectadores que se registró en las salas cinematográficas, el cine-teatro San Martín también se vió afectado por ese fenómeno y debió suspender su actividad. Actualmente la sala es arrendada por la Sociedad a terceros, que previa adaptación del edificio, la dedican al funcionamiento de una discoteca bailable.

En estos momentos, la Sociedad está construyendo sobre un terreno adquirido en la esquina sudoeste de las calles San Martín y Castelli, un amplio edificio con destino a centro cultural, biblioteca pública, microcine, salones para exposiciones y conferencias, gran salón multifuncional comunitario, farmacia mutual y sede social.

c) Casa de Auxilio

La primera iniciativa para crear la Casa de Auxilio data de 1917. El 27 de marzo de ese año un grupo de vecinos se reunió en el salón de actos de la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul, en la Casa Parroquial, frente a la plaza Sarmiento, para la fundación de un hospital vecinal. Se creó en ese momento una Comisión Ejecutiva Coordinadora, integrada por las siguientes personas: José María Ezcurra (Intendente de la Matanza), presidente honorario; Joaquín J. Cueto, presidente; presbítero Manuel Fernández Alonso, tesorero; Juan T. Pizzurno, vicepresidente; Víctor Etcheum, protesorero; Andrés Lalanne, prosecretario; Gabriel Ardoino, Juan N. Hubert, Modesto Dautel, Andrés Palomeque, Fernando Batlle Besio, Simón Joselevich, José Ravicini y Cayetano Sabelli, vocales. Meses después, en noviembre, se incorporarían como miembros activos los señores Amado Wissocq, Emilio E. Parodi, José A. Gardey y Juan José Navarro Lahitte.

En abril de 1917 se realizó en el Salón Victoria, de Bartolomé Mitre 35, un festival artístico para allegar los primeros recursos con destino a la creación del Hospital Vecinal.

El 28 de octubre, la Comisión creada advirtió que la denominación de Hospital Vecinal del ente a crear excedía las posibilidades reales, frente a los recursos que resultaba factible reunir, y resolvió cambiar ese nombre por el de Casa de Auxilio, de más modestos alcances.

Es necesario resaltar que uno de los más fervorosos impulsores de este emprendimiento fue el doctor Fernando Batlle Besio, que ocuparía la dirección técnica de la casa, quien contó también con la destacada colaboración del profesor Juan T. Pizzurno y del doctor Gabriel Ardoino.

A fines de 1917 se concretó el alquiler de una casa en la calle 9 de Julio 24, frente a la plaza Sarmiento, de la señora María I. de Daguèrre, y luego de efectuar algunas refacciones para adecuar el inmueble a las necesidades de la Casa de Auxilio, abrió sus puertas al público el 3 de febrero de 1918, a las 17 horas, en un acto solemne con la presencia de la Comisión, de autoridades invitadas y del Obispo de La Plata, don Juan Nepomuceno Terrero, que impartió la bendición.

A su inauguración, contaba con una sala para consultorio y operaciones, con material completo para cirugía general y odontológica; sala de espera; sala con tres camas para hospitalización urgente de mujeres y otra igual para hombres; sala de desinfección; botiquín y sala especial para reuniones de la comisión directiva y dirección. También contaba con una ambulancia con tracción a caballo, para auxilios, con enfermeros.

El 28 de diciembre de 1923 la Casa de Auxilio logró la personería jurídica, y dos años más tarde se produjo uno de los hechos más importantes en su desarrollo. Se trata de la cesión que efectuó el Ferrocarril del Oeste, a fines de 1925, de dos lotes de terreno de su propiedad ubicados sobre la avenida de Mayo, para que la Casa los usara en forma gratuita. Esa entrega en usufructo se transformó, en 1926, en la cesión definitiva de la propiedad de los dos lotes, y a partir de ese momento la Comisión intensificó sus esfuerzos para materializar la construcción en ese lugar de un edificio propio. Las donaciones de fondos se sucedieron, se organizaron algunos festivales artísticos a beneficio de la Casa, el Consejo Deliberante de La Matanza otorgó un subsidio de 2.000 pesos, y se recibieron muchas contribuciones en materiales de construcción para la obra.

El total reunido permitió iniciar los trabajos y el 20 de febrero de 1927 se colocó la piedra fundamental, en un acto público con la presencia de numerosos vecinos, de la Comisión Directiva bajo la presidencia del señor Andrés Lalanne, de diversas autoridades, y del arzobispo fray José María Bottaro. Fueron padrinos de la ceremonia el ministro de Obras Públicas de la Provincia, ingeniero Ernesto C. Boatti y su esposa; el senador Esteban Crovara; la señora María I. de Daguèrre; el concejal Juan Gleeson y su esposa y otras personalidades presentes.

La construcción siguió su marcha sin interrupciones, sobre planos del arquitecto Arístides Bigliani y la intervención de la empresa constructora de los hermanos Segundo A. M., Hugo O. S. y Luis M. Barassi. Al finalizar las obras se procedió a inaugurar la nueva sede el 22 de abril de 1928, con la presencia del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, doctor Valentín Vergara; del ministro de Obras Públicas, ingeniero Ernesto C. Boatti; del senador provincial Esteban Crovara; de los intendentes de Matanza, señor José Lois, y de Morón, señor Bonara; y monseñor Luis Duprat, quien bendijo las instalaciones, en representación del obispo de La Plata.

En ese año se desempeñó el siguiente cuerpo médico, en forma ad-honorem: como director, Fernando Batlle Bessio; en clínica general, Esteban Adano, Domingo Rocca y F. Batlle Besio; en ojos, garganta, nariz y oídos, Amadeo Beitía; en niños (clínicas), Juan Sánchez; en ginecología y partos, Edgardo Goñi; en urinarias y venéreas, Horacio Montanaro; en rayos X., F. Battle Besio y Carlos H. Nisseggi (Hospital Alvarez); y en odontología, Ricardo D. Folco.

Hacia 1934, el cuerpo médico de la Casa de Auxilio estaba compuesto por los siguientes profesionales; director, Esteban Adano (clínica general); vicedirector, Amadeo Beitía (garganta, nariz y oído); clínica general, Oscar P. Braga, Hilel Corach, Felipe Iannone, Alberto Contreras y Domingo Rocca; partos y señoras, Edgardo Goñi, Salomón Daín y Adalberto Maldonado; clínica de niños, Juan Sánchez, Luis María Cucullo Rivarola y Ricardo B. Rossi; piel y sífilis, Juan R. Horler; urinarias y venéreas, Horacio Montanaro; odontología, Ricardo D. Folco y Carlos E. Horler; ojos, Horacio Moulié; cirugía menor, Juan José Mirazón; bacteriólogo, Enrique Charles; químico, Antonio Podestá; farmacéutico, Faustino N. Cesio; y partera, María C. de Naccheri.

Desde aquellos años y hasta fecha reciente, miles de personas fueron atendidas gratuitamente en este noble centro de asistencia, y su sala de guardia durante las 24 horas, y su servicio de ambulancia brindaron innumerables auxilios, de día y de noche, en casos de emergencias médicas domiciliarias o en la vía pública.

En la década del ochenta se realizó, en dos etapas, una importante ampliación en la parte posterior del edificio, que comprendió un espacioso salón de actos, con su correspondiente estrado para escenario, y dos pisos para consultorios externos.

Hoy, en la mayor parte de las instituciones privadas dedicadas a estos fines, como la Casa de Auxilio y otras similares, así como en algunos hospitales públicos, la atención de la salud ha adoptado otras características, ante la magnitud del costo de los servicios, y ello ha obligado a abandonar la gratuidad de las prestaciones. La Casa de Auxilio ha suspendido inclusive el servicio de ambulancia. Estos cambios han significado que debiera renunciarse a ciertos principios enunciados por los fundadores de los organismos en cuestión, como el de auxiliar al caído en la calle, sin preguntarle su identidad y sin discriminación alguna.

d) Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Matanza

En el año 1933 se constituyó una Asociación de Bomberos Voluntarios, con sede en la calle Arenales esquina Balcarce, presidida por el señor José Marcuzzi, e integrada por los señores José Mera, vicepresidente; Juan Medina, vicepresidente 2o; Alberto Boissón, secretario; Italo Daffra, prosecretario; Celestino Beltrán, tesorero; Francisco García, protesorero; y Jorge Saldico, Juan Curcio, Juan Calandra, Genaro Alvarez, Marcos Borenstein, Rodolfo Rucán, Florencio Pizzicaro y José González, vocales. Esta comisión tuvo una existencia fugaz y no logró materializar sus propósitos.

El 11 de marzo de 1937, habiéndose producido varios incendios que ante la falta de elementos para combatirlos tuvieron desastrosas consecuencias, se efectuó una junta de vecinos en el edificio municipal de Belgrano 74, en Ramos Mejía, para considerar la creación de un cuerpo de bomberos local. Estaban presentes los señores José María Berrueta, Darío Frascinetti, Domingo Folco, José M. Sanguinetti, Esteban Del Porto, Oreste Chissotti, Francisco Fages, Tulio Lapponi, Luis Scort, Oreste Della Maestra, Camilo Yansen, Tirso Brizuela, Braulio Vidaurreta, Modesto Dautel, Claudio C. Castello, Alberto J. S. Chissotti y Oscar A. Castello. También dio su apoyo a la iniciativa el intendente del partido de la Matanza, Sr. Agustín I. de Elía.

Luego de un cambio de opiniones se pasó a un breve cuarto intermedio, reanudándose la reunión el mismo día, por la noche. En esa ocasión se resolvió crear la siguiente Comisión Provisoria: presidente, José María Berrueta; vicepresidente 1o, Francisco Fages; vicepresidente 2o, Tirso Brizuela; tesorero, Domingo G. Folco; protesorero, Esteban del Porto; secretario general, Oscar A. Castello; prosecretario, Luis Scort; secretario de actas, Camilo Yansen; vocales, Claudio C. Castello, Camilo E. Yansen, Enrique Cornelli, Dario Frascinetti, Tulio Lapponi, Roberto Vico Torrá, Oreste Chissotti y José María Sanguinetti; revisores de cuentas, Modesto Dautel, Braulio Vidaurreta, Oreste Della Maestra, y Alberto J. S. Chissotti. Delegados por San Justo fueron los señores Epifanio Satragno y Antonio Larumbe.

Este grupo de personas redactó el proyecto de Estatutos, abrió el registro de asociados y comenzó a recaudar fondos, desarrollando una intensa labor, digna de encomio, que fue sometida a consideración de una asamblea general convocada para el 11 de julio de 1937, es decir a sólo cuatro meses de la primera reunión. En dicha asamblea fueron aprobados todos los puntos del orden del día y se designó la siguiente Comisión Directiva: presidente, José María Berrueta; vicepresidente, Darío Frascinetti; secretario, Oscar A. Castello; prosecretario, Francisco Fages; tesorero, Domingo G. Folco; protesorero Oreste Della Maestra; y vocales Esteban Del Porto, Enrique Cornelli, José María Sanguinetti, Luis Scort, Claudio C. Castello y Tulio Lapponi.

De inmediato se adquirieron los más indispensables elementos para la lucha contra el fuego, entre ellos la primera motobomba y un camión tanque, y se incorporaron los primeros voluntarios para formar el cuerpo de bomberos, quienes fueron adiestrados por los instructores Sres. Luis Jorge Ronconi y José Rosafioriti. En sus orígenes, el Cuerpo se instaló en el edificio de la Delegación Municipal, de Belgrano 74, donde permanecería por espacio de unos ocho años.

Al proyectar la entidad la construcción de su cuartel propio recibió muchos aportes voluntarios de empresas comerciales e industriales y de vecinos, subsidios importantes de la Municipalidad de la Matanza, y lo recaudado en varios festivales y "kermesses" realizados en distintos clubes de la zona. Como curiosidad mencionemos que entre las donaciones se incluyeron pesos 133,30 provenientes de la ex-Comisión pro-bomberos Loma del Millón, que suponemos debe ser la misma agrupación de vecinos a que aludimos al comienzo de este apartado.

En julio de 1939 la institución recibió en donación, de la Asociación de Educación Integral, dirigida por el señor Darío Hermida, tres lotes de terreno en la esquina de las calles Moreno, Alvarado y Suipacha, y en el mismo mes decidió la compra de dos lotes contiguos, con lo que entró en posesión de cinco parcelas en total.

A partir de ese momento se intensificó la colecta de recursos para la erección del edificio propio, y el 27 de febrero de 1945, el proyecto comienza a hacerse realidad, iniciándose la construcción sobre planos del arquitecto Alfredo L. Cóppola, con acceso principal por Moreno 699. En la ceremonia realizada hizo uso de la palabra el doctor Felipe Iannone. La nueva sede se inauguraría el 14 de diciembre de 1946 y consta de planta baja con salida a dos calles, para estacionamiento de las autobombas y demás elementos móviles, y de dos pisos superiores para sala de reuniones, casino para el personal y un amplio salón de actos. La casa está equipada con una potente sirena para convocar a los bomberos voluntarios.

En 1966, la institución incorporó un complejo deportivo ubicado entre las calles Acha, 11 de Setiembre, Cabral y Pueyrredón, en un solar donado por la Municipalidad de la Matanza. Allí los asociados disponen de amplios salones, confitería, natatorios, gimnasio, canchas para diversos deportes, etc.

Enfrente de su sede central, sobre Alvarado 162, cuenta con otro local, donde ha emplazado el interesante museo "Comisario Inspector Furlani", con elementos de los primeros tiempos del Cuerpo, y recientemente ha recibido en donación de la señora Rosa Rissi, un valioso inmueble en la esquina sudeste de la avenida de Mayo y Rosales, parte del cual es provisoriamente explotado como playa pública de estacionamiento, y donde, además, ha instalado la escuela de cadetes (Brigada Infantil). La institución también dispone de un taller mecánico en Alvarado 259, y de cuatro destacamentos; Nº 1, en Altolaguirre 60, Tapiales; Nº 2, en Islas Malvinas 2850, Isidro Casanova; Nº 3, en R. Gutiérrez 6358, G. de Laferrère, y Nº 4, en Dr. E. S. Pérez 5329, G. Catán.

Recordemos que la primera intervención del Cuerpo de Bomberos tuvo efecto el 25 de julio de 1938, cuando a raíz de un pedido de auxilio recibido a las 18.35 horas de ese día, proveniente de la Comisaría de San Justo, debió socorrer a las víctimas de un accidente producido en dicha localidad. Al día siguiente se atendió el segundo llamado, también desde San Justo, a raíz de un principio de incendio. El primer incendio de cierta magnitud que debió atenderse se produjo el 11 de setiembre de 1938, en la sala de proyecciones de cine de la Sociedad de Socorros Mutuos, de la calle Tucumán 739, de San Justo.

e) Hospital privado San Juan de Dios

El primer contingente de hermanos hospitalarios de la Orden de San Juan de Dios llegó al país en el año 1941, radicándose en los alrededores de la ciudad de Luján. Esta comunidad católica estaba constituida por el padre vicario Eudosio Pérez y, entre otros, por los hermanos Antonio Aparicio, Juan M. Marcos y Feliberto Del Cura. A fines de 1942 se trasladaron a la localidad de Ramos Mejía, instalándose en un antiguo chalet que adquirieron en remate público, sobre la calle Gabriel Ardoino 714.

El 20 de diciembre de ese año se inauguró en ese modesto local el Hospital Hogar para niños lisiados pobres, bajo la atención médica de los doctores Enrique A. Votta y Robertson Lavalle.

Tres años más tarde, con el apoyo de toda la comunidad, se logró encarar la construcción de un nuevo edificio, cuya piedra fundamental se colocaría en una emotiva ceremonia celebrada el 1º de diciembre de 1945, con la bendición del obispo de Mercedes, monseñor Anunciado Serafini. Esta primera etapa de ampliaciones se inauguró el 25 de octubre de 1946. Debemos destacar especialmente el aporte en favor del hospital brindado por la señora Adela Unzué de Leloir, que donó las tierras contiguas al primitivo solar, lo que posibilitó el ensanche de las instalaciones, que hoy cuentan con subsuelo y seis plantas en altura, dotadas de todo tipo de moderno instrumental.

En el mismo predio se ha erigido un templo de líneas modernas, consagrado al culto de San Juan de Dios, bajo la advocación de Cristo Rey, el 24 de octubre de 1969, en una ceremonia que contó con la presencia del obispo diocesano, monseñor Miguel Raspanti.

f) Otras instituciones

En fechas más cercanas han surgido otras instituciones privadas dedicadas a fines de bien común, sin propósitos de lucro. Si bien tienen gran trascendencia por los objetivos que persiguen y el ascendiente a que se han hecho acreedoras por la labor desarrollada, son organismos cuyos orígenes forman parte de la historia reciente de la ciudad y nos limitaremos a enunciar los más conocidos; entre ellos figuran L.A.L.C.E.C. (Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer), filial zona Oeste, las numerosas Sociedades de Fomento barriales, las esforzadas Asociaciones Cooperadoras de cada uno de los colegios de la zona, el Rotary Club, el Club de Leones, etc.

Al cierre de esta recopilación de datos tomamos conocimiento de que se está gestando un nuevo movimiento vecinal, la Unión de entidades de bien público y de asociaciones intermedias de Ramos Mejía. Su objetivo sería el de gestionar ante las autoridades en La Plata la creación del Municipio de Ramos Mejía. Se trata de una de las aspiraciones más antiguas de la zona, ya que se viene hablando del tema desde principios de este siglo. Simultáneamente, los vecinos de Villa Sarmiento también se están nucleando para solicitar que ese barrio se separe de la Municipalidad de Morón y pase a integrar el Municipio de Ramos Mejía.

 
VIII. Los servicios públicos


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