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Tapa
Contenido
El Autor
Nota de contratapa
Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?
I. La zona y sus primeros ocupantes
II. La chacra de la familia Ramos Mexía
III. El arribo del primer tren
IV. El trazado del pueblo
V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]
[Parte 2]
VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]
Parte 2]
VII. El pueblo se transforma en ciudad
VIII. Los servicios públicos
IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]
[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]
X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]
[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]
Bibliografía
Índice de ilustraciones
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El señor Ward tuvo el mérito de haber lanzado la idea generadora del colegio pero, en realidad, los fundadores de éste fueron la Iglesia Metodista y la Iglesia de los Discípulos de Cristo.
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Eduardo Gimenez

Capítulo
IX
Las instituciones
[Parte 2: Instituciones
educativas y culturales]
En Ramos Mejía fueron creadas tres de las
escuelas más antiguas de la provincia de Buenos Aires.
La primera que se fundó fue la Escuela para
varones Nº 2, en el año 1858. Domingo Faustino Sarmiento,
que entonces era Director General de Escuelas, dirigió ese año
una nota al Presidente de la Municipalidad de San Justo, en la que le
informaba que había designado como primer preceptor del nuevo colegio
al señor Simón Farbes, de cuyas condiciones para ese cargo
dejaba constancia el ilustre sanjuanino en su comunicación.
La fundación de este colegio contó
también con los auspicios de la Sociedad de Beneficencia de Buenos
Aires. Inició sus actividades en un local ubicado sobre la calle
9 de Julio, frente a la plaza principal; en 1884 pasó a ser la
Escuela provincial Nº 3, para varones y niñas, y desde 1943
ocupa su actual sede de la avenida Gaona 2335, con el nombre de Nuestra
Señora del Carmen, en homenaje a quien ha sido designada Generala
del Ejército de los Andes.
La segunda escuela histórica que se habilitó
en la localidad es la Nº 4, para niñas en un principio y años
después para ambos sexos. Originariamente abrió su puerta
en la calle Belgrano 51, en el año 1873, bajo la dirección
de la señorita Mercedes Lascano, quien se desempeñaría
en ese cargo durante cuarenta años, hasta 1913. En 1940 se le asignó
el nombre de Escuela General José de San Martín, y en 1952
se trasladó a su nueva sede en la avenida de Mayo 247, que ocupa
en la actualidad.
La tercera escuela a la que aludimos es la Nº
71, que en sus comienzos dependía del Consejo Nacional de Educación,
dentro del régimen de la llamada Ley Láinez, promovida por
el senador Manuel Láinez (1852-1924), y aprobada el 30 de setiembre
de 1905, que dispuso la creación por la Nación de escuelas
elementales en las provincias, lo que permitió un gran desarrollo
de la educación primaria. La escuela Nº 71 inició sus
cursos con fecha 3 de octubre de 1910, bajo la dirección de la
señora Ramona Arroupe de Vilas, en un modesto inmueble de dos aulas
situado en la esquina de las calles Saavedra y Necochea.
En 1916 se trasladó a una nueva ubicación
en Lavalle 351, donde funcionaría durante sesenta años.
Recordemos que esta antigua casa se comunicaba por los fondos con otra
de parecidas características, cuyo frente daba a la calle Viamonte
al 300, totalizando entre ambos edificios unas diez aulas.
En 1970 se traspasaron las escuelas Láinez
a las provincias. A la Nº 71 se le cambió la numeración
por el Nº 141. Finalmente, hacia 1976, la escuela fue clausurada
por las autoridades educativas. Para esta decisión concurrieron
varias circunstancias: el propietario del inmueble manifestó que
no deseaba seguir alquilándolo; el edificio presentaba serios deterioros
debido a su antigüedad, y la zona se hallaba suficientemente atendida
con las otras escuelas existentes, en particular por la más cercana,
Nº 23, en la esquina de Rivadavia y Alfredo Palacios, a la que se
transfirieron la documentación y demás elementos de la ex-Nº
141.
Con el curso de los años se han ido habilitando
muchos otros entes educativos, oficiales y privados, en forma paralela
al crecimiento de la población, como el Instituto católico
Santo Domingo (desde marzo de 1915); el Colegio Sarmiento, fundado por
el señor Ramón Albeza en 1917, de carácter privado
y niveles primario y secundario; la Escuela Nacional de Comercio, desde
1924; el Colegio Nacional Esteban Echeverría, así llamado
desde 1959; el Colegio parroquial Juan XXIII, cuyo edificio se habilitó
en 1962, etc. Merece que nos ocupemos por separado de otros dos grandes
establecimientos dedicados a la enseñanza:
a) Colegio Wilfrid Barón de la Obra de
Don Bosco
Hacia 1917, la congregración católica
salesiana de la Argentina adquirió una amplia extensión
de tierras en la avenida de Mayo 1900, en el sur de Ramos Mejía,
con el propósito de levantar allí un colegio. La piedra
fundamental fue colocada en 1925 en un acto solemne bendecido por monseñor
Francisco Alberti, obispo de La Plata, con la presencia del presidente
de la Nación, Marcelo T. de Alvear, del gobernador de Buenos Aires,
José Luis Cantilo, y de otras personalidades. La obra se construiría
conforme a las conclusiones y votos emitidos por el IX Congreso Internacional
de Cooperadoras Salesianas, reunido en la Capital Federal, en el año
1924.
El principal impulsor y director de la iniciativa
fue el presbítero Esteban E. Paglière, y se contó
con el apoyo financiero de la señora Catalina Biza de Barón.
En el mes de junio de 1930 se inauguró la
primera sección del establecimiento, bajo el nombre de Colegio
Wilfrid Barón de los Santos Angeles, que iba a conformar un instituto
vocacional modelo, para niños de 8 a 12 años, cuyo proyecto
contemplaba la creación de un albergue para niños, una escuela
de agricultura y una escuela taller para el perfeccionamiento de la enseñanza
de las artes profesionales.
A principios de 1933 se habilitó un nuevo
sector, donde se instaló el Instituto Salesiano Teológico
Don Bosco, y en 1934 se terminaron otros pabellones y el templo anexo,
consagrado a María Auxiliadora, que sería elevado a la categoría
de parroquia en 1957.
En la década del 50 la institución
vendió parte de los terrenos que ocupaba y quedó separada
en dos fracciones; la que da a la avenida de Mayo esquina Humboldt, con
el colegio y el templo, y la que tiene acceso en Humboldt 270, esquina
Bolívar, donde se encuentran las instalaciones deportivas a disposición
de alumnos y ex-alumnos, las que contaban en su origen con un amplio espejo
de agua para la práctica del remo. Este complejo se convirtió,
en 1962, en el Ateneo Don Bosco, donde se continúa hasta hoy con
las más variadas prácticas del deporte.
b) Colegio Ward
Esta gran institución, ubicada actualmente
en la calle Héctor Coucheiro 599, en el barrio de Villa Sarmiento
(Ramos Mejía Norte), es una de las organizaciones privadas más
importantes del país en el área educativa.
Su origen se remonta al año 1912, en que un
hombre de negocios norteamericano, Don George S. Ward, visitó nuestro
país y aquí recibió la noticia de que había
fallecido su madre; en su memoria decidió crear un colegio en la
Argentina, que se denominaría Colegio Ward de Comercio y Finanzas.
Con ese propósito se puso en contacto con miembros de la junta
local de la Iglesia Metodista y, el 20 de octubre de 1913, oficializó
por escrito su resolución, contribuyendo con la suma de 25.000
dólares.
El señor Ward tuvo el mérito de haber
lanzado la idea generadora del colegio pero, en realidad, los fundadores
de éste fueron la Iglesia Metodista y la Iglesia de los Discípulos
de Cristo.
En marzo de 1914 comenzó a funcionar la escuela
en un inmueble alquilado en la calle Lautaro 824, del barrio de Flores,
en la Capital Federal. Constaba de una vivienda de dos habitaciones, sobre
calle de tierra, rodeada de palmeras con un gran pino frente a la entrada
y un fondo de unos treinta metros.
A principios de 1915 se trasladó a un edificio
alquilado sobre la avenida Rivadavia 5026, esquina José María
Moreno, también en la Capital. Se trataba de una casa quinta de
dos plantas, sobre cuyo portón de hierro se colocó el siguiente
aviso: "Instituto Ward. Colegio norteamericano. Cursos preparatorios,
nacional, comercial, inglés. Se reciben pupilos, medio pupilos
y externos."
En febrero de 1917 la entidad adquirió un
edificio en Rivadavia 6100, esquina Malvinas, de la ciudad de Buenos Aires,
y recién en 1926, ante el sostenido crecimiento de su alumnado,
decidió comprar una importante fracción de terreno en Ramos
Mejía, en la zona que se conocía como la "quinta de
los Madero", firmándose la escritura respectiva el 18 de noviembre
de ese año.
Comenzaron a levantarse los primeros pabellones y
en 1933 se inauguró oficialmente, durante un acto en el que estaban
presentes el representante del presidente de la República, general
Agustín P. Justo, el embajador de los Estados Unidos, el presidente
de la Cámara de Diputados, doctor Manuel A. Fresco, y otras personalidades.
Como ya informamos en el capítulo V, el Colegio
Ward adquirió el 2 de enero de 1944, a los herederos de don José
María Ramos Mejía, otro predio de 47.000 m2 adicionales
y linderos a los que ya poseía, con lo que totalizó una
superficie de casi doce hectáreas.
Como hecho anecdótico, mencionemos que el
Colegio Ward, durante sus primeros años de vida en la zona, disponía
de un elegante ómnibus escolar propio, de color azul, conducido
por un atildado chofer, para el traslado de alumnos, los que en general
pertenecían a sectores de clase media alta. Al paso de ese vehículo
por las barriadas humildes de Ramos Mejía, era objeto de ciertos
gritos de mofa por parte de algunos chicos de la calle, que tenían
bien en claro su pertenencia a otra capa social.
c) La Casa de la Cultura
En el área de la cultura ocupa también
un lugar muy destacado una dependencia municipal perteneciente a la Secretaría
de Cultura de la Municipalidad de La Matanza, que tiene su sede en la
calle Belgrano 74, de Ramos Mejía. Recordemos que en este edificio
funcionó originariamente la Delegación Municipal. También
fue sede del primer cuartel de bomberos voluntarios y operó allí
la primera sucursal bancaria de la zona, la del Banco de la Nación
Argentina.
La institución a la que nos referimos es la
Casa de la Cultura, creada por Ordenanza Nº 2232, del Consejo Deliberante
de La Matanza, de fecha 23 de octubre de 1959, bajo el nombre de "Pintor
Miguel Carlos Victorica", reconocido artista plástico que
durante algún tiempo residió en Ramos Mejía. Victorica
nació en Buenos Aires en 1884 y sus primeros maestros fueron Della
Valle, Giúdice, Sívori y de la Cárcova. En Europa
continuó su formación artística y, al reintegrarse
al país, logró importantes premios: en 1925 con su cuadro
"El expatriado", y en 1932 con "Francine". En 1941
obtuvo el Gran Premio Adquisición con la tela "Cocina bohemia"
(en la que conjuga audacia y maestría). Radicado por entonces en
la ribera del Riachuelo, de la Boca, la Agrupación Impulso organizó
un homenaje popular a Victorica y una multitud rebasó la Vuelta
de Rocha. Falleció el 9 de febrero de 1955.
La Casa de la Cultura, puesta bajo la invocación
de tan noble maestro, desarrolla hoy una variada gama de actividades de
danza, música, literatura y conferencias, artesanías, cerámica,
alfarería, tejeduría nativa, plástica, fotografía,
teatro (sala Leopoldo Marechal), etc. Permanentemente se dictan cursos
gratuitos y se ofrecen muestras en sus salas, con expresiones de verdadera
jerarquía.
Finalmente digamos que en Ramos Mejía funciona
también la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, creada con
fecha 18 de setiembre de 1943. Instalada primero en un local de la avenida
de Mayo 306, en 1959 recibió la donación por parte de la
Municipalidad de La Matanza de un terreno sobre la calle Castelli 129,
donde edificó su actual sede. Allí se dictan cursos de dibujo
y pintura, composición plástica (linografía, xilografía
y técnica de impresión), pintura alemana, pintura "ingenua"
(naïf), tejeduría nativa y confección de flores
de tela, tarjetas artesanales, expresión lúdica, yoga, cerámica
(con horno propio) y taller literario.
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