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Tapa
Contenido
El Autor
Nota de contratapa
Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?
I. La zona y sus primeros ocupantes
II. La chacra de la familia Ramos Mexía
III. El arribo del primer tren
IV. El trazado del pueblo
V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]
[Parte 2]
VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]
Parte 2]
VII. El pueblo se transforma en ciudad
VIII. Los servicios públicos
IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]
[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]
X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]
[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]
Bibliografía
Índice de ilustraciones
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Alguna vez hemos visto a don Nicola en una tarea que incitaba poderosamente nuestra curiosidad, cuando mediante una maquinita a bomba, con hornalla, insuflaba, en la entrada de los hormigueros, gas de sulfuro, que reventaba por otras bocas próximas.
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Eduardo Gimenez

Capítulo X
Notas dispersas
[Parte 2: Las plazas]
La plaza principal, en el lado norte y frente a la
estación ferroviaria, escenario de tantas ceremonias públicas,
patrióticas y religiosas, se denominó primero "Intendente
Ricardo Eatsman", en homenaje a quien dirigió la Comuna de
La Matanza en 1890. Más adelante se le impuso el actual nombre
de "Domingo Faustino Sarmiento".
En los primeros tiempos,.por las desparejas huellas
de las calles de tierra circundantes, los jóvenes de antaño
paseaban en las volantas, los landós y los sulkis, intercambiando
saludos con las muchachas, que en las veredas de la plaza daban la tradicional
"vuelta del perro".
A comienzos del siglo lucía en el centro una
clásica rotonda edificada en altura, donde en días de fiesta
patria se ubicaban las autoridades y los abanderados de las escuelas cercanas.
Luego, esa construcción fue reemplazada por una fuente circular
de mampostería, que al poco tiempo también fue demolida
para dar lugar al emplazamiento del monumento a Domingo Faustino Sarmiento.
Quién mejor que María Elena Walsh para informarnos de éste
y de otros cambios sufridos por la plaza, cuya concreción relaciona
con las autoridades de la iglesia lindera:
"Hombres de larga vestidura negra que cruzan
la plaza... han acudido a la Intendencia para obtener dos rápidos
triunfos: cambiar los bancos de la plaza por otros de piedra y sin respaldo,
porque de noche las parejas se entrelazan con lúbrica comodidad,
a la vista de las personas honorables, frente a la reja de las vicentinas,
las monjas del aeroplano en la cabeza.
"Han conseguido también que reemplazaran
la fuente, donde los chicos no sólo echaban a navegar sus barquitos,
sino que en verano se metían en el agua con el torso desnudo, todo
el pecado brillando al sol. Con la urgencia del caso, el piadoso intendente
conservador destruyó la fuente e inauguró ¡ay! una
estatua del masón Sarmiento."
La erección del monumento al gran maestro
sanjuanino respondió a la iniciativa de una Comisión Popular
de vecinos constituida en 1938, en ocasión del cincuentenario de
la muerte del prócer. Se trata de una obra de gran valor artístico,
de la que es autor el escultor Santiago José Chierico (nacido en
1894, que entre otras piezas realizó el monumento a San Martín,
de la localidad de San Justo, y "La cautiva", hermosa composición
en bronce emplazada en la plazoleta de la avenida Rivadavia 9200, de la
Capital).
El grupo escultórico colocado en nuestra plaza
principal se inauguró el 26 de diciembre de 1948, cuando el doctor
Felipe Iannone era intendente. Incluye, además de la figura de
Sarmiento, a la de su madre, Da. Paula Albarracín de Sarmiento,
parte ésta que a raíz de un atentado vandálico, en
el año 1984, debió ser llevada al depósito municipal,
siendo repuesta en su sitio original en septiembre de 1994.
En el ángulo sudeste de la plaza Sarmiento
está ubicado el busto del doctor Gabriel Ardoino, sobre un artístico
pedestal de granito rojo. Este monumento se había inaugurado el
4 de octubre de 1936, en la intersección de la calle Moreno con
Rivadavia, sobre el cantero central que allí existía; al
ser eliminado éste años más tarde, la escultura debió
ser trasladada al sitio en que ahora está.
Cómo no evocar nuestros juegos y correrías
de la infancia, por el túnel y el chalet de la estación,
y por los senderos de la plaza, entonces esmeradamente cuidada por don
Nicolás Olivieri (Don Nicola), con los canteros cubiertos de flores.
Alguna vez hemos visto a don Nicola en una tarea que incitaba poderosamente
nuestra curiosidad, cuando mediante una maquinita a bomba, con hornalla,
insuflaba, en la entrada de los hormigueros, gas de sulfuro, que reventaba
por otras bocas próximas. En esas trascendentales ocupaciones de
nuestra niñez transcurrían a veces tardes enteras, y si
nos quedaba tiempo también cumplíamos con el encargo de
nuestros padres, que nos habían dado la libreta de la empresa Pauling
para que pagásemos la cuota del pavimento. Al lado de esa oficina,
frente a la plaza, nos esperaba la confitería de Piasco, y no podíamos
dejar de visitarla porque sus helados eran una delicia; claro que todo
pasa, y pronto preferimos los de Della Maestra, cuyas variedades fueron
un suceso y desplazaron a las anteriores.
Otro espacio verde público, de los pocos a
disposición de la comunidad, es la plaza situada en la calle Bartolomé
Mitre al 200, que según hemos dicho en otro lugar fue parte de
la quinta La Cabaña. En el año 1947 era inminente el remate
de esa fracción, dividida en treinta lotes, que quedó en
suspenso por expediente B - 275/47. El gobierno provincial procedió
a expropiarla en 1949 y a transferirla con posterioridad a la Municipalidad
de La Matanza, que la destinó a paseo público con el nombre
de Plaza General Bartolomé Mitre (Decreto 2104).
Según informa el diario La Nación,
el 12 de julio de 1967, y lo corrobora la plancheta catastral respectiva,
así como la Ordenanza 2895, del 20 de octubre de 1961, a la plaza
mencionada se le ha impuesto el nombre de Juan B. Justo, en homenaje al
autor de "Teoría y Práctica de la Historia".
En este paseo se encuentra el busto del general Bartolomé
Mitre, trasladado hasta allí desde su primera ubicación
en el cruce de las calles B. Mitre y Bolívar, cuando se eliminaron
los canteros centrales de este lugar.
Recordemos que poco tiempo antes de la creación
de la plaza que nos ocupa, y a escasa distancia de ésta, se había
demolido la vieja casona de La Cabaña, sobre la cual se pensó
que podría haber sido transformada en museo, con libros, obras
de arte y moblaje de la época, así como fotografías
y otros testimonios de Ramos Mejía, lo que lamentablemente no se
concretó. Digamos de paso que entre otros ocupantes de esa finca
se recuerda que allí vivió don Fernán Félix
de Amador (seudónimo literario de Domingo Fernández Beschtedt
(h.) (1889-1954), crítico de arte y letras del diario La Prensa
desde 1927 a 1951, autor de inspiradas obras de poesía y en prosa
y profesor de Estética e Historia del Arte.
Queda por consignar la existencia en Ramos Mejía
de dos minúsculas plazoletas de forma triangular; una en Bolívar
esquina San Martín, con el busto del Libertador, y otra en San
Martín esquina Moreno, con el busto del doctor Manuel Belgrano.
Se completa el panorama con la plaza de más reciente creación,
denominada Del Bombero Voluntario y conocida popularmente como "Bomberitos",
en la manzana comprendida por la avenida San Martín, Pueyrredón,
Gral. Acha y 11 de setiembre.
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