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El Autor
Nota de contratapa

Prólogo. Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?

I. La zona y sus primeros ocupantes

II. La chacra de la familia Ramos Mexía

III. El arribo del primer tren

IV. El trazado del pueblo

V. Elogio de las casas quintas
[Parte 1]

[Parte 2]

VI. El progreso se hace presente
[Parte 1]

Parte 2]

VII. El pueblo se transforma en ciudad

VIII. Los servicios públicos

IX. Las instituciones
[Parte 1: Asociaciones de bien común]

[Parte 2: Instituciones educativas y culturales]
[Parte 3: Instituciones deportivas y sociales]

X. Notas dispersas
[Parte 1: Límites y barrios]

[Parte 2: Las plazas]
[Parte 3: Las calles]
[Parte 4: Nuestro paso por las aulas]
[Parte 5: Otros hechos memorables]
[Parte 6: El viejo vecindario]
[Parte 7: Conclusión]

Bibliografía

Índice de ilustraciones

 
* Párrafo de una canción de Chava Flores.

Ilustración Eduardo Gimenez
Aquel Ramos Mejía de Antaño

Capítulo X
Notas dispersas
[Parte 7: Conclusión]

A lo largo de la presente crónica han desfilado personajes, hechos o costumbres de nuestro pasado que, en su momento, fueron corrientes o normales, y hoy pueden habernos parecido curiosos, extravagantes. A veces hasta los habríamos puesto en duda, si no fuera porque hay documentación fehaciente que los corroboran.

Como ha ocurrido en casi todas las localidades similares a Ramos Mejía, los cambios que se produjeron durante el último medio siglo en nuestra ciudad han transformado en forma espectacular el ambiente urbano y la calidad de vida de sus habitantes. Con ser tan notables esas mutaciones en todos los órdenes, consideramos que resultan particularmente importantes las que se refieren a los principios éticos de la sociedad, a la escala de valores y de sanciones morales heredadas de nuestros antepasados. Ese proceso de revisionismo y cuestionamiento de las normas tradicionales, que es un ejercicio más de las libertades individuales del ser humano, abarcó también los convencionalismos sociales y las formalidades externas, que durante tantas generaciones permanecieron inmutables. Y las transformaciones se suceden a un ritmo cada vez más acelerado.

Imaginemos ahora que en algún rincón olvidado de una antigua biblioteca de Ramos Mejía, alguien tropezase dentro de cincuenta años con un ejemplar de este libro. Si por casualidad a ese eventual lector se le ocurriese reescribirlo, seguramente podría completar la información con otros documentos importantes que hasta hoy no han podido ser localizados. Pero si además se pusiese a actualizar el libro, se encontraría con una sucesión de nuevos cambios tan fantástica y revolucionaria, como efecto del proceso antes comentado, que la tarea le resultaría alucinante.

Podemos conjeturar también que ese hipotético cronista del futuro, cuando compare nuestro presente con el que vivirá dentro de medio siglo, hará una pausa en su labor para interrogarse, como nosotros lo hemos hecho al comenzar estas páginas: "Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?."

Hasta es posible que, vencido por las añoranzas, recuerde aquellos humildes versos de un trovador popular:

"Hoy mi Ramos es bello
como nunca lo fue,
pero cuando era niño
tenía mi Ramos un no sé qué." *

Ramos Mejía, diciembre de 1994

 
X: Notas dispersas
[Parte 6]


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