Virrey Vértiz. Virrey Vértiz. Virrey Vértiz. Nunca consigo recordar el nombre de esa avenida. Uno tiende a llamarla Libertador, pero no, no es Libertador: Libertador está, a esa altura, al otro lado de las vías. Esa avenida se llama Virrey Vértiz.
Hace unos meses tenía que ir a Virrey Vértiz y José Hernández. Subí a un taxi y dije:
-A Libertador y José Hernández.
El taxista tomó por La Pampa, y estaba por cruzar las vías cuando me dí cuenta del error, justo a tiempo.
Hoy tuve que ir otra vez al mismo sitio. Recordando el mal antecedente, pero incapaz de pensar en el nombre de esa avenida, dije:
-Voy a Sucre y la avenida ésa que está entre las barrancas y las vías, que nunca me acuerdo como se llama.
-Yo tampoco -confesó el taxista-. La llamo Libertador, pero no es.
Conformes ambos con nuestro pensamiento homogéneo, seguimos viaje sin otros inconvenientes. Hasta que en la desolada esquina de Sucre y Virrey Vértiz (desolada en una mañana otoñal de domingo, sin gente en la plaza, con poca luz en la atmósfera, un poco fría), el taxista empezó a frenar. ¡Error!, anunciaron mis alarmas internas. ¡Otra vez error!
-Perdón, me confundí -dije-. No es acá donde voy. Es más adelante.
Para entonces estaba perdido: iba a una esquina de la que no sabía el nombre de ninguna calle. Aunque ahora sí, ahora había visto el cartel “Virrey Vértiz”. Pensé que convenía aclarar las cosas:
-Voy a una clínica que está media cuadra a la derecha.
-Ah, sí -dijo el taxista-. En José Hernández.
-Eso, claro, José Hernández.
¿Cómo había podido olvidarme? Allá fuimos, y allá por suerte llegué, y allá me diagnosticaron que no era una reacción alérgica sino una “varicela zoster”, que podemos contraer de adultos quienes tuvimos varicela de niños, y que podía doler y picar y que mejor era comprar unas pastillas específicas, aunque fueran caras.
A la farmacia, entonces, y sí que eran caras las pastillas. Y sí que duele y pica, a la vez. Es como quemaduras, no tan graves, pero la ropa no se soporta, las sábanas no se soportan, tengo un poco de fiebre, y espero que esto se acabe pronto.
Virrey Vértiz.
(…)
Escribo para entretenerme mientras me viene el sueño suficiente como para vencer a la varicela zoster. En tanto, se me ocurrió mirar la guía Filcar. Tengo la edición 1987, y cambiaron muchas cosas en la ciudad desde entonces. Pero casi todo, a pesar de estos terribles años, sigue en el mismo sitio.
Compruebo Virrey Vértiz, compruebo Libertador, compruebo José Hernández. Y empiezo a notar algo que nunca había visto: la curiosa distribución de acentos en esta guía. Estoy en la página 79. Primero pienso que sólo tienen acentos las íes, en estos nombres de calles escritos con mayúsculas: ECHEVERRÍA, ZAVALÍA. Y que en cambio las otras letras no los merecen: OLAZABAL, VIRREY VERTIZ, DR. ROMULO S. NAON. Pero la regla se hunde enseguida: ahí están JOSE HERNÁNDEZ (¿por qué la E de José no tiene el acento, pero la A de Hernández sí?), CAP. GRAL. RAMÓN FREIRE, el tan discutible caso de AV. CRÁMER… Y caramba, hay una excepción en sentido inverso, SUPERI, una I que debería tener el acento y sin embargo… Y aquí está NUÑEZ, y allá CRISOLOGO LARRALDE, y aquí IBERÁ, y allá ROQUE PEREZ, y ya no entiendo nada. ¿Alguien revisó esto antes de mandarlo a imprimir? ¿Lo habrán arreglado en ediciones posteriores?
Virrey Vértiz. Virrey Vértiz.