Gente en el subte

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Gente en el subte

Pone el bolso en el suelo, entre los pies con las uñas pintadas. Bolso y uñas tienen el mismo color.

(…)

Lleva la cartera colgada del hombro izquierdo, pero la aprieta contra el estómago con la mano derecha. Le duele el monedero.

(…)

Tiene dos bolsas de plástico, una en cada mano. La izquierda es rosa. La derecha, celeste. Seguro que vienen mellizos.

(…)

Se colgó la mochila de ambos hombros, pero la lleva adelante, sobre el pecho. El pelo largo impide verle los ojos que sin duda tiene en la nuca.

(…)

Se sienta, pone el bolso sobre las rodillas y cruza los brazos. El bolso rueda hacia adelante. Para evitar que llegue al piso levanta los dos pies, con las puntas bien para arriba. Descruza los brazos, levanta el bolso de los empeines donde quedó atrapado, lo pone sobre las rodillas, y vuelta a empezar.

(…)

¿Quien usa dos riñoneras tiene necesariamente doble personalidad?

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Creo que es mejor ser como la liebre, capaz de parar a divertirse, comer, dormir la siesta; de olvidar el deber y en todo caso hacerlo de taquito cuando no hay otro remedio; de estar feliz consigo misma aunque nada sea perfecto; de disfrutar la vida. Al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene ganarle a una tortuga?

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No éramos los únicos en comer pochoclo durante la película de David Lynch.

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“La palabra huevo sin la u sería como el huevo sin la cáscara.” (Susanne)

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Déjá vu

¿Qué diferencia hay entre caerse del décimo piso y caerse del primero?

Que cuando uno se cae del décimo hace así:

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… Pum.

Y cuando uno se cae del primero hace así:

-Pum. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…

Luis Pescetti contaba este chiste el año pasado, en su espectáculo. También lo puso en un disco, “El vampiro negro”. Era uno de nuestros favoritos: Gabriel y Susanne se reían, yo volvía a contarlo cuando había oportunidad.

Pero ahora estoy lejos de ese chiste, lejos de Pescetti, sobre todo lejos del año pasado. Con mucha lentitud, sigo digitalizando los videos de la primera vez que fui a Europa, en 1991. Esta semana, por ejemplo, estoy en la Alhambra. Es un 23 de mayo, un día de sol, caluroso. La cámara gira, enfoca, desenfoca, cargando la cinta con mosaicos, columnas, patios perfectos. Es un viaje en la máquina del tiempo. Es magia. Hay momentos así:

Fotografía por Eduardo Abel Gimenez

Así:

Fotografía por Eduardo Abel Gimenez

Así:

Fotografía por Eduardo Abel Gimenez

Los ruidos son sorprendentes. Dos andaluzas pasan junto a mí diciendo cosas ininteligibles. El agua que corre suena a bolsitas de plástico. Hay pájaros, había pájaros en la Alhambra ese día y yo no los recordaba, y todavía están cantando.

Detrás de mí (detrás de aquel yo que estuvo en La Alhambra hace once años y medio) hay un grupo de franceses. La cámara no los ve, pero quedan grabados. Se ríen. Uno de ellos empieza a contar algo en voz alta, demasiado alta para el estándar de este sitio, algo que no entiendo porque no sé francés. Y de pronto hace así:

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… Pum.

Siento unas cosquillas en la espalda: la espalda, para ciertas cosas, es más rápida que el cerebro. La cámara, mientras tanto, quedó hipnotizada en este sitio:

Fotografía por Eduardo Abel Gimenez

Suena otra rápida frase que, ahora sí, casi comprendo. Y enseguida:

-Pum. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…

Y la Alhambra ya no volverá a despegarse en mí de este nuevo viaje, este loop imprevisto, esta pieza de un rompecabezas que siempre estamos armando y no nos damos cuenta.

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Hay un disco nuevo de Sinéad O’Connor, “Sean-Nós Nua”, con canciones tradicionales irlandesas. Recuerdo como si fuera hoy lo conmovedores que eran “The lion and the cobra” y “I do not want what I haven’t got” cuando salieron, hace ya 14 y 12 años, respectivamente. (El segundo link, que supuestamente lleva al sitio oficial, hoy no anda.)

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Hypertext Links: Whither Thou Goest, and Why, by Claire Harrison. “The link is the basic element of hypertext, and researchers have long recognized that links provide semantic relationships for users. Yet little work has been done to understand the nature of these relationships, particularly in conjunction with the purposes of organizational/informational Web sites. This paper explores the semantic and rhetorical principles underlying link development and proposes a systematic, comprehensive classification of link types that would be of use to researchers and Web production teams.” (Vía Online-Writing List.)

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Can you trust your computer? “With a plan they call ‘trusted computing,’ large media corporations (including the movie companies and record companies), together with computer companies such as Microsoft and Intel, are planning to make your computer obey them instead of you. Proprietary programs have included malicious features before, but this plan would make it universal.” Un artículo de Richard Stallman, en NewsForge. (Vía GMSV.)

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“Debemos procurar que la voz de los países pobres sea oída. A menudo formulan sus peticiones con insistencia, pero no las oímos. Mi propuesta, que consiste en una estructura de poder político internacional basada en lazos de cooperación continentales, crea una concertación multipolar democrática a escala mundial, en la que la voz de los continentes más pobres se oirá más fuerte que antes.” (Del excelente artículo Hipocresía detrás de la compasión, por Guy Verhofstadt, primer ministro de Bélgica, en La Nación. Vía El Sur (¿no?) Existe.)

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No acostumbro poner aquí chistes que llegan por email. Pero este, que acabo de recibir, me parece irresistible:

Dos curas hablando:

-Padre Damián, con todos estos últimos cambios en la Iglesia, ¿usted cree que llegaremos a ver a los curas casados?

-Nosotros no, pero nuestros hijos sí.

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Software idea may be just crazy enough to work (Dan Gillmor). “The software is being designed to securely handle personal e-mail, calendars, contacts and other such data in new ways, and to make it simple to collaborate and share information with others without having to run powerful, expensive server computers.” (Es decir, un competidor de Outlook, y otras cosas. Pero open-source, sin fines de lucro, seguramente gratis y más seguro.)

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Los diarios tienen tantas formas de abrumarnos, aunque sólo sea por la cantidad, por las montañas de papel entintado, las pilas que se forman en un parpadeo y luego no hay huevos suficientes en el mundo para envolver con tanta hoja inútil. Eso sin contar las noticias, las opiniones, las encuestas, los chistes, los avisos, la maraña en la memoria que produce todo aquello que dejamos para leer otro día y luego no encontramos más.

Pero hay otro modo en que nos pueden abrumar. Hoy salió el número cinco mil de Página/12. Es absurdo. Muy diferente de La Nación, o incluso Clarín, que empezaron a salir cuando yo todavía no leía diarios. Nada quer ver. Me acuerdo muy bien de la época en que empezó Página, lo asocio a momentos de mi vida. Y lo que me abruma es que desde entonces hayan pasado cinco mil días. Cin-co-mil. (Más en realidad, porque durante casi todo este tiempo Página salió sólo seis veces por semana.)

Por algún motivo, pensar que pudieron salir ochocientos números de un semanario no me alteraría tanto. Es la fuerza bruta de ese cinco mil, aplicado a lo que parece ser mi memoria más reciente, lo que termina de paralizarme.

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Fui con Gabriel, mi hijo, a ver a Luis María Pescetti, y presencié un acontecimiento histórico: el primer (creo) espectáculo para niños donde se dice (y repite, y repite, y repite) la palabra “pedo”. Con mímica, además. Y efectos de sonido (pero hechos con la boca). Qué bien cuando se van superando los límites.

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A veces se me ocurre que esto, en lugar de La Mágica Web, debería llamarse El Mágico Webo.

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Cuántas cosas parecieron buenas ideas en el momento de hacerlas.

Perder

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Perder los estribos
perder impulso
perder el tiempo
perder el tren
perder el hilo
perder la cabeza
perder peso
perder ganas
perder la razón
perder la paciencia
perder la gracia
perder los detalles
perder conciencia
perder la conciencia
perder el sueño
perder la silla
perder la costumbre
perder el equilibrio
perder el ritmo
perder la oportunidad
perder la calma
perder la camisa
perder el pelo
perder las mañas
perder sustento
perder el rumbo
perder el respeto
perder el miedo
perder la batalla
perder dinero
perderse
perder el sentido
perder contacto
perder altura
perder el aliento
perder aire
perder todo
perder interés.