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Cuando me despierto pesimista, además de ver el vaso medio vacío me parece que el todo es menor que la suma de las partes.

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Without going out of my door
I can know all things on Earth
Without looking out of my window
I could know the ways of Heaven

The farther one travels
The less one knows
The less one really knows

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Cuando los seres bidimensionales descubren la tercera dimensión, lo que hacen es edificar en propiedad horizontal.

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Questa cosa is making the round en das Web. Jorge Varlotta hat it enviado a mí:

Que would happen if, wenn Du open your computero, finde eine message in esta lingua? No est Englando, no est Germano, no est Espano, no est Franzo, no est keine known lingua aber Du understande! Wat happen zo! Habe your computero eine virus catched? No, Du esse lezendo la neue europese lingua: de Europanto! Europanto ist uno melangio van de meer importantes Europese linguas mit also eine poquito van andere europese linguas, sommige Latinus, sommige old Grec.

Was esse better esse que alles can undertsande this nova lingua und, supra tutto, that alles can schriebe in Europanto sensa studiare und sensa effort. The important esse usare words that alles, sensa import que lingua nativa spreche, can understand. This esse the unica norma. Europanto esse eine lingua franca que want substitute Anglese (o Englando) und so, que the parlantes nativos of Anglese haben nicht advantage in international communication.

Want du try?

Agua podrida

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“Agua podrida” la llamábamos de chicos, y le poníamos barquitos. Era parte de la vida cotidiana porque vivíamos cerca del suelo, conocíamos las baldosas de la vereda, sacábamos bichos de abajo de las piedras y veíamos crecer los yuyos uno por uno.

Leo Masliah lo escribió como corresponde:

“Agua podrida, estancada, reseca,
agua podrida, pescado, buseca,
agua podrida, agua podrida,
agua podrida tapada de mugre,
agua podrida que queda y se pudre,
agua podrida, agua podrida,
agua podrida con casas al lado,
agua podrida con gente al costado,
agua podrida, agua podrida.”

Etcétera.

(Ahora, en la calle Vidal, el agua podrida baja blanca y espesa, como leche. Me pregunto qué estarán tirando, de dónde. No se sabe. Unos metros más acá ya es normal.)

El agua

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El agua baja a los saltos, desgarrándose en las piedras y volviendo a armarse un poco más allá, cayendo todo el tiempo. A veces tiene un caudal que arrastra troncos, a veces es un arroyo invisible. Al agua no le importa si adelante hay una cascada infinita, una pared de roca, lava ardiente o el mar. El agua del río no es la colección de moléculas que salen de la fuente, recorren el cauce y acaban en alguna parte, sino el conjunto de saltos, remolinos y olas que puedo ver en un momento determinado. El agua de este río, más que un objeto, es su disposición.

El color del agua es como el color del cielo pintado en las rocas. Pero hay un instante en que brilla tanto que puedo creer que tiene luz propia. Me imagino el río en una noche sin luna y sin estrellas, dorado, iluminando el paisaje.

También suena, el agua, con voces que se parecen a las de los árboles en número y en modulación, pero con otro timbre. El sonido de esta corriente se ríe de mi zapatilla y le amenaza la punta con que va a salpicar.

Ahora podría acostarme en el lecho del arroyo que casi no tiene profundidad, acomodando vértebra con piedra, y dejar que el agua pase a través de mi cuerpo. Imaginarme cómo sería vivir así durante un millón de años.

Encarta

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Es bastante entretenido que Encarta muestre un artículo al azar cada vez que uno la abre. Tengo el modelo 99, en castellano, y en sucesivos episodios me presenta:

  • Ercilla y Zúñiga, Alonso de
  • Al-Andalus
  • Enrique el Navegante
  • Mérida (ciudad, España)
  • Reyes, Alfonso
  • Altamira, Cueva de
  • Cervantes Saavedra, Miguel de
  • Gran Colombia, República de la
  • Maximiliano I (de México)
  • Portales, Diego
  • Tiahuanaco
  • Azteca o Mexica
  • Chimú

Pero el azar, como se ve, es relativo. Qué trabajo se tomaron para evitar el resto del mundo, para dar la impresión de que todo es España y América Latina.

(P.D.: Cuando me decida a usar categorías en el weblog, esto deberá ir en “Volando bajito”. O en “Peor es nada”. O en “Dicen que soy aburrido”.)

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Echaron abajo una vieja casa de dos plantas en la Avenida Crámer. Empezaron hace semanas, muy de a poco, sacando puertas, ventanas, caños, fragmentos de valor concentrado, y así estuvieron día tras día, como quien extrae un diente tras otro, un ojo tras otro, orejas, uñas, pelos, de algo que en un momento del proceso pasa a merecer el nombre de cadáver, pero no se sabe bien cuándo. Por último, con un mazazo bien calculado, toda la estructura se vino abajo. Hace un rato llegaron dos camiones para llevarse los restos.

Zanahoria

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-Zanahoria.
-Zapallo.
-Zanahora, digo.
-Zapallo.

La humedad y el calor atraviesan las paredes. Una gota cae por el exterior del vaso de agua y otra por cada frente.

-No me escuchás.
-Sí te escucho.
-¿Qué dije?
-Sí te escucho.

La luz parpadea pero sobrevive. Afuera no hay luna, o si la hay quedó al otro lado de las nubes. Puede ser que llueva, pero hoy todavía queda techo. Mañana veremos. Todo el mundo está cansado, y más cuando las voces suben y se abren paso por el aire espeso.

-Es a las diez.
-Es a las once.
-No, es a las diez.
-No, es a las once.

Cambia un semáforo en la esquina: de rojo a verde, de verde a amarillo, de amarillo a rojo. No hay nadie en la calle para aplaudirlo. Tampoco se ve a nadie al otro lado de las ventanas encendidas, como si todos fueran fantasmas en el edificio de enfrente.

-Con azúcar.
-Sin azúcar.
-Te digo que con.
-Sin.

Tal vez no haya más que fantasmas, con la energía necesaria para encender una lamparita y mantener una discusión. Las lamparitas son difíciles, vienen de mala calidad. Las discusiones no.

-Después.
-Antes.
-Después.
-Antes.

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A diez mil metros por encima de tu propia alma

Foto por Eduardo Abel Gimenez

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“Suenan las campanas” es una frase cargada de sentidos. Omnipresente en un mundo donde las campanas sonaban todo el tiempo. ¿Y ahora? Habrá que buscar otros referentes, porque las campanas sólo existen para el creyente y el turista.

Foto por Eduardo Abel Gimenez

(Hace más de veinte años escribí en una estrofa de una canción: “Cuando suenan las campanas pasa un tren/ y no las puedo oír./ La verdad es que ni siquiera/ las puedo ver./ No sé dónde están./ No sé si quedan.”)

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La filosofía imperante en el mundo está basada en el clásico cartel de almacén:

HOY NO SE FÍA

De este modo se logra cumplir una serie de objetivos:

  • No oír la pregunta indeseada.
  • Crear en el otro, falsamente, una ilusión con vistas al futuro.
  • Hacer creer que se tiene sentido del humor.
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Vivir con software

Compramos en Musimundo un juego de compu para Gabriel. Tratamos de instalarlo, pero pide un número de serie que no encuentro en ninguna parte. Volvemos a Musimundo, donde un vendedor con buena vista me señala dónde está el número, en cuerpo 3. Me siento muy estúpido. Llegamos otra vez a casa, ponemos el número de serie y el juego no anda. Tampoco explica qué le falta para andar. Pero vienen unos jueguitos chicos, freeware, de yapa. Nos conformamos.

(…)

Una página que visito en la Web reclama que instale el Quick Time 6. Creí que lo tenía, pero bueno, digo que sí. La página igual no anda. Pero el Quick Time
se instala cómodamente en la SysTray (¿se llama así?), de donde me tengo que tomar el trabajo de quitarlo, como tantas otras cosas antes.

(…)

Llamo a una empresa grande para hacer una consulta. Me atiende un aparato: “Diga nombre y apellido de la persona con quien quiere hablar, o marque su número de interno.” Como no conozco a nadie en ese lugar, ni por nombre ni por número, me quedo callado. Segundos después vuelve el aparato: “No hemos identificado el nombre de la persona con quien quiere hablar. Por favor, diga nombre y apellido de la persona con quien quiere hablar, o pronuncie la palabra ‘operadora’.” Ah, digo; mejor dicho, pienso, porque lo que digo es: “Operadora.” El aparato se toma otros dos segundos, y luego: “Lo comunico con la operadora.” Me atiende la operadora. Le explico de qué se trata. “Un momento por favor”, y me pasa con otro aparato: “Diga o marque uno si blablablá, diga o marque dos si blebleblé, diga o marque tres si blibliblí, o aguarde y será atendido por la operadora.” Aguardo. Me atiende la operadora, que es otra. Le hago mi consulta. Ahora sí. “Un momento por favor, que ingreso los datos en el sistema.” Un rato más tarde me ofrece mandar un fax. Acepto, pero la máquina se quedó sin papel: casi no la usamos, y el otro día alguien mandó propaganda. Salgo bajo la lluvia a comprar. Pero caramba, no anoté el nombre de la segunda operadora, y tengo que llamar de vuelta.

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A pesar de todo también hay buenas noticias. El envase nuevo de Sucaryl tiene una tapa mejorada. Ahora, con cada sacudida del frasquito sale exactamente una pastilla, y no cero, tres, cinco o cualquier otro número arbitrario como ocurría antes. Lástima que en los próximos días nos iremos olvidando de este hito, de este detalle que perfecciona nuestras vidas al menos dos o tres veces cada día (según la frecuencia con que tomemos café), de este avance hacia un futuro que hasta podría ser promisorio si pusiéramos las expectativas en un nivel realmente, pero realmente, bajo.

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Tendemos a pensar que el presente se perpetúa en el tiempo, sin cambios, o en todo caso con cambios selectivos, precisos, quirúrgicos, aunque no siempre para mejor. Sin embargo es todo lo que cambia, y con un grado de profundidad que, aún sabiéndolo por experiencia, nunca podemos prever.

Pienso en esto porque me vino a la cabeza una imagen del mundo y de la vida diaria de cuando yo tenía siete años, en 1961. Una imagen que empezó a crecer, a cobrar vida, a extenderse con los conocimientos que ahora tengo de esa época. Y se me ocurrió comparar ese entonces con el presente, en que mi hijo está por cumplir siete años.

Después pensé: no, un momento, ¿por qué no comparar hacia atrás, con el año 1931, cuando mi padre cumplió siete años? La diferencia entre ambas épocas, 1931 y 1961, es inmensa, casi incomprensible. No sólo en la política internacional, no sólo en los grandes acontecimientos de la ciencia y el arte, sino en la vida de todos los días, el desarrollo de cada minuto de cada día de cada persona. Tan inmensa y tan incomprensible como la diferencia entre 1961 y 2002. Y es un golpe darse cuenta de que mi padre ha vivido dos veces esa asombrosa mutación, y dos veces no pudo preverla, del mismo modo que nadie en el mundo pudo preverla.

Entonces, ahora, la pregunta “¿cómo será el mundo, la vida, cuando el hijo de mi hijo cumpla siete años?” es una pregunta importante, válida, inevitable. Pero no tiene ningún sentido. La única forma de saber la respuesta, como en esos procesos caóticos (autómatas celulares, por ejemplo) donde la matemática pone una situación inicial y un algoritmo pero no puede prever los resultados, es vivir cada día, procesar cada segundo hasta ese momento. Sólo que cuanto más se piensa en eso más intolerable resulta, y más fuerte es la tentación de volver a pensar, a pesar de la evidencia, que el presente, este presente, de una buena vez y para bien o para mal, se perpetuará nomás en el tiempo.

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Más diccionario de la antigua Grecia

Agamenlón. Rey perezoso. Todo quería que se lo hicieran los demás.

Apollo. El más pequeño de los hijos de Zeus. Tenía dos alitas que al spiedo salían muy tiernas.

Atlas. Titán condenado a hacer todos los mapas.

Mininotauro. Monstruo con cabeza de toro y cuerpo de gatito.

Plantón. Filósofo que siempre dejaba a los otros esperando.

Platonto. El más estúpido de los filósofos.

Yo, casta. Madre de Edipo, que siempre insistía con que era virgen.

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Hu’s on First? (The Washington Times) “Celebrated playwright James Sherman is author of a hilarious ‘Hu’s on First?’ sketch that he penned — dripping wet — this week after the Communist Party chose Chinese Vice President Hu Jintao as its new general secretary.” (Es de lo más gracioso que leí en los últimos tiempos. Me llegó por email de varias fuentes, y empecé también a difundirlo, hasta que finalmente apareció el texto completo en la Web.) (Link de Dan Gillmor.)

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Pega un salto y llega un poco más abajo. Otro salto, otro poco más abajo. Salto, abajo. Salto, abajo. El objetivo es llegar al fondo, allá donde todo se acaba, a la oscuridad, al sitio sin salida. Pero de a poco.

Hace unos días escribí en Imaginaria

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Hace unos días escribí en Imaginaria una reseña de El Mago de Oz, referida a la traducción de Marcial Souto que acaba de publicar Maeva en España. Pero tanto o más que una reseña era el relato de cómo le vengo leyendo el libro cada noche a mi hijo Gabriel, que en diciembre cumple siete años. Pues bien, ahora estamos a punto de terminarlo: faltan menos de treinta páginas. Gabriel tiene tanta curiosidad que nos salimos de la rutina y estuvimos leyendo por la mañana. Ya le prometí que hoy mismo se enterará de que, al final, los zapatos de plata de Dorothy… ¡Oops, casi lo digo!