Hacía un tiempo que no miraba mapas

Standard

Hacía un tiempo que no miraba mapas. Y el otro día, siguiendo links medio dormido, me encontré inesperadamente con un planisferio. Es hipnótico: algo me obliga a mirarlo y mirarlo, recordando detalles o encontrando otros nuevos. Y esto último es lo que pasó.

Había una gran mancha en Asia, mayor que Mongolia pero más al oeste, donde los impresores de mapas solían gastar barriles de tinta verde para pintar sectores de la Unión Soviética. Lo que primero me llamó la atención fue que hubiera un país ahí: me falta entrenamiento para tomar los nuevos dibujos del mundo con naturalidad. Y enseguida, cuando recordé los varios Algo-stán que han tomado existencia oficial en los últimos años y me di cuenta de que tenía que ser uno de ellos, lo que me sorprendió fue el tamaño. ¿Tan grande? ¿Pero tan asombrosamente grande?

Claro, los planisferios engañan. Tal vez por eso la civilización occidental del hemisferio norte los puso de moda hace tanto tiempo. Europa se ve gigante, Estados Unidos también, y la sucesión Groenlandia-Canadá-Alaska-Rusia parecen ocupar más de la mitad del mundo. Eso contribuía a que Kazajstán se viera más grande de lo que es. Pero igual es el noveno país de mayor superficie de la Tierra (el octavo, por muy poca diferencia, es la Argentina).

¿Y ahora qué? Ahora tenía que saber más sobre ese nuevo universo, esos dos millones setecientos mil kilómetros cuadrados de planeta desconocido para mí. Busqué en Google (Kazakhstan, en inglés) y llegué al sitio oficial del presidente, donde todo reluce y es civilizado y turístico a la manera llena de tramas de Front Page. También al World Factbook de la CIA, sitio que no se puede esquivar si uno busca datos precisos; ahí supe, por ejemplo, de terribles problemas ambientales (“radioactive or toxic chemical sites associated with its former defense industries and test ranges throughout the country pose health risks for humans and animals; industrial pollution is severe in some cities; because the two main rivers which flowed into the Aral Sea have been diverted for irrigation, it is drying up and leaving behind a harmful layer of chemical pesticides and natural salts; these substances are then picked up by the wind and blown into noxious dust storms; pollution in the Caspian Sea; soil pollution from overuse of agricultural chemicals and salination from poor infrastructure and wasteful irrigation practices”); material de pesadillas. Y luego el asombroso sitio www.kz, donde es imposible ir a ninguna parte y sin embargo tiene un contador que, al día de hoy, marca 991.663 visitas. Y la Lonely Planet, que por algún motivo ignora la H y escribe Kazakstan, donde apareció un párrafo magistral, de esos que hacen que la literatura y el turismo evolucionen en paralelo: “If you’re not a fan of endless semi-arid steppe and decaying industrial cities, Kazakstan may seem bleak as a month-old biscuit. And if it sometimes looks like the landscape has suffered from hundreds of nuclear explosions, well, parts of it have – ever since Russian rocket scientists started using Kazakstan as a sandpit in the late 1940s. But any country which uses a headless goat’s carcass as a polo puck obviously has lots to offer.”

Más tarde busqué fotos y otras formas de entrar aunque fuera de muy lejos a lo que debe ser vivir como una piedra en medio de tantas piedras, con la historia infinita de que habla el presidente en su página para respaldarlo todo. Y dos días después, en la casa de un amigo con mi mujer y mi hijo, se me ocurrió hablar de la nueva obsesión. Un poco se rieron. Pero Stefan sabe mucho de geografía y política, y tenía bastante presente que en Kazajstán hay un presidente autoritario, que el país llega hasta las montañas de Altai, que hay muchos alemanes que los rusos enviaron en épocas nazis por el temor de que se unieran al horrible Führer (luego comprobaría que más del cinco por ciento de la población de Kazajstán es de origen alemán).

¿Qué más aprendí?

  • El idioma oficial es el kazaco (o kazako), pero todos hablan ruso.
  • Rusia alquila unos cuantos kilómetros cuadrados, donde tiene el cosmódromo de Baikonur. Paga 115 millones de dólares por año.
  • La montaña más alta tiene casi siete mil metros, un metro por cada kilómetro de frontera entre Kazajstán y Rusia.
  • La capital ya no se llama Alma Atá, sino Astana.
  • La mitad del lago Aral pertenece a Kazjstán. Mejor dicho, la mitad de cada mitad en que el lago está separado ahora que se va secando.
  • Kazajstán no tiene costa marítima. Lo más parecido son sus casi mil novecientos kilómetros de costa sobre el Caspio, que es un lago salado a menos que los intereses de quien lo mencione requieran que se trate de un mar.
  • La región del Caspio es la segunda más rica en petróleo del mundo entero.

El fuego se apagó lentamente, hasta que terminé de aceptar que la lista de sitios por conocer no sólo es infinita sino también muy mala para la salud.

Y eso es todo. Un trozo de mi omnipresente ignorancia desapareció para siempre, con la típica paradoja de aumentar en proporciones desmesuradas lo que me queda sin saber. Lamento tantas palabras: nada más quería contar.