Dedo gordo

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Si alguien pone en hilera cinco dedos gordos de diferentes pies, ¿podrías reconocer el tuyo?

-Miren a la izquierda

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-Miren a la izquierda -dice la guía de turismo, desde la parte delantera del autobús-. Ese árbol que ven ahí no es verdadero. Es una copia de otro árbol, que está en algún lugar de Europa. Todos los días traen imágenes del árbol verdadero y ajustan las cosas del árbol falso para que quede igual. Cuando llega el otoño, primero le ponen hojas amarillas que fabrican allá a la vuelta, donde está esa chimenea tan alta, y luego se las van quitando, a medida que el árbol europeo pierde las suyas. En primavera hacen unos brotes bien verdes y bien pequeños, y los sustituyen cada doce horas por brotes más grandes, hasta que pueden volver a usar las hojas verdes, que almacenan en aquel depósito pequeño que se distingue en el otro extremo de la plaza.

La guía hace una pausa, mientras los pasajeros sacan fotos del árbol falso. Luego agrega:

-Y todo lo hacen para que yo tenga algo, en este momento del viaje, para entretener a los turistas.

*

-Hablando de ustedes -dice la guía un minuto después-, en este autobús hay treinta turistas. Según la matemática, lo más probable es que dos de ustedes cumplan años el mismo día. ¿No es ridículo? No creo en las probabilidades, ni en la matemática, así que estoy segura de que todos cumplen años en días diferentes.

-No es cierto -responden los mellizos, desde la última fila de asientos.

*

La luna de mediodía los sigue como un perrito perdido.

Estás en el hielo

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Estás en el hielo, con zapatos de calle. Deberías avanzar, corriendo en lo posible, pero el hielo es resbaladizo. Quien te persigue, en cambio, lleva patines. Imposible que no te caigas una y otra vez.

Es como la escena de Bambi con el conejo, la primera vez que Bambi pisa el hielo. Pero el conejo te quiere matar.

Si alterno dos letras D con vocales

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Si alterno dos letras D con vocales, de las veinticinco combinaciones posibles hay ocho que son palabras existentes:

DADÁ
DADO
DEDO
DIDO (cantante)
DODO
DUDA
DUDE
DUDO (de dudar)

Si en lugar de D_D_ uso P_R_, la cantidad de palabras sube a 12:

PARA
PARE (de parar)
PARÍ (de parir)
PARO
PERA
PERO
PERÚ
PIRA
PORO
PURA
PURÉ
PURO

Y si uso P_S_, la cantidad de palabras llega a 14:

PASA
PASE (de pasar)
PASO
PESA
PESE (de pesar)
PESO
PISA (de pisar)
PISE (de pisar)
PISO
POSA (de posar)
POSE
POSO
PUSE (de poner)
PUSO (de poner)

¿Alguien puede conseguir más palabras?

Los últimos días de diciembre

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Los últimos días de diciembre son una época agotadora. Al trabajo y las penas de siempre se suma la carga psicológica de “fin de ciclo”. Los saludos entrantes y salientes no ayudan a aliviar. Cualquier interacción con otro humano, en la calle, en los negocios, en el ascensor, implica un agregado de “felicidades” o algo por el estilo. Los mensajes que llegan por email pesan el triple. Quienes trabajamos a destajo sufrimos la proliferación de feriados, las semanas demasiado cortas, las interrupciones en el flujo normal de la vida.

Me haría muy bien que el folklore de fin de año se desplazara, por ejemplo, a agosto. Y la Navidad a abril. Entonces sí, que quede un buen feriado el 1° de enero, pero que nadie diga nada.

En la playa, de noche

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En la playa, de noche, camino lentamente hacia la orilla del agua. No hay nadie más. El cielo está nublado y oscuro. La luz de las pocas casas que hay detrás ilumina la arena de manera rasante, como un sol lejano y débil. Las pisadas y las ondulaciones de la arena parecen cráteres y montañas.

Miro a la izquierda y abajo, como si viera el suelo a través de la ventanilla de un avión, o de una nave espacial. Porque siento que sobrevuelo otro planeta. Podría decir que un centímetro equivale a un metro, de manera que mi altitud es de algo menos de doscientos metros, y avanzo lentamente sobre un terreno accidentado. Si hubiera alguien allá abajo, en esa superficie castigada por los meteoritos y sin atmósfera, sería igual a un pequeño escarabajo que lucha por trepar en la arena de una playa.

Disminuyo la velocidad. Giro suavemente. ¿Dónde estoy? No es Marte, porque el sol sería mucho más brillante. Tampoco Plutón, porque está demasiado lejos. Seguramente es una luna de Urano, o de Neptuno. Eso, una luna de Neptuno cuyo nombre no recuerdo, en la que ahora veo un canal largo y estrecho, una hondonada monstruosa, un pico elevado, un sistema de cráteres que avanza en arco.

El ruido de los motores llega en oleadas. Me detengo y levanto la vista lentamente, hasta el punto exacto en que la ilusión está por romperse. Un poco más arriba debería estar el espacio profundo y estrellado, ahí donde todavía sé que quedan la orilla del mar, la espuma que brilla en la oscuridad, la Tierra en la que todo es posible.

Soñé que me iba de viaje

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Soñé que me iba de viaje. Tenía dieciocho años y salía con una mochila al hombro. Estaba en algún lugar próximo, el Tigre o Ezeiza o algo así, esperando para la parte larga del trayecto, y me daba cuenta de que me había olvidado las cosas más importantes: plata, documentos, pasaje. Pensaba en hablar con mis padres por teléfono, pero aún dormían. Volvía a casa a buscar todo.

Mañana nos vamos de viaje por unos días y todavía no pensé ni un momento en qué debo llevar. Así que este es un sueño de advertencia. O de temor. O de culpa, quien sabe.

¿Por qué lo recuerdo, si casi nunca me quedan los sueños en la memoria?

No lo sé, pero siempre recuerdo los sueños de este estilo. Y pienso en dos sueños que vuelven con alguna frecuencia y que de un modo u otro tienen mucho que ver con el de anoche. En uno estoy fumando otra vez, cuando hace ocho años que dejé, y al despertar la culpa es tremenda. En el otro estoy en un escenario y tengo que tocar y cantar las canciones de veinte años atrás, que no he vuelto a ensayar y de las que no recuerdo nada.

Son, se podría decir, pesadillas suaves. Es que no hay monstruos, no hay peligro de vida. Lo que acecha es algo más profundo y más sutil. Y sin embargo igualmente invencible.

Desde fines de los ochenta

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Desde fines de los ochenta, con la proliferación de CDs, los discos de rock y pop se fueron haciendo más largos y a la vez más espaciados en el tiempo. Quienes venían publicando un disco de cuarenta minutos por año pasaron a publicar uno de sesenta o setenta cada tres años.

Ahora da la impresión de que la moda vuelve atrás. Están saliendo otra vez discos de cuarenta y pico de minutos, con más frecuencia (hay quienes vuelven a la producción más o menos anual).

No es que me guste seguir modas: tengo todos los prejuicios debidos al respecto. Pero reconozco que los discos tan largos habían empezado a cansarme. Es difícil escucharlos de una vez. Parecen estirados. Estos discos nuevos son compactos (valga la redundancia), no sobran minutos, tienen un “arco” de tensión más adecuado.

Pero seguro que ya todo el mundo había descubierto esto que digo.

Rápido, antes de que cambie

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Ir a Google, tipear “miserable failure” y hacer click en el botón “Feeling Lucky” (“Voy a tener suerte”). Disfrutar de lo que aparece.

(Y para cuando cambie: lo que aparece ahora es esto.)

(Lo recibí por email.)

Tiene un pote de pintura negra y un pincel muy fino

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Tiene un pote de pintura negra y un pincel muy fino. Empieza a trazar figuras sobre la pared blanca. Figuras delicadas, pequeñas, llenas de detalle. Después de varias horas la pared está cubierta por una filigrana de líneas y puntos, y sin embargo no queda satisfecho. Agrega detalles aquí y allá, rellena espacios, prolonga líneas, redondea vértices y pone puntas a los círculos. Cada vez es más difícil ver lo que hace, porque el negro va cubriendo la superficie entera. Pero sigue, porque lo tiene todo claro en la imaginación. Y así llega el momento en que la pared completa está negra. Entonces limpia el pincel como para empezar otra vez, y va a buscar un pote de pintura blanca.

Ak y Ok

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Ak y Ok están a un par de pasos uno del otro, dentro de la cueva, aplicando pigmentos a la piedra con todo cuidado. Son amigos, hermanos, compañeros de clan. Pero algo los separa: cada uno tiene un estilo diferente. Son estilos que aún no tienen nombre, porque ellos mismos los han inventado.

Ak mira lo que hace Ok y gruñe. Luego vuelve a atender su propio trabajo. Así ocurre varias veces, hasta que Ok se vuelve hacia Ak, molesto.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Lo que estás haciendo —dice Ak.

—¿Qué tiene de malo? —pregunta Ok.

Ak echa otro vistazo a la piedra de Ok y sacude la cabeza con asco.

—Eso no es arte.

Estoy en una burbuja

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Estoy en una burbuja, flotando sobre la ciudad, recostado como en una hamaca paraguaya. Tengo los dedos de los pies a la altura de los ojos, los brazos cruzados sobre el pecho, y miro hacia la izquierda, al horizonte que queda justo por encima de la azotea del edificio más alto.

Dicen que los chinos inventaron las burbujas, como tantas otras cosas. Pero estaban reservadas al Emperador y a los miembros más elevados de su corte. Cuando el Emperador salía a flotar en una burbuja, a quienes vivían cerca de la Ciudad Prohibida les estaba vedado mirar al cielo.

Hay que estar quieto, porque si no resulta peligroso. Sobre todo si uno tiene las uñas largas y se le ocurre hacer presión en la membrana delgada. O si no se ha quitado los zapatos y mueve los pies con brusquedad. O si ha quedado un mosquito aquí encerrado y uno lo persigue sin mirar dónde pega. En cualquiera de esos casos es probable que la burbuja, y uno mismo, se convierta en apenas un sueño.