Reconfortante

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Qué reconfortante es, a la mañana temprano, encontrar el frasco de mermelada casi lleno.

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No hay nada mejor para la creatividad que meterse hasta el cuello en proyectos que se parecen mucho a lo que uno quiere hacer.

No hay nada peor para la creatividad que meterse hasta el cuello en proyectos que se parecen mucho a lo que uno quiere hacer.

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Si algo puede salir mal, la culpa es de otro.

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Gracias a coso por los asteriscos.

Catamarca ejercerá la presidencia rotativa de la Unión Europea

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El año próximo Catamarca ejercerá la presidencia rotativa de la Unión Europea. “Será una ocasión especial para demostrar nuestro grado de compromiso con la reasignación regional”, dijo anoche el canciller catamarqueño, Rolf Uffmeier.

“Los desafíos de la reasignación no se han terminado tras la mudanza”, agregó el político. “Lejos de ello, es ahora que debemos trabajar con mayor firmeza para realizar el potencial de nuestros nuevos territorios.”

Esta postura difiere hasta cierto punto de la sostenida por el gobierno catamarqueño hace dos años, durante el momento más tenso de la disputa con los Estados Unidos. En aquel momento, Wolf Uschmeier, entonces presidente de Catamarca, sostenía que “los Estados Unidos han perjudicado enormemente a la Unión Europea al quedarse con África para su exclusivo beneficio”.

Las últimas encuestas, sin embargo, parecen apoyar el entusiasmo expresado por el canciller Uffmeier. Un abrumador ochenta y dos por ciento de la población catamarqueña considero “bueno” o “muy bueno” el resultado de la adquisición de Sudamérica como sede de la Unión Europea. Y no menos de un setenta y tres por ciento acuerda en forma “total” o “parcial” con la afirmación de que los viejos territorios estaban en decadencia terminal.

Por otra parte, la delicada cuestión de los habitantes originarios prácticamente ha desaparecido de la agenda pública, dado que según todas las informaciones disponibles los ex sudamericanos se encuentran bastante felices en Marte.

Ray siente la cabeza llena

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Ray siente la cabeza llena. De pie junto a la puerta de servicio, embutido en el traje negro, con la mano en la pistola y la pistola apenas oculta bajo el saco, los lentes oscuros para disimular la mirada de reojo, el labio superior apenas torcido hacia arriba, Ray se da cuenta de que tiene el cerebro colmado. Ha visto demasiado, ha oído demasiado, los recuerdos verdaderos y los recuerdos falsos han ido llenando cada rincón de memoria hasta no dejar más sitio. En los últimos días Ray ha experimentado la pérdida de algún momento de su vida, especialmente de la infancia, pero ahora viene algo peor, algo enorme, definitivo, un colapso.

Ray piensa si debería sacar el celular del bolsillo, marcar unos números y despedirse de alguien, pero desiste. No vale la pena. Y tal vez ni siquiera tenga tiempo, porque ahora que se acerca ese niño en bicicleta, ahora mismo Ray sabe que otro golpe de pedal ya no encontrará lugar y así vendrá la catástrofe. No bastará esta vez con eliminar años enteros de la escuela, o las caras de sus amantes, o las estadísticas de béisbol aprendidas a lo largo de toda la vida.

Ray necesita una solución, ahora mismo, pero tampoco le queda sitio para pensar en soluciones. El dedo índice se enrosca al gatillo, la pistola asoma del saco y parece que fuera a apuntar sola.

Entonces se oye el primer disparo, pero no viene del arma de Ray sino de adentro del edificio, allá donde la explosión hiere las paredes cubiertas de graffiti. Con precisión de cirujano, la bala elimina en un instante cada fragmento de escuela, cada rasgo de amante, cada partido de béisbol, cada niño que ha pedaleado ante los ojos de Ray, y así Ray tiene un momento, un solo momento del que casi no llega a darse cuenta, un momento brevísimo pero suficiente, valioso, inapreciable, de alivio.

Canjear por recuerdos

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Este es uno de esos cupones que las maquinas de Sacoa entregan cuando termina el juego.

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No sé si podré elegir los recuerdos, pero me gustaría canjearlo por la música de una película que se me fue para siempre de la cabeza. O por el final de una novela que leí hace tiempo y ya no se consigue. O por la cara de aquella chica del campamento en Valeria del Mar.

El casino huele a billetes viejos

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El casino huele a billetes viejos. Los billetes estaban aquí antes que el edificio, y lo único que hicieron los constructores fue juntarlos para levantar las paredes. Luego los cubrieron con una capa delgada de yeso, pintura amarilla, luces, mesas y charla casual.

Suena paradójico, pero los billetes viejos valen menos que cualquier cosa que se pueda comprar con ellos.

Sin comentarios

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Por algún motivo no andan los comentarios en esta página. Pero sí andan en los archivos mensuales. Hasta que encuentre la solución, quienes quieran comentar algo tendrán que ir a esos archivos. En fin. (Y si alguien tiene idea de lo que puede estar pasando, lo agradeceré mucho. También me dan error los intentos de reconstruir el weblog. Esto es Movable Type 2.63 con MySQL.)

Actualización: lo de los comentarios está arreglado, gracias a Lucas que encontró el error y me avisó.

Hay un camino de hormigas en el patio

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Hay un camino de hormigas en el patio. Va desde un agujero de la pared, a la entrada del pasillo, hasta las plantas de atrás. Son unos diez metros. El camino es grueso y transitado. Nervioso, podría decir.

Estoy sentado a la sombra del tilo, y podría ignorar por completo esa actividad si no fuera que las hormigas se la pasan tocando bocina. Son unos pitidos muy agudos y muy tenues. Cada uno sería indistinguible de los ruidos suaves que me envuelven en esta mañana de sábado. Pero la suma es un chirrido estridente, de grillos enloquecidos, que perfora los tímpanos.

Hace unos minutos vinieron los vecinos a quejarse. Tengo que hacer algo, aunque no me guste, y por eso aprieto el teléfono celular en la mano, mientras me aclaro la garganta en busca del tono de voz adecuado para hablar con el Ministerio.