Gente en el subte

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Las dos quinceañeras, de pie junto a la puerta, chupan sus chupetines como si nunca hubiesen oído hablar de pornografía.

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—Señoras y señores pasajeros, colaboren comprando estas lapiceras —dice el vendedor. Y olvida agregar: —Así tengo para hacerme otro tatuaje.

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La pelirroja que está sentada junto a mí es muy flaca y muy bonita. Va a bajar en la próxima estación, así que se pone de pie. Se envuelve en un tapado negro, enorme, y luego envuelve el tapado en una especie de chal, también negro, también enorme, y se cuelga al hombro un bolso enorme y negro. Por fin se va por el pasillo, convertida en gorila.