20 cuentos muy cortos

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1

El libro cerrado está sobre la cama. No vale la pena contar las luces porque hay una sola. Pero las sombras, ah, las sombras.

El ruido del cañón distante hace vibrar la tapa. O tal vez no sea culpa del papel sino de la mano que se apoya y tiembla. Detrás hay un haz de músculos tensos.

–Te veo el martes –dice la voz que se va.

Sí, pero ¿cuánto falta? Todo sería más fácil si supieras qué día es hoy.

* * *

2

La pollera le llegaba hasta las rodillas. Cruzaba el puente de noche, sobre una plataforma rodante, con la mirada en la punta de los zapatos. Podía haber acelerado la huida caminando, pero no lo hizo.

Era un blanco perfecto.

Algunas estrellas cambiaron de sitio. La sirena de un barco fantasma llenó la ciudad de miedo. La plataforma rodante alcanzó el otro lado del puente mientras una bandada de palomas despertaba por algún motivo incomprensible.

Los relojes tenían que dar la hora, y sólo dieron un indicio de que todo había dejado de funcionar.

Ahora sí, caminó. El ruido de los zapatos en la calle de ladrillos obligó a los perros a ladrar. Algo oscurecía la luna. El tiempo se hizo lento, espeso. Todos vivíamos en el fondo del mar, donde apenas podíamos llegar a peces.

La noche acabaría en algún momento, pero ni siquiera eso garantizaba nada.

* * *

3

Voy a ver un espectáculo de sombras chinescas. No sé cuántos actores participan, pero en el público sólo somos doce, repartidos en tres hileras de butacas. Estoy en la hilera de atrás, en la segunda butaca contando desde la izquierda.

Se apagan las luces de la sala y un reflector potente pone blanca, incandescente, la pared del frente. Aparecen las primeras sombras.

Al principio resulta fácil adivinar los dedos y las manos que forman una cabeza de perro, una paloma, un árbol, una pareja que se besa. Pero poco a poco las construcciones se hacen más complejas, y ya no se sabe cómo crean la ilusión de una ardilla, un banco de plaza, un árbol, un auto, un semáforo, un edificio de oficinas, una biblioteca, un anciano que camina con bastón.

Al mismo tiempo, delante de nosotros se desarrolla una historia. Quisiera relatarla, pero es tan tenue, tan vaga y sutil, tan verdaderamente hecha de sombras que desafía las palabras. Ni siquiera hay banda de sonido. Sólo se oye la respiración de los espectadores, una tos, movimientos involuntarios en las butacas.

El relato empieza con cierto sentido del humor, que lleva a una mujer situada en la primera hilera a reír sin control durante un minuto entero. Luego, imprevistamente, se pone tétrico. Hay muertes, caídas, terror. Con el transcurso de las escenas siguientes la desolación nos invade a todos. Alguien solloza. Durante un largo rato buscamos esperanzados el hilo que permita suponer un final feliz.

Pero no hay un verdadero final. Los personajes empiezan a desmembrarse, a perder fluidez, a olvidar los respectivos roles. Los lugares se deshacen en huellas apenas visibles.

De pronto empezamos a distinguir otra vez los dedos y las manos que han estado fabricando todo. Lo hacen a propósito. Dejan de simular que son otra cosa. Pero un minuto más tarde esos dedos y esas manos también se deshacen, en dedos y manos más pequeños. Y los pequeños dedos y las pequeñas manos se deshacen también, en otros que resulta difícil contar.

El proceso se repite dos o tres veces más, hasta que la pared blanca queda cubierta por una especie de bosque puntillista de dedos infinitesimales. Entonces se apaga el reflector y quedamos a oscuras. Empezamos a aplaudir.

* * *

4

Hay mil seiscientas cajas de madera apiladas hasta el techo, en este depósito oscuro y húmedo donde hace años que nadie entra. Los lados de las cajas están hechos con listones como barrotes, y entre los listones hay ranuras por las que apenas se puede ver el interior.

Cada caja contiene algo distinto. Algunos contenidos se mueven, pero casi todos están quietos. No es fácil deducir qué hay en cada caja, ni siquiera cuando se mueve, cuando tiene olor o se derrama hacia afuera.

Algunas cajas han caído al suelo y se han roto. Quedan pocos rastros de lo que guardaban. Hay maderas mordidas, rasguñadas, cortadas, partidas. Hay manchas azuladas, grises, negras. Hay grumos marrones y verdes.

Las puertas del depósito están cerradas por fuera, trabadas, encajadas en las paredes de manera que nadie pueda abrirlas otra vez.

Una linterna serviría para averiguar más. Pero no tengo linterna. Dependo de la luz del día que entra por una grieta de la pared, y ahora empieza a caer la noche.

* * *

5

A bordo del submarino nuclear опасность los violines nunca dejan de sonar. El sistema de audio se extiende por las tripas del submarino hasta todos los rincones imaginables, incluyendo algunos donde la tripulación no puede entrar. El clima interno, así, se ve modificado de un modo intenso, a veces para bien, a veces para mal.

Cuando hay una emergencia, los violines suben una octava. Cuando el submarino llega a puerto, bajan una quinta. No tocan ninguna música reconocible, avanzan y retroceden por melodías y series armónicas siempre cambiantes, improvisadas por la inteligencia artificial que comandaría la nave si el capitán se lo permitiera.

Los domingos, además de violines se oye una flauta. Pero no es electrónica.

Muchos tripulantes, hartos de tanto violín, usan protectores para los oídos. Por eso a bordo del опасность sólo resulta fácil comunicarse con aparatos, a través de teclados, por ejemplo. Mucho más fácil que con la gente, que anda por ahí con los oídos tapados y de mal humor.

El опасность evita los grandes puertos, los mares más transitados. Es un secreto. Un experimento que, hasta el día de hoy, está fallando.

* * *

6

Si alguien supiera en qué piensa Naría cuando entrecierra los ojos, inclina un poco la cabeza hacia abajo, hace chasquear los dedos de la mano izquierda, deja que un mechón de pelo negro le cubra la cicatriz de la mejilla derecha, curva hacia arriba las cejas depiladas esta misma mañana, sonríe como para sí misma y aspira hondo, preparándose para algo que sólo ella sabe, juntando la fuerza necesaria para, en el momento siguiente, actuar.

* * *

7

Es de metal. O de plástico. De metal, pero parece plástico. Tiene punta. Se va cubriendo de sangre. Gotea. Está agarrado a una especie de cuerda, o cable, que cuelga de un aparato con forma de cubo, apoyado en tres patas.

Sobre el cubo hay un engranaje, y en uno de los lados un reloj que marca las cuatro y diez. Más atrás, en la silla, varios libros sostienen una pirámide hueca, en cuyo interior hay una lámpara encendida

La cuerda, o el cable, tiene dos ramales, uno amarillo y el otro gris, el gris un poco más corto. El amarillo se balancea en el aire.

El cubo es de aluminio, está manchado y tiene las esquinas abolladas. A veces el reloj se detiene, y unos segundos más tarde arranca otra vez. El engranaje gira media vuelta con cada gota de sangre, o tal vez sea la gota de sangre la que resulta de cada giro del engranaje.

Todo el conjunto huele a viejo, a moho, a haber estado bajo llave durante mucho tiempo.

El charco que las gotas de sangre han ido formando llega a los pies de la silla. Ahora se terminan los gritos.

* * *

8

Los dos hombres están de pie, frente a frente. El de la izquierda habla sin parar, mientras mueve las manos como para dar más sentido a lo que dice. El de la derecha escucha con atención, pero no mira las manos sino los ojos del que habla, y a veces la boca. De vez en cuando asiente con un movimiento débil de la cabeza.

Una serpiente muy larga y muy delgada, de color gris verdoso, asoma de la nariz del hombre que escucha y se estira por el aire hasta entrar en la oreja derecha del hombre que habla. Ninguno de los dos parece darse cuenta de esa cuerda viviente que cuelga entre ellos y los une, y que poco a poco sigue fluyendo dentro de la oreja del que habla hasta que la cola se suelta de la nariz del que escucha y se agita mientras sube y sube y sube.

A todo esto, el hombre que habla se ha ido poniendo pálido, y ha empezado a perder el control de las palabras. Cuando la cola de la serpiente desaparece dentro de la oreja, el hombre que habla baja las manos y se calla. Un segundo después cae el suelo. Su cadáver se deshace en una montaña de cenizas.

Pero ha quedado una silueta, un fantasma, un recuerdo del hombre que hablaba que aún sigue de pie, y que poco a poco levanta las manos otra vez y retoma el discurso. En tanto, mientras vuelve a asentir con la cabeza, el hombre que escucha saca un escobillón que tenía medio oculto a sus espaldas y barre las cenizas del piso.

* * *

9

Foster se arrastra por el laberinto de túneles subterráneos, con la única luz de su casco y el peso intolerable del tubo de oxígeno.

De vez en cuando le llega el ruido de otros exploradores, que se arrastran por túneles diferentes.

O tal vez sólo sea el eco de su propio arrastrarse, que va y vuelve rebotando en las paredes curvas.

O tal vez no sea el arrastrase de nadie, sino el movimiento inconsciente de las rocas, que crujen, se acercan y se separan según el calor o el frío que les llegue por las aberturas de la Tierra.

O ni siquiera eso, sino el debatirse de los oídos de Foster, ansiosos por percibir algo que no provenga del cuerpo que los incluye y los lleva consigo en una aventura de final imprevisible.

O apenas la imaginación de Foster, el intercambio de cantidades minúsculas de energía entre sus neuronas desesperadas, que sólo esperan con deseo el momento de acabar con tanta soledad.

* * *

10

La larva está comiendo el tomo VI del Diccionario Enciclopédico, palabra tras palabra, ejemplo tras ejemplo. Atraviesa un Ponerle como chupa de dómine y al otro lado del papel llega a Jugar con dos barajas. No se detiene en Dar con los huevos en la ceniza ni en Más viejo que la sarna. Está muy ocupada en huir de la digitalización.

* * *

11

En el centro de esa línea en espiral hay un punto anaranjado que no tiene explicación. Las huellas llevan a cualquier parte menos al culpable. Sabemos muy poco, cada vez menos, como si el punto anaranjado nos fuese absorbiendo los depósitos de memoria.

Alguien pulsa un botón, pero no hay respuesta. Quién nos dice que el botón esté conectado a algo. Puede ser una trampa, pero si es así ya caímos.

Nos movemos lentamente, buscando los puntos de menor resistencia, tratando de aparentar que estamos todos de acuerdo. Clara sonríe, pero nadie le hace preguntas.

* * *

12

Todo se va poniendo amarillo. Es una plaga, una catástrofe, un desafío a las leyes de la física.

El olor de las uvas se pone amarillo. Alguna gente empieza a preocuparse.

Sale en los diarios: “El tacto de la seda se puso amarillo.”

Sale en la televisión: “El sonido de las bocinas se puso amarillo.”

Hay quienes corren en busca de refugio, pero no tienen dónde ocultarse porque sus propias percepciones los persiguen.

* * *

13

El policía, de pie en la vereda, toca silbato cada vez que alguien estaciona donde está prohibido. Mucho más arriba, en el balcón del sexto piso, Di Biase saca un pelo de gato de la pierna izquierda del pantalón y lo arroja en dirección al policía. El pelo se va hacia cualquier otro lado, llevado por las corrientes de aire, pero a Di Biase no le importa porque su venganza es simbólica. ¿Qué probabilidades hay de que ese pelo, dentro de diez minutos o seis días o cuatro meses, acabe justo en la gorra del policía? El policía, de todos modos, estornuda. Como si presintiera algo.

* * *

14

La piedra de los acantilados es casi negra, igual que el agua del mar, igual que las nubes de tormenta que pasan más arriba. Pero el paisaje está decorado con manchas de color: las puntas irisadas de las olas con petróleo, los restos color ladrillo de la casa del guardaparque que cuelgan en lo alto, la luz intermitente de un avión que vuela bajo.

La alegría y la pena están separadas por una línea curva.

* * *

15

Está pegando un papel en la puerta, con dos tramos de cinta adhesiva. Pone uno en la esquina superior izquierda, y el otro en la esquina superior derecha. El papel queda un poco torcido. Trata de despegar el tramo de la derecha, pero con él empieza a salir la capa de pintura blanca que recubre la puerta. Abajo hay una capa de pintura verde, que hasta ahora le resultaba desconocida.

Corta otro tramo de cinta y la pega sobre el verde. Luego la arranca, y ve que abajo hay una capa de pintura roja. Podría seguir del mismo modo y llegar al fondo de la verdad, pero tendría que ir a comprar más cinta adhesiva.

Va a tirar el rollo vacío a la basura y regresa al papel, que dice: “Esta puerta es mía.” Saca una birome del bolsillo y empieza a corregir el texto para que diga: “Esta puerta, con todas sus capas de pintura, es mía.” Debido a la posición, la birome deja de escribir justo antes de la a de “pintura”. Queda así: “Esta puerta, con todas sus capas de pintur”, y más abajo, “es mía”.

No importa. A quién se le va a ocurrir disputársela. Así como van las cosas, bien podría ser el último hombre sobre la Tierra.

* * *

16

A bordo del Barma Farma, en algún lugar del Océano Índico

Nick se mordió el lado derecho del bigote. Bajo sus pies, la cubierta se alzó lentamente y luego volvió a bajar. El mareo crecía con lentitud pero con firmeza. En unos minutos más llegaría al nivel máximo, y lo obligaría a inclinarse sobre la borda para vomitar otro poco de espuma,, indistinguible de la maravillosa espuma que adornaba las olas.

La música que llegaba del salón de fiestas era cada vez más insoportable. Trompetas dulces como caramelo, violines llorosos como chocolate, una cantante tierna como crema recién batida. Nick sintió que el estómago daba otra media vuelta, y a la vez percibió la mirada obtusa del capitán, borracho perdido durante dos décadas enteras, que lo contemplaba desde la claridad relativa de una escotilla a medio abrir.

–Mañana –dijo el capitán, estirando las vocales.

–¿Mañana? –preguntó Nick con un hilo de voz.

El capitán no respondió. Dio un paso atrás, y allá fue a reunirse con los violines y otro vaso de vodka.

Por encima de todos ellos, el sol iniciaba la última de sus tormentas.

* * *

17

–No, eso no –dijo Carla, y puso los ojos en blanco.

El operador aumentó el volumen de las risas enlatadas. Los ojos en blanco de Carla eran el punto más alto del programa. Los ponía en blanco cada día, desde 1984. El rating no dejaba de aumentar. La grabación de las risas enlatadas era la misma desde 1991, año en que habían reemplazado al productor general.

Francis empuñó el control remoto y cambió de canal. Pero los ojos en blanco lo perseguían. En todos los canales creía ver lo mismo. Levantó los pies y los usó para tapar una parte de la pantalla. El sonido de las risas enlatadas se hizo más suave, hasta mezclarse con las olas de un mar que lentamente fue inundando la ciudad hasta ahogar a todos los habitantes.

* * *

18

Los gases se expandieron hasta ocupar todo el espacio disponible. Los líquidos adoptaron la forma de sus recipientes. Los sólidos, en cambio, conservaron sus formas. En la clase de física, esta vez, todo anduvo de acuerdo con lo esperado.

* * *

19

Loriander Padla atravesó la habitación con tres pasos largos y abrió la ventana para que entraran los cuervos. El ruido de las alas fue un concierto de música étnica. El movimiento, un mar de cenizas levantado por el viento. Ojos, picos, garras: todo afilado.

El espejo giratorio se dio vuelta para enfrentar el espejo de la pared. La mirada de ambos se cruzó y así construyeron un pasillo infinito en el que los cuervos se metieron a buscar su propio reino.

Durante las horas siguientes, las luces se encendieron poco a poco. Alguien se asomó al borde del abismo y volvió para explicarlo a los demás. La nube roja avanzó con más rapidez que las otras, mientras el sol se quedaba en la cima de las torres. Nunca más volvió el invierno.

* * *

20

El irlandés se agazapa tras una roca mientras el castillo pasa al trote. Nada de magia. Nada de hechizos en la luna. El infierno está hecho de colecciones incompletas.

Traemos un vaso de vino al borde del lago. Es de noche. No hay estrellas porque el cielo está de viaje. Si jugamos con fuego podemos terminar borrachos, pero es poco probable que alguien venga a pedir revancha. Queremos correr riesgos.

El caucho apenas resiste. Cae una gota de lluvia, y ya estamos todos enfermos. No quedan cables lo bastante tensos. Empezamos a mirar hacia abajo. Llegados a este punto ya no hay nada que nos detenga.

Los oídos están tapados por una capa de algodón. El árbol, como de costumbre, no hace nada. Apenas hay viento. Tragamos las pastillas más dulces sin sonreír, como si el horizonte se estuviera acercando.

El dolor es rojo.

(Enero de 2004)

63 thoughts on “20 cuentos muy cortos

  1. Ésta es la prueba que, finalmente y sin ningún tipo de dudas, termina de comprobar que los lunes por la mañana son mucho, muchísimo mejores que lo que dicen por ahí.

    Gracias por tamaño regalo, Eduardo.

  2. juan arán

    Lamentablemete el unico cuento que me gusto fue el numero uno, los demas son muy largos y sin sentido al menos para mi.

  3. AthueL Argentino

    Gracias Eduardo por compartir sentires y mensajes.
    Atte. Un artesano

  4. dayana itcel velazqu

    no manchen hocea solo copie un cuento por que me urgia pero estan del asco

  5. bueno me parecio buy bonitos pero tambien deoerian hacer cuentos mas cortos para algunpos trabajos que dejan px kajajaajj bueno espero k me aigas en tendido jaj (:-) bye

  6. bueno me parecio buy bonitos pero tambien deoerian hacer cuentos mas cortos para algunpos trabajos que dejan px kajajaajj bueno espero k me aigas en tendido jaj (:-) bye

  7. andrea estefany

    hola solo puedodecir que me gustaron todos pero hay que hacerlos aun mas cortos

  8. aki io de new loka jajaja
    no p’zzz solo les digo algo naketes

    dejen empaz los cuentos no zoii ni chikilla ni grande zoii una morra normal ok

    bn colomia puro simbolo star ok

    bno p’zzz dejen empaz los cuentos x k io digo ok

    zino los voii a reportar jaja puro pex pero no io ia les dije dejen empaz los cuentos son patra niñoz no para nac@s como ustedes ok

    biiieeee…ridiz..selosos los k dicen cosas de los mexicanos

  9. estos kuentos son un asco ni si quiera se deberian poder llamar kuentos yo los puse para contarle uno a mi amada y vomite los cuentos

  10. estos

    no manches pinches cuentos sarros yo ni en is tyempos mas remotos de apuracion copeo uno

  11. El libro cerrado está sobre la cama. No vale la pena contar las luces porque hay una sola. Pero las sombras, ah, las sombras.

    El ruido del cañón distante hace vibrar la tapa. O tal vez no sea culpa del papel sino de la mano que se apoya y tiembla. Detrás hay un haz de músculos tensos.

    –Te veo el martes –dice la voz que se va.

    Sí, pero ¿cuánto falta? Todo sería más fácil si supieras qué día es hoy.

    ¿Martes? ¿Qué día es martes? ¿Hoy? ¿Qué día es hoy?

    Incierto, en un cuarto en el que pocas señales de tiempo da. Incierto para el chico, única señal de vida en él. Y ese cuarto es este, y ese chico soy yo.
    Ni las luces, ni las sombras, ni el calendario me podran ayudar.
    Aqui he despertado de un sueño que vigente, parecía eterno, pero ya no. Pero¿Cuákl fue el sueño? ¿Quién soy yo? No recuerdo nada antes de ese sueño, ni el sueño, ni yo.
    “No sos nadie”, me ayuda la lógica, no la escucho, me sobreestimo, y me apodero de una situación que me maneja facilmente. Pero facil también la solución, la no-solución. No soy nadie, no tengo pasado, no soy yo, ni siquiera yo.
    Mi cara, necesito ver mi cara. No hay espejos, tampoco estoy yo.
    Esa voz, anunciado que nos volveríamos a ver. Cuando nunca nos vimos. ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegue hasta aquí? Me preocupa saber que tengo tantas preguntas y tan pocas respuestas, y mas aún, muchas de esas respuestas no encajan con ninguna de las tantas preguntas.
    Algo raro pasa, ya lo sé, no responde a ninguna de las preguntas.
    Intento recordar el sueño, y intento recordar quien soy. Que paso, antes del sueño.
    Quizás acá he nacido, en este cuarto, ahora, pero no. Algo me dice que no.
    Porque recuerdo las cosas, sus nombres.
    ¿Y porque ese sueño? ¿Por qué hablo de un sueño, ni siquiera lo recuerdo, como sé que existió? Tampoco conozca la respuesta a esa pregunta, pero lo recuerdo, tuve un sueño, lo supe cuando me desperté, eso si lo recuerdo. Recuerdo haber tenido ese sueño, y en su momento quizás hubiese podido recordarlo, pero no. ALgo se interpuso, esa voz.
    “Te veo el martes” ¿Qué día es hoy? Y nunca respondió. Se ha ido. Eso creo. Son todas suposiciones, cuando despiertas en un lugar desconocido, cuando no sabes quien eres, cuando no sabes porque estas ahí.
    Supongo que se ha ido, porque nunca respondió. Quizás aun me escucha, quizás solo sea una voz. Algo raro pasa.
    Vuelvo a las pregutnas luego de un paseo por preguntas que aún no han llegado.
    ¿Por qué aún no he salido? La puerta, obvia desición.
    ¿Dónde esta la puerta? Paredes blancas sin más que ese reloj. Un cuarto vacio, más alla de esta cama, de este libro, y de ese cañon.
    Son tan pocas cosas que me facilitan el decidir por donde empezar.
    El libro, lo abro. Página vacía, sigo la lógica y miro la segunda, también, y la tercera, también. Hago una rápida pasada por todas, y todas, también, vacias. Casi cierro el libro pero retrotraigo esa acción, algo había, lo puedo asegurar. En algun lugar ví algo. La última página. “Fin”

  12. Bueno, tengo por principio, en principio, el no subestimar al lector. Más aún, lo elogio totalmente al escribir como escribo, dejando el cierre a su disposición y dependiente de su capacidad.
    Entre de pedo en este blog, buscando “cuentos muy cortos”. Antes había abierto el word e intentado escribir, pero 2 segundos duró el intento hasta el cambio de idea: Buscar un cuento para seguirlo.
    El cuento debería ser corto, por lo que googlié: “cuentos muy cortos”.
    Ya con este cuento, el primero, decidí ponerme a escribir, lo vi atractivop para la tarea que me había planteado, principalmente, y en un principio, porque parecía poco cerrado, claro está, como la mayoría de los cuentosque se puedan escribir en tan pocas líneas y no tengan en sus planes ser una bizarrada.
    Para no seguir aburriendo, no investigue, pido perdón por eso, y ya estoy aquí. Quiero decir, no se quien es el autor del blog, pero ahi le dejo mi recuerdo. Como alguien siguió su cuentito. Y ahora empiezo a pensar en aprovechar este recurso, más allá de si ya se ha hecho o no, pido a los lectores,y comentadores a la vez,que digan lo que tengan que decir con respecto a eso.
    En fin. Si alguien quiere seguir el texto, que parece cerrado pero no lo está, bienvenido sea y le estaré muy agradecido. También sugiero que se puede hacer algo anterior, al cuentito que el presente blogger nos facilito.
    Sin más, espero que sirva, y que algún dia juntos podamso escribir un libro, y vuelvo a decir, si ya se ha hecho que alguien me informe alrespecto, y veremos como aprovechar nuestar creatividad por otro lado.
    Mi casilla, asi me avisan…
    mechupa1huevo@hotmail.com
    Un gusto.

  13. buneo la verdad los q lei me sonaron muy mal bueno yo les voy a contar un cuento mio q invente con una amiga
    la princesa trola!!!
    habia una ves una campesina q era fea,muy fea,realmente asquerosa, en fin era fea!!!!
    un dia se enamoro de una pricesa y se dio cuenta q era un pokito rara.
    la princesa tambien era rarita
    en tonces se casaron
    pero el problema era q no podian tener hijos entonces la campesina se tiro un tiro.
    la princesa festejo x q la campesina se abia muerto
    y entonces FIN!!!

  14. la verdad que re entretenidos y fluidos.muy buenos.
    Y para todos los deformes que se hacen los lectores y critican sin saber, empiezen por los tres chachitos!

  15. DEFORMES!!! ni escribir!!
    hay que darle las gracias a “mariela” por escribir su lado más inteligente en esta pagina, gracias por tu esfuerzo MARIELA!!

  16. NENITA

    OYE LA VERDAD NO LO ENTENDI MUY BIEN PERO MUY BIEN POR ESFORZARTE SIGUE ASI Y SERAS UNA GRAN ESCRITORA

  17. halmar

    la verdad no me gusto ni uno deberian hacer cuentos que tengan sentido para trabajos como yo que estaba buscando uno para literatura

    atte. Halmar

  18. vale

    no me gustaron si tuviera que elegir entre ver esto y quemar la escuela para tener muchos problemas quemaria la escuela y ademas se supone que son cortos no de 50 renglones jajajajaja

  19. maria

    hola soy maria palacios tengo 14 años me parece q no esta muy bueno el cuento no tiene titulo no tiene sentido digamos eso tenes q esforsarte mas bueno ojala te ayude lo q te escribi chuuuuuuuuuuuuuu

  20. esmeralda

    holasoy esme gracias por todo pero no es lo que buscaba de todos modos gracias

  21. alejandra

    no hay cuentos eso no se vale ahi solo estan miles de cosas que no son cuentos

  22. vanessa

    ammm nadamas les queria decir q sus cuentos estan del asco deverian ponerle titulo y ni si quiera les entiendo no tienen sentido osea q les pasa yo creo se tardaron años en aser esos cuentos

  23. estos cuentos son muy aburrido y fastidian estos cuentos mejor esta pajina bale basura y en mi y dioma la de simo adios basurra

  24. elle

    INTERESANTE QUE HAY QUIEN NO SABE APRECIAR EL ARTE DE ESCRIBIR…. SIMPLEMENTE EXELENTE… AMIGO… LEE BIEN ESTO,.. GRABATELO.. GUARDALO…

    A VECES SE NECESITA UN POCO DE EGO PARA SER UN BUEN ESCRITOR

  25. César Peñaloza Roa

    Cuestión de estilo y de esperar que nos cuenten las cosas como siempre han sido. Cuestión de no aceptar intimamente que Blanca Nieves es la viuda del Lobo… ¡y qué feroz! Me gusta tu manera personal de decir. Un poco más de kilometraje,… y listo.

  26. NICKY LOPEZ

    ESTOS VUENTOS CORTOS SON LO MEJOR
    TE PONEN A PENSAR Y TE HACEN REFLEXIONAR
    MUCHAS FELICIDADES!!!!!!!!!!

  27. alexa

    muchas felicidades por tu excito me ancantaron los cuentoss sonn realmente fantasticos sigue hasiendo mass !
    estaann GENIALES!
    ;)

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