Temía que alguien de ojos rojos

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Temía que alguien de ojos rojos la esperara oculto en la esquina y la asaltara en mitad de la noche. Ropa negra, silencio, poca luna. Un gesto, un golpe. Miedo a todo, pero más que nada a los ojos rojos. Tiró de la sábana hasta taparse la frente, se abrazó a sí misma, y cerró sus propios ojos rojos para tratar de dormir.

Lista encontrada número 6

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  • Ciencias naturales
    Astronomía y astrofísica – Biología – Física – Geología – Matemáticas – Química
  • Ciencias sociales
    Antropología – Derecho – Economía – Educación – Filosofía – Geografía – Historia – Lingüística – Política – Psicología – Religión – Sociología
  • Ciencias aplicadas
    Explotación de los recursos naturales – Ciencias de la salud – Informática – Ingeniería – Telecomunicaciones – Transporte
  • Arte
    Arquitectura – Artesanía – Artes gráficas – Cine – Danza – Escultura – Fotografía – Historieta – Literatura – Música – Pintura – Teatro
  • Ocio
    Espectáculos – Deporte – Gastronomía

Vidas paralelas

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A M. le gustaba escuchar los aviones, sobre todo al amanecer, cuando los otros ruidos de la ciudad les dejaban libre el aire y también la imaginación. Todavía en la cama, giraba la cabeza hasta tener el mejor ángulo para los oídos y disfrutaba de la aparición de las turbinas, el crescendo apenas perceptible, la ilusión de poder distinguir cuándo el avión despegaba y, un momento después, daba un giro a la izquierda para apuntar al río.

Había distintas clases de turbinas, aunque no podría precisar cuántas, ni qué las diferenciaba: cada madrugada parecían diferentes, compuestas por un conjunto nuevo de subruidos, distorsionadas por un conjunto nuevo de vientos y presiones atmosféricas, interpretadas por un conjunto nuevo de emociones y expectativas.

M. no sabía nada de aviones, salvo que a esa hora del día, antes de que todo lo demás empezara, practicaban su ejercicio especial para ella, el ballet monótono, el encanto sin razón.

Cada vez que se ponía a escuchar tenía la misma fantasía, o deseo, o terror: que el ruido de las turbinas se interrumpiera con un ruido de catástrofe, un choque, una explosión. No tenía idea de cómo sería ese otro ruido, cuán fuerte en relación con las turbinas, cuán largo, y ese desconocimiento era un obstáculo para perfeccionar la ilusión. “Tal vez”, pensaba M., “la catástrofe acaba de ocurrir, y simplemente no llegué a oírla”.

En la ventana de enfrente, a T. le gustaba crear ruidos de la nada, sintetizando sonidos en las tripas de la computadora, manejando con el mouse y el teclado un universo arbitrario que sin embargo solía mostrar inidicios del mundo de afuera. Los aviones eran su tema favorito: grandes jets, con turbinas mayores que un departamento sonando a lo lejos como un trueno constante.

Había logrado la imitación perfecta de ese ruido neblinoso en la distancia, y podía manipularlo para que se acercara o se alejara en la ilusión. Entonces jugaba a variarlo, a agregarle pequeños detalles que iban creando marcas y modelos de aviones de distintas épocas, distintas civilizaciones, distintos mundos. A veces eran aviones imposibles, aviones imaginarios, y otras eran aviones tan reales que casi saltaba a ver por la ventana el paso lento de una forma gris. T. no se documentaba, no buscaba el ruido verdadero, porque sabía que lo tenía en su interior, que podía extraerlo de las teclas y el mouse con la precisión de un sueño.

Pero T. quería ir más allá de ese poder creativo: esperaba tener los elementos suficientes para un día crear también la destrucción. Era difícil. Debía imaginar el ruido exacto de un choque, de una explosión, y su relación precisa con las turbinas. No necesariamente imitando la realidad, sino en sintonía exacta con esa fibra interna que parecía capaz de juzgar tales asuntos. El emprendimiento era tan complejo que aún no se atrevía a encararlo. Estaba claro que un fracaso inicial arruinaría las cosas para siempre, le quitaría ese carácter de espejismo que aún a él, el creador, lo envolvía. De manera que se armaba de paciencia y seguía explorando.

Sobre todo al amanecer.

Lista encontrada número 5

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  • Juha by Juhani Aho
  • The Pleasures of a Single Life, or, The Miseries Of Matrimony by Anonymous
  • Juana by Honoré de Balzac
  • Mappo, the Merry Monkey by Richard Barnum
  • Ethel Hollister’s Second Summer as a Campfire Girl by Irene Elliott Benson
  • Nick of the Woods by Robert M. Bird
  • Les Roquevillard by Henry Bordeaux
  • The Heavenly Footman by John Bunyan
  • Buffalo Roost by F. H. Cheley
  • John Rutherford, the White Chief by George Lillie Craik
  • De l’origine des espéces by Charles Darwin
  • Studies in the Psychology of Sex, Volume 1 by Havelock Ellis
  • The Sign Of The Red Cross by Evelyn Everett-Green
  • Bouvard et Pécuchet by Gustave Flaubert
  • Dictionnaire des idées reçues by Gustave Flaubert
  • Madame Bovary by Gustave Flaubert
  • Kaksi by Theodolinda Hahnsson
  • The Romanization of Roman Britain by F. Haverfield
  • The Dweller on the Threshold by Robert Smythe Hichens
  • Beautiful Britain by Gordon Home
  • Ulysses by James Joyce
  • Koskenlaskijan morsian by Väinö Kataja
  • In het Balkanbergland van Bulgarije by Louis de Launay
  • Nonsense Books by Edward Lear

Lista encontrada número 4

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  • que los enemas de café curan el cáncer,
  • que el monstruo del Lago Ness existe,
  • que los grabados de los billetes de dólar explican conspiraciones secretas

Lista encontrada número 3

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  • 1981 Los Glaciares
  • 1984 Parque nacional de Iguazú
  • 1999 Cueva de las Manos, Río Pinturas
  • 1999 Península Valdés
  • 2000 Manzana y estancias jesuíticas de Córdoba
  • 2000 Parques naturales de Ischigualasto y Talampaya
  • 2003 Quebrada de Humahuaca

Lista encontrada número 2

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  • FORMACION PROFESIONAL
  • INFORMACION DE INTERES
  • SOLICITUDES
  • LEGALES Importante!
  • INFORMACION INSTITUCIONAL
  • CENTRO DE AVISOS DE CENIZAS VOLCANICAS
  • USUARIOS REGISTRADOS

Lista encontrada número 1

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  • maquinaria (fotocopiadoras o camiones grúa),
  • productos alimenticios (maíz dulce crudo o cocinado),
  • textiles (anoraks, pantalones, vestidos o zapatillas deportivas) y
  • papelería (álbumes, pañuelos de papel, agendas o bolígrafos)

Epifanía

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Foto por Eduardo Abel Gimenez

El afiche de la foto es una partitura que imita el aspecto de la catedral de Colonia (Alemania), obra de Geoffry Wharton. Lo tengo colgado de la pared, detrás de mí. El monitor reflejado muestra un aspecto de GMail, que tal vez sea el dios al que todo esto hace referencia.

Firefox 1.0

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Acaba de salir Firefox 1.0. Ahora no queda ninguna razón para seguir usando Internet Explorer.

No se trata de una cuestión ideológica, ni “anti Microsoft”. Firefox es un programa mucho mejor, y además gratis.

Algunas ventajas:

  • Bloquea los popups. Basta de ventanas intrusas con avisos indeseados. (Pero si uno los quiere permitir para un sitio en particular, ningún problema.)
  • “Tab browsing.” Se puede abrir varias páginas en una misma ventana (u optar por ventanas separadas cuando convenga). Difícil de explicar como virtud hasta que se lo experimenta, y luego completamente indispensable.
  • Trae Google (y otros buscadores) incorporado a la barra de herramientas. También es mejor la función “Buscar” dentro de una página. Hay que verla para apreciar la diferencia.
  • Incluye un administrador de bookmarks (favoritos) que por fin da ganas de usarlo.

Hay más, incluyendo cuestiones importantes como la mayor seguridad (que no detallé arriba porque es un tema que no puedo describir con precisión).

La desventaja es que hay sitios que están hechos para Internet Explorer, y no funcionan del todo bien con Firefox. Por ejemplo, el diario Clarín. Pero esto debería ir cambiando a medida que Firefox se difunda.

Es en serio. Para muchos de nosotros, el navegador es de lejos el programa que más usamos. Firefox significa una mejora importante en nuestra calidad de vida.