Quinto tema (tras una pausa de varios días) de la colección Música de computadora 2, que de a poco va reuniendo música que hice en 1987 con el programa Music Studio en una Commodore 128 funcionando como Commodore 64. Interior empieza como una convencional melodía-sobre-arpegio, pero degenera bastante pronto en algo muy experimental… para tratar de hacerse amigo otra vez hacia el final.
En diciembre de 1983 empecé a grabar un segundo cassette, Otros lugares, en el estudio de los Vitale, en Villa Adelina, con Lito Vitale como técnico de grabación. (El primero fue Juegos Imposibles, ya publicado aquí en La Mágica Web.) El título era también el de un proyecto de libro que nunca fue, que iba a incluir los cuentos “Quiramir”, “Los espectadores” y “Páginas de un catálogo”, y la novela corta Un paseo por Camarjali.
Ese mes quedó toda la música registrada y empezamos la mezcla. Pero Lito tuvo un accidente con la bicicleta, se fracturó una clavícula, y hubo que esperar hasta fines del verano para terminar. Por eso en mi cabeza quedó 1984 como el año de este cassette.
Esta es la tapa desplegada (click en la imagen para verla más grande y legible):
Muestra una escultura de Alejandro Rozlosnik, fotografiada por Rafael Moctezuma. El diseño es de Juan Lo Bianco.
Durante las semanas pasadas fui presentando los temas uno por uno. Aquí están todos juntos, para esuchar directamente a través del navegador (click en el botón de play correspondiente) o bajar en mp3 (click con el botón derecho en el título del tema a bajar, y “guardar como”).
El efecto de “mar de madera” llamó la atención en aquellas épocas tan analógicas, y no estoy seguro de querer develar el secreto… (Aunque en los comentarios del post en que primero publiqué el tema, Gustavito lo descubrió.)
Hay guitarras, charango, flauta dulce contralto, bombo, percusión sobre las piernas, una jarra de vidrio…
El título viene de un texto de “Correo de Imaginaria”, sección que tuve un tiempo en la revista Expreso Imaginario. Salió en el número 46, en mayo de 1980, y decía así:
La lluvia que juega
En Imaginaria hay dos clases de lluvia. La lluvia de verdad, la que todos esperan en el campo y odian en la ciudad, y la que ayuda a vivir y provoca inundaciones, es una de ellas. La otra es la lluvia que juega.
No es que la lluvia que juega no ayude a vivir ni provoque inundaciones: la lluvia que juega aparece y desaparece por cualquier parte, adivina si llevaste paraguas, y llueve cuando no lo llevaste, se ríe de los meteorólogos, cae de abajo hacia arriba si tiene ganas, le da lo mismo si sale el sol, y nadie sabe de dónde viene.
Hay quien cree que la lluvia que juega no existe, que los imaginarianos la inventan cuando el mundo les parece demasiado conocido, demasiado explicado. Los científicos, por ejemplo (para quienes el mundo nunca está lo bastante conocido o explicado), aseguran que la lluvia que juega es imposible, pero otros contestan diciendo que son los científicos los imposibles.
Y mientras sigue la discusión, la lluvia que juega se esconde atrás de una silla, para mojarte en cuanto te sientes.
Último tema del lado A, y el más corto de todos. Una sola guitarra, que tocó Sergio Moldavsky. Es el único momento en todo el cassette en que no toqué un instrumento (y la explicación es fácil: no me salía).
Charango, guitarras, flautas dulces, pandereta y derbake. Con este tema empieza el lado B del cassette. Es el único con un toque folklórico deliberado, aunque raro. Fue a partir de este tema, creo, que Jorge Varlotta empezó a decirme que yo componía “carnavalitos griegos”. Le discutí bastante, convencido de que lo mío era folklore marciano.
Un tema cortito, tranquilo (excepto el derbake que, me parece, suena demasiado fuerte). Me di el gusto de tocar castañuelas, cosa que por suerte no volví a intentar desde entonces.
Sólo un par de guitarras y la voz de Cecilia Gauna cantando sin letra.
Igual que La lluvia que juega, el título viene de un texto de “Correo de Imaginaria”. Salió en el número 37 de Expreso Imaginario, en agosto de 1979, y decía así:
El desierto variable
En Imaginaria hay un desierto variable: uno nunca sabe dónde está, ni qué cosas estará planeando entre dunas y tormentas de arena. No es raro levantarse una mañana y descubrir que la casa de uno está a veinte metros de un oasis, o en la cima de una torre de arena.
Los imaginarianos parecen un tanto indiferentes ante esta actitud del desierto. Como mucho, se asombran los primeros cinco minutos, o cuando abren una canilla y brota una hilera de granitos amarillos, o cuando salen al patio y encuentran una playa interminable. Después dan media vuelta y se ocupan de algo más importante.
—Lo que pasa —dicen, cuando uno les pregunta— es que en Imaginaria las cosas son libres, hacen lo que se les ocurre.
—¿No pueden impedírselo, de alguna manera? —insiste uno.
—¿Para qué?
Mientras tanto, el desierto variable cubre un bosque, un sembrado, una ciudad, un lago, y después se va, dejando apenas una estela que desaparece durante la noche.
Igual que La lluvia que juega, el título viene de un texto de “Correo de Imaginaria”, sección que tuve un tiempo en la revista Expreso Imaginario. Salió en el número 37, en agosto de 1979, y decía así:
El desierto variable
En Imaginaria hay un desierto variable: uno nunca sabe dónde está, ni qué cosas estará planeando entre dunas y tormentas de arena. No es raro levantarse una mañana y descubrir que la casa de uno está a veinte metros de un oasis, o en la cima de una torre de arena.
Los imaginarianos parecen un tanto indiferentes ante esta actitud del desierto. Como mucho, se asombran los primeros cinco minutos, o cuando abren una canilla y brota una hilera de granitos amarillos, o cuando salen al patio y encuentran una playa interminable. Después dan media vuelta y se ocupan de algo más importante.
—Lo que pasa —dicen, cuando uno les pregunta— es que en Imaginaria las cosas son libres, hacen lo que se les ocurre.
—¿No pueden impedírselo, de alguna manera? —insiste uno.
—¿Para qué?
Mientras tanto, el desierto variable cubre un bosque, un sembrado, una ciudad, un lago, y después se va, dejando apenas una estela que desaparece durante la noche.
Este ejemplar del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española dirigido por Don José Alemany Bolufer, editado en Barcelona en 1933, llegó a mi padre en 1937, cuando él tenía trece años. La primera imagen muestra la portadilla. Aquí, todavía mejor, se ve el libraco desde arriba:
No es muy grande. La tapa tiene unos 12 centímetros y medio de ancho por 19 de alto. Pero el libro tiene casi nueve centímetros de grosor, con sus 1.425 páginas numeradas.
Lo recorrí muchas veces cuando era chico, a principios de los sesenta. Me fascinaban las ilustraciones con que empieza cada letra, como la A que aparece acá:
(Click en la imagen para verla más grande. Vale la pena.)
Hacía años que no lo veía, porque su lugar habitual es un estante en la biblioteca de mi padre. Ahora se lo pedí prestado para recordar algo de aquel viejo disfrute. Espero, en los próximos días, mostrar aquí algunas de las maravillas que esperan en su interior.
Ahora es el momento en que quiero dar el paso, hacer el gesto, iniciar la acción que ramifica el espaciotiempo y crea un universo paralelo. Pero mi temor es quedarme en este, donde tal paso, gesto o acción nunca empieza.
Tercer tema del lado B del cassette “Otros Lugares”. Hay muchos instrumentos, sobre todo de percusión, y varias partes distintas. Fue el único tema (creo) en que usé los 16 canales del estudio.
Sigue el lado B del cassette “Otros Lugares”. Un tema cortito, tranquilo (excepto el derbake que, me parece, suena demasiado fuerte). Me di el gusto de tocar castañuelas, cosa que por suerte no volví a intentar desde entonces.
Vengo diciendo que Otros Lugares es de 1984, pero volví a mirar la info de la tapa y ahí dice que lo grabé en diciembre de 1983. Sin embargo, al menos la mezcla de los temas 4 a 10 fue en febrero o marzo del 84, después de que Lito Vitale se curara de una fractura de clavícula (tal cual, pobre) que se hizo al caerse de la bicicleta, y que le impidió terminar el trabajo en diciembre. Como el otro cassette, Juegos Imposibles, es de principios del 83, prefiero seguir conque Otros Lugares es del 84. Por lo menos, así me quedó registrado en la cabeza.
Charango, guitarras, flautas dulces, pandereta y derbake. Con este tema empieza el lado B del cassette “Otros Lugares”, que grabé en 1984. Es el único con un toque folklórico deliberado, aunque raro. Fue a partir de este tema, creo, que Jorge Varlotta empezó a decirme que yo componía “carnavalitos griegos”. Le discutí bastante, convencido de que lo mío era folklore marciano.
Cuarto tema de la colección Música de computadora 2. Una broma, digamos, y por eso el título. Igual que los tres anteriores, armé Musiquita en 1987 con el Music Studio, un programa que permitía aprovechar las tres voces de la Commodore 64 escribiendo una partitura en pantalla.
Parque Tres de Febrero es una galería con 17 fotos que saqué hace unos días, para ver a pantalla completa, de 1000 pixels de ancho por 750 de alto. Se empieza haciendo click aquí, y basta con seguir haciendo click en cada imagen para que aparezca la siguiente. Luego de la última imagen se va a la página inicial de Mágica Web.