Cuento con la sombra de este sol gastado. El color es ocre. La mañana se escapa. No hay permiso para atravesar el bosque, y sin embargo los niños huyen hacia el Norte. Me inclino hacia adelante para verme los pies. Es invierno. Es triste. Es moneda corriente. El arroyo barato se escurre al otro lado del pasto como si fuera la primera vez. Tal vez llegue al mar.
Uno de los ángulos de arriba de la ventana del living se está redondeando. Lo mismo pasa con la esquina delantera izquierda del escritorio: donde había un unirse de rectas ahora aparece un arco, y el arco crece un poco cada día.
En cambio, la pelota de fútbol de mi hijo tiene más dificultades para rodar. Y al sol, aunque no puedo mirar mucho, me parece que le están creciendo ángulos.
Eso sí: no mires ahora, pero tus ojos siguen iguales.