Ayer volví de Córdoba, donde se presentó mi novelita juvenil Quiero escapar de Brigitte. La publicó Editorial Comunicarte, en la colección Veinte Escalones, que dirige Carolina Rossi. Esta es la tapa, con diseño e ilustración de Mónica Weiss:

Fue un lindo viaje. Conocí gente espléndida. Me trataron muy bien. Ahora me gustaría publicar libros (y viajar) todos los meses.
Así empieza la novela:
Brigitte. Único planeta de la estrella Nux, en el Cúmulo de Caba-renlaj. Tiene dos lunas: Bino, con dos cuernos, y Trino, con tres. Es famoso por sus criaderos de bagires, animales de comportamiento caprichoso muy empleados en los circos de toda la Galaxia.
Sus tierras habitables se dividen en dos continentes, el Norte y el Sur, separados por el Océano Central. El continente Norte es una gran extensión salvaje y primitiva, de la que poco se sabe. En el continente Sur, por el contrario, predomina la población urbana.
(…) Dos organizaciones políticas se dividen el planeta. El Imperio de Calabán ocupa el noventa y tres por ciento de la superficie, incluyendo todo el continente Norte y la mayor parte del continente Sur. Aislado de la Galaxia a causa de sus prácticas atroces, condenadas por la Convención Galáctica de Derechos Humanos, el Imperio se encuentra en un estado tecnológico relativamente primitivo. (…) Es célebre por su arquitectura y por su historia el Palacio de Calabán, situado en la ciudad de Valabud.
El siete por ciento restante está ocupado por las Mil Quinientas Repúblicas Unidas. En su capital, la ciudad de Fluz, se encuentra el único puerto espacial de Brigitte, y por lo tanto la única conexión del planeta con las vías comerciales y culturales del universo. Los intentos del Imperio de anexar las Repúblicas a su territorio han fracasado gracias a la enérgica acción de los Mundos Unidos.
(…) Antes de la fundación de los actuales estados, hace miles de años, una guerra nuclear destruyó buena parte de las riquezas naturales del planeta. La radioactividad dejó dos huellas que aún permanecen: por un lado, el inmenso desierto de Zaj; por el otro, la extraordinaria población de mutantes del territorio que los brigittianos llaman el Borde, en el continente Sur, alrededor del Río del Fin del Mundo.
(Diccionario Incompleto de Lunas, Mundos y Otros Objetos Esféricos. Publicación del Centro. Año 12375 de la Era Galáctica.)
Mapa parcial del continente Sur

1. Palacio
De acuerdo con las instrucciones, entré al Palacio por la azotea. Era después del almuerzo, cuando los guardias estaban borrachos, pesados y con pocas ganas de trabajar. Oculto tras una estatua del dios Bulbul, abrí el frasco de ácido y lo incliné suavemente hacia el piso.
No sabía que la estatua, que tenía un mecanismo de relojería en su interior, alzaba los brazos a las tres en punto de la tarde y los abría en abanico. De acuerdo con los creyentes, así mostraba su generosidad con la creación y había que sentirse agradecido. Pero a mí me tomó por sorpresa. El brazo izquierdo me dio en el cuello, y el frasco de ácido se me escapó de las manos.
El espectáculo debía figurar en todas las guías de turismo. Ahora que miraba bien, había un montón de curiosos allá abajo, sacando fotos del acontecimiento. Una caravana de autobuses, con los conductores aburridos a bordo, esperaba más lejos. Los turistas estaban entusiasmados: no sólo veían la actuación previsible del dios Bulbul, sino que al mismo precio se agregaba la invalorable presencia de un asaltante que, torpe y despeinado, trataba de atrapar el frasco de ácido mientras rodaba por el piso, sin quemarse las manos. Me señalaban, reían de felicidad, ponían al máximo el zoom de sus cámaras para inmortalizar mi expresión de sorpresa.
Traté de ignorarlos. Cuando recuperé el frasco se había derramado todo. Quería que el líquido perforara el techo, para deslizarme sin ser visto hasta la cámara que había debajo. Para eso necesitaba apenas unas gotas, y ningún testigo. El contenido íntegro del frasco siguió su curso destructivo con una mesa de caoba procedente de los tiempos del primer Calabán, la alfombra de la cámara privada del Emperador, las enaguas de su hija Tremegilda, utensilios de oro y plata y, uno por uno, casi todos los pisos de la construcción. Los curiosos redoblaron su energía fotográfica y gritaron para darme aliento. Lo mío era mala suerte. Asomado al borde del agujero, alcancé a ver las últimas gotas que se detenían sobre el casco dorado del general Grom.
En todo el planeta Brigitte, el casco tenía fama de ser aún más duro que la cabeza envuelta en él.
Tras los segundos necesarios para que su cráneo enorme se pusiera en movimiento, el general Grom miró hacia arriba. Estaba un poco intrigado por el olor penetrante que llegaba a sus narices. Y lo que vio le resultó bastante desagradable: una profanación tras otra en la arquitectura sagrada del Palacio, y yo encima de todo, descendiendo lentamente sobre él, mientras la multitud emitía un suspiro al verme desaparecer.
2. Araña
A mí tampoco me gustaba la situación. Y menos todavía la lentitud del descenso, pero no era mi culpa la lentitud, sino culpa de mi Control Adaptador. Me había adiestrado durante días para que el Control tuviera tiempo de modificar mi organismo. Había descendido cuidadosamente de toda clase de sitios, empezando por la cima de sillas, mesas y armarios, siguiendo con árboles, la cabina de un camión, escaleras resbaladizas, y terminando con un edificio de tres pisos a la vuelta de la posada donde había instalado mi cuartel temporario.
Sufrí una variedad de golpes mientras el Control comprendía de qué se trataba. Y empecé a sentir los cambios: un hormigueo en el estómago, una picazón en la espalda, un desequilibrio en la postura de mi cuerpo. Estaba ansioso por descubrir la solución elegida por el Control para transformarme en un perfecto descendedor: de su acierto dependía el éxito del asalto al Palacio, la continuidad de mi Contrato de Tiempo Parcial, y mi vida.
El Control fabricó un nuevo órgano en la base de mi espalda: una glándula, como la que tienen las arañas, para segregar un hilo pegajoso. Del hilo debía agarrarme durante el descenso.
Así, actuando de araña, bajaba aferrado a mi propio hilo hacia los brazos del general Grom, a razón de quince centímetros por minuto. Era todo lo que mi flamante glándula podía lograr.
El general no tenía un Control estúpido que le dictara las acciones a seguir. Pero sí un cuerpo de gigante que requería la planificación cuidadosa de cualquier movimiento. Empezó frotándose la nariz, para eliminar la picazón producida por el ácido. Luego se acomodó el casco, con un chasquido que, aún a la distancia a que yo estaba, me puso los pelos de punta. Y un minuto más tarde lo perdí de vista.
La inercia de su cuerpo, la lentitud de su cerebro y la majestuosidad pausada que acostumbraba poner en todo lo que hacía lograron que tardara un millón de años en actuar. Tuve tiempo de lamer con los pies el último piso.
Corté mi telaraña con la intención de salir corriendo, pero di un tirón demasiado fuerte. El hilo se desprendió del techo y cayó sobre mí, enredándome primero la cabeza, luego los hombros, los brazos y las caderas, y finalmente las piernas. Por otra parte, la glándula seguía soltando más hilo. Todavía luchaba con mi propia secreción cuando llegaron los hombres del general.
Eran tres. Ojos vidriosos, piernas inestables, mente alcohólica, quisieron demostrar su eficiencia echándose sobre mí, sin advertir la clase de trampa en que me había transformado. Quedaron, como yo, envueltos en la maraña.
5 respuestas ↓
1 nat // Sep 21, 2007 a las 19:02
¡Felicitaciones! Es un gustazo volver a verlo publicando en papel.
2 Marina // Sep 29, 2007 a las 3:56
No quería decir nada… pero me parece que sobra una tilde ;)
3 Diablos // Oct 3, 2007 a las 18:16
Felicitaciones!! Me gustó mucho este principio, y también la idea de viajar y publicar
4 Mariela Fioramonti // Feb 26, 2008 a las 15:07
Qué genial esta obra! le cuento que hace diez días estoy trabajando para Editorial Comunicarte y he leído con mucha ansiedad y curiosidad “Quiero escapar de Brigitte”. Realmente, fabulosa. Ahora la estoy promocionando por escuelas de Córdoba y la adopción de esta obra es sorprendente. ¡Lo esperamos cuando quiera!
Mariela
5 Eduardo // Feb 26, 2008 a las 18:11
¡Qué bien, Mariela! Gracias por tu comentario. No me disgustaría nada dar una vueltita por Córdoba.
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