Inentendible por omisión

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Antes del texto propiamente dicho, las noticias de Página/12 empiezan así: primero una volanta, en tipografía más o menos chica, cuya información es más o menos la de un título clásico. Luego el título, en tipografía grande, que suele ser de fantasía, con referencias culturales, vueltas de tuerca, opinión editorial, etc. Y luego el copete, con el resumen de lo que se trata. Hasta aquí bien.

El problema es que en la página inicial del website omiten la volanta. Es una decisión de diseño, no hay vuelta ni excepciones. En la página inicial del diario en la Web aparecen el título y el copete, además de la foto. Volanta, nada.

Así, muchas noticias no se entienden.

Van tres ejemplos de la edición de hoy (este link es el permanente), que elegí independientemente de la relevancia de las noticias.

Uno:

¿Qué funcionario macrista? ¿A dónde fue? La respuesta, en la volanta omitida: POLEMICO PASO DEL MINISTRO DE EDUCACION PORTEÑO, MARIANO NARODOWSKI, POR LA LEGISLATURA (sic. También por diseño, se omiten los acentos y los títulos van en mayúsculas).

Otro:

Tal vez uno conozca a la figura emblemática por su foto, tal vez no (yo no, admito). ¿Quién es? Se entiende que falleció, pero el texto no lo dice. Otra vez, vamos a la volanta omitida: MURIO DARWINIA GALLICHIO, DE ABUELAS DE PLAZA 25 DE MAYO. (Sic: ¡Abuelas de Plaza 25 de Mayo!)

Y otro:

¿Qué arquero cordobés? ¿Qué entrenador? Una vez más, la foto da pistas: obviamente se trata de Boca, y seguramente haya gente que conozca la cara (yo no). Volanta omitida: CARLOS ISCHIA INCLUYO A MAURICIO CARANTA EN LA LISTA DE CONCENTRADOS. (Al margen, no importa que haya que saber que Carlos Ischia es el entrenador de Boca. Yo no lo sé, pero a mí el fútbol no me interesa y no es un artículo que vaya a leer. Los interesados en el artículo seguramente saben ese dato.)

Todos los días hay casos así, como se puede ver recorriendo ediciones anteriores.

La cuestión es simple. ¿Por qué tomaron la decisión de omitir las volantas si actúan como verdaderos títulos? Y una vez que se ven los resultados: ¿por qué no cambian el diseño para que las volantas aparezcan?

Hay casos de incompetencia tan extremos que son difíciles de entender. (El de Página/12 no es el único sitio en que estas cosas ocurren, pero es tal vez el más notorio.)

Población

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En otros lados, menos gente que la que vive en mi cuadra elige un intendente.

Ximenez en Tumblr

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Desde hace unos días tengo mi tumblelog: ximenez.tumblr.com. Ahí van las cosas que encuentro en la Web y me llaman la atención. O algo así.

(Tal vez deba agregar que estas cosas no me duran mucho. Ya hice tres o cuatro blogs de hallazgos y los dejé tirados por ahí. Uno en este mismo servidor, otro en Blogger, otro en WordPress.com… Pero eran distintos, costaba un poco más hacerlos, no sé. Igual no se confíen. O no me confíen.)

El intento de Golett

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Al Norte y al Sur la ciudad no terminaba nunca, y al Este no iba nadie porque estaba el río. Al Oeste empezaban los barrios pobres y los días trisítes, dos inventos que en esa época tenían mucho éxito pero que Golett preífería evitar. Entre esas cuatro paredes que le ponía la ciudad, Golett miró primero hacia arriba y luego hacia abajo. Arriba pasaba un avión que venía de la base. Abajo estaba el jardín de su casa de El Palomar.

Tardó un minuto en decidirse. Para salir de la ciudad había un solo camiíno, y se puso a cavar.

El primer día consiguió hacer un pozo de dos metros, y después se fue a dormir. A la mañana siguiente tropezó con una roca y tuvo que recurrir al martillo. Al mediodía ya tenía llagas en las manos, así que se permitió una siesta.

Los vecinos se fueron enterando del intento, como sólo saben enterarse los vecinos, y la noticia corrió de cuadra en cuadra. Al tercer día, Golett fue a ver la obra y descubrió que se la habían invadido.

Eran tiempos en que mucha gente quería irse de la ciudad, y no todo el mundo tenía el ingenio de Golett. Muchos eran envidiosos, y a nadie le preocupaba aprovecharse del trabajo de otro. Por eso, los más madrugadoíres habían corrido al jardín de Golett y se habían zambullido de cabeza en el pozo. Los que vinieron después llegaron a tal velocidad que no pudieron frenar y terminaron cayendo sobre los primeros. Los últimos, que eran de esos que siempre dependen de la suerte y del prójimo, se encaramaron soíbre los otros, pensando que el peso de los cuerpos haría ceder el fondo del pozo y todos caerían en algún paraíso reservado a los inteligentes. Así que cuando Golett se asomó al jardín había una montaña humana más alta que el techo.

La policía también se enteró, y se llevó a Golett por sospechoso de algo que no estaba muy claro. Lo encerraron en un sótano, y esa fue la mayor profundidad que consiguió alcanzar en su intento.

Golett era capaz de reconocer sus errores. Esta vez había cometido dos: suponer que hacia abajo el camino estaba despejado, y creer que no había otra dirección que llevara fuera de la ciudad. Eran errores graves, porque abajo había tantos vecinos y policías como en cualquier parte, y además quedaba otra dirección para probar: hacia adentro.

Al principio, Golett se rio de sí mismo. Hacia adentro sólo se consigue enítrar, y eso a veces. Salir, se sale hacia afuera. Pero después cambió de idea.

Llevaba apenas unas horas encerrado cuando empezó a salir hacia adentro. Nadie se dio cuenta, porque se iba achicando tan despacio que diísimulaba bien.

—No sabía que era un enano —dijo el juez a la semana, cuando lo llevaíron a declarar.

Los policías se rascaban la cabeza.

A los veinte días era tan pequeño que pudo pasar entre dos barrotes y salir a la calle. Ya ni siquiera parecía un enano. Teniendo en cuenta que el mundo seguía lleno de policías y vecinos, tuvo que encontrar un modo de pasar inadvertido. Se puso a andar como un perro.

El perro Golett anduvo por las calles durante un mes, primero como doíberman, luego como cocker, finalmente como pekinés. Después se hizo gato, ratón, araña. Estaba cansado de comer porquerías, pero su intento teínía tanto éxito que siguió adelante, haciendo fuerza todo el tiempo para que sus partes y las partes de sus partes fueran saliendo de la ciudad, una a una y hacia adentro.

El último testigo de su desaparición fue un chico, que se quedó con la boca abierta ante el lugar vacío donde antes había un punto, y antes una mosca que se desinflaba.


(Este cuento apareció por primera vez en la revista El Péndulo N° 12 (Buenos Aires, 1986). Luego entró en la antología Fantasía y Ciencia Ficción, Cuentos hispanoamericanos (Buenos Aires, 1994), de Huemul. También está en un manual escolar, para satisfacción o sufrimiento de unos cuantos niños (ver comentarios 2, 9, 10), pero no tengo a mano el dato, y nunca vi el libro: si alguien sabe de qué manual se trata, por favor que lo anote en los comentarios. Hasta donde sé, es la primera vez que Golett aparece en la Web.)

Lamb

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Por primera vez en muchos años, seguro más de veinte, acabo de escuchar entero el primer disco de The lamb lies down on Broadway. Si no fuera porque lo experimento de primera mano, me costaría creer que siga siendo tan emocionante. Ahora voy directo al segundo.

Comentario sobre comentarios (y sobre Google)

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Desde hace mucho tiempo, casi todos los comentarios de visitantes en este sitio corresponden a posts muy antiguos, y consisten en palabrotas, insultos y expresiones de fastidio por no encontrar lo que se buscaba. Ya escribí antes sobre esto, con un ejemplo elocuente.

Quiero decir dos cosas. La primera es que, simplemente, me terminé de cansar. Sólo por eso a partir de ahora los comentarios serán moderados. Y voy a aplicar un criterio muy estricto para aprobar cada comentario: deberá estar relacionado con el tema del post (o relacionado con algo sensato en lo que otros comentarios hayan convertido al post, cosa que ocurre cada tanto); y deberá ser amable. Nada de comentarios con insultos.

La segunda cosa es que, habiendo visto una baja muy pronunciada en las visitas de la Mágica Web (de quince a veinte mil por mes a tres mil, en el último año), estuve buscando en Google algunas palabras clave para ver qué ocurría. “Mágica Web”, que antes daba este blog en primer lugar, ahora muestra:

Y así sucesivamente. Es decir, toda clase de links a este sitio (que los hay y muchos, y todos los agradezco inmensamente), pero no el sitio en sí. En las primeras diez páginas de resultados de Google, no aparece ni una vez el dominio magicaweb.com.

Algo similar ocurre buscando mi nombre. Antes, magicaweb.com aparecía en primer lugar. Ahora, no aparece en las primeras cinco páginas (y después no sé).

¿Qué pasó con Google? Como todo lo demás sigue igual, sospecho que los algoritmos googleanos me bajaron el pulgar por el lenguaje de los comentarios. No se me ocurre otra cosa, y puedo estar equivocado.

Juntando todo esto, no sé si racionalmente o no, pero profundamente harto, voy a hacer algo más con respecto a los comentarios, además de moderarlos. Voy a borrar todos los que convirtieron páginas y páginas de este blog en basura asquerosa. Me doy cuenta de que, por diversos motivos, debí moderar antes los comentarios. Pero no lo hice, pensando que favorecía alguna clase de libertad, y que dejaba al ecosistema de la Web florecer a su gusto.

Me arrepiento, entonces, de tanto dejar hacer, y tomo las riendas.