Archive for the ‘Jorge Varlotta’ Category

Jorge Varlotta

Entre 2002 y 2003, Jorge Varlotta apareció muchas veces en este weblog. Más de las que recordaba, en realidad. Busqué su nombre (usando el buscador que aparece arriba a la derecha), y me encontré con todo esto.

Los invito a pasar, y también a ver el relato “Un bicho peludo”, firmado por Mario Levrero y publicado aquí por primera vez (en julio de 2002).

(Aclaraciones: hay un par de posts en los que Jorge sólo aparece nombrado al pasar, pero la mayoría lo tienen por autor o protagonista. El post más reciente y único de este año, lamentablemente, es el anuncio de su muerte el 30 de agosto pasado. Recordar ahora algunos de sus aspectos más lúdicos, con los que solía iluminar esta página, va como un homenaje muy pequeño.)

Jorge

Esta mañana se murió mi amigo del alma Jorge Varlotta.

Jorge Varlotta

Aquí informan algo.

Tomé la foto en Colonia del Sacramento en 1991. Hacer click para verla más grande (y si alguien la quiere reproducir, por favor que lo haga sin pedir permiso).

Email de Jorge Varlotta (alias Mario Levrero)

Copio textualmente, con el debido permiso, un email de Jorge Varlotta (alias Mario Levrero):

Hay una peligrosa gimenización de mis insomnios. Cuando cierro el libro e intento dormir, desde unos días se me ocurren cosas interesantes o divertidas. Por ejemplo, apareció el:

incrustáceo (obviamente, animalito que tiene la virtud de incrustarse en variedad de objetos).

Y también apareció una serie, que iba escribiendo mentalmente en lugar de entregarme al descanso reparador. La copio más abajo, consciente de que tal vez no sea demasiado original.

Y en las madrugadas siguientes me dediqué a escribir, siempre mentalmente, algunos episodios de mi vida sucedidos en 1972.

Creo que sos una mala influencia.

Desesperado, Jorge Varlotta

Desesperado, Jorge Varlotta me pide que ponga aquí esta pregunta, por si algún visitante sabe la respuesta:

¿Será posible que algún juego del Free Cell (“Carta blanca”) no tenga solución? Por ejemplo, no he conseguido resolver el juego Nº 1941.

Qué amigos tan raros tengo.

Cualquiera tendría grandes dificultades

Cualquiera tendría grandes dificultades para descubrir a qué me dedico a partir de lo que hay sobre mi escritorio:

  • Un tarjetero con forma de arroba, sin tarjetas.
  • Un ejemplar de Travelogue, de Joni Mitchell.
  • Un dinosaurio rosa de peluche, al que llamamos Rodin (Rosado Dinosaurio), sentado sobre el monitor.
  • Un Snoopy muñeco que escribe a máquina, también sentado sobre el monitor.
  • Bajo el vidrio, una foto de Gabriel bebé, acostado en una sillita para auto que a su vez está apoyada en este mismo escritorio.
  • También bajo el vidrio, una foto donde estamos mi mujer y yo, durante la fiesta de fin de año de 1993, en Solís (Uruguay), tomada por Jorge Varlotta o por Alicia Hoppe (no me acuerdo).
  • También bajo el vidrio, siete boletos capicúas de los que salen de las máquinas en los colectivos (para considerar que son capicúas tenemos que ignorar los ceros de la izquierda).
  • Un folleto de Ediciones Abran Cancha.
  • Un mouse-pad en el que Mickey Mouse se ríe por las cosquillas.
  • Una traducción al hebreo de un libro de Graciela Montes.
  • Un broche desprendido de una campera de jean.
  • Una quena que estoy tratando de hacer sonar (un minuto por día).
  • El más pequeño de los tres charizards que tiene Gabriel.
  • Una linterna roja con una franja negra.
  • Una riñonera donde tengo los documentos, las llaves, el celular apagado y otras cosas, como por ejemplo un paquete de Beldent de frutilla.
  • Tres broches para la ropa.
  • Un marcador grueso, marca Edding, ideal para escribir sobre CDs.
  • Otro marcador grueso, marca Faber-Castell, también ideal para escribir sobre CDs, que me regaló Marcial.
  • Una pinturita verde, heredada de la cartuchera de Gabriel.
  • Un termómetro que no funciona.
  • Un papel celeste donde anoté la dirección y el teléfono de “Un Gallo para Esculapio”.
  • Un paquete de pañuelos de papel, en el que queda uno.
  • Un ejemplar del Diccionario de Uso del Español de María Moliner, Edición en CD-ROM.
  • Dos CDs grabables marca Emation.
  • El control remoto del acondicionador de aire.
  • Un papel blanco con los datos de un electricista.
  • Un ejemplar de El Hábito, de Liliana Felipe (prestado).
  • Una hoja de papel A4 con sumas de Gabriel.
  • La póliza del seguro del departamento correspondiente al segundo cuatrimestre del año.
  • Un CD grabable marca Mitsui.
  • Un CD grabable sin marca.
  • Una moneda de cinco centavos.
  • Dos tornillos grandes.
  • El CD de Nero que vino con la grabadora de CDs.
  • Un papel verde con información de contacto de la revista Veintitrés.
  • La carpeta color salmón donde están los originales de Correo de Imaginaria, la sección que escribí hace veinticinco años en Expreso Imaginario.
  • Una factura aún impaga de ElServer S.R.L.
  • Una foto del cumpleaños de Gabriel de diciembre pasado.
  • Un folleto de Temaikén.
  • Una carta de Network Solutions.
  • Un ejemplar de La vida y otros síntomas, de Rudy y Luis María Pescetti.
  • Un ejemplar del cuaderno Ramos Mejía. Apuntes sobre la plaza principal de la ciudad, de mi viejo.
  • Una bolsa de nylon azul que dice “Tesira”
  • Una carta del banco en la que me tratan de “Estimado Cliente”.
  • Un enorme sobre rojo de Ediciones SM.
  • Un papel amarillo con los datos de un sitio donde enseñan alemán.
  • La tarjeta de un abogado.
  • Una moneda de diez centavos.
  • Un lápiz Staedtler amarillo y negro, muy mordido.
  • Una birome PaperMate Pop, negra.
  • Dos clips, uno plateado y el otro dorado.
  • Una bellota que me regaló Gabriel.
  • Un diskette con Sidekick for Windows, Limited 30-Day Trial Edition, reciclado hace años.
  • Una tarjeta de fin de año de mi contadora.
  • Una pila de papeles en la que no tengo ganas de escarbar.
  • Tres dibujos de Gabriel, muy pequeños, que tal vez pase por el escáner en los próximos días.
  • Un viejo aro con forma de perla que Gabriel le quitó a mi madre hace tiempo.

Yo también suelo tener dificultades para saber a qué me dedico.

nov smov kapop

nov smov kapop

Me escribe Jorge Varlotta:

La frase del título, que cito de memoria y está sujeta a error, aparecía en una historieta llamada Sansón, que publicaba Billiken allá por la década del 30 o quizás del 40. Concretamente era la leyenda de un cartel que enarbolaba un extraño personaje que nada tenía que ver con la historia; aparecía de tanto en tanto en el fondo. Una vez vi a este personaje, con ese cartel, en el fondo de una historieta de Mad.

No pude encontrar nada en google, y quisiera saber quién es el creador de la historieta y cuál era el título original. Tengo la teoría de que es el mismo dibujante de otra historieta que se publicó hace años en un diario uruguayo con el título de Cuarto y comida. Era totalmente incomprensible, disparatada, existencial, genial. Encontré títulos parecidos, en inglés, pero no eran ésa.

Tal vez alguien de tu red sepa algo al respecto. O vos mismo, sin ir más lejos.

Yo no sé. ¿Y los lectores de esta página?

Actualización: Javier, de Maldita sea, contestó la pregunta en los comentarios de este post. Pero luego encontró más información y la puso en su weblog.

Novela Gráfica o El caso de la florista estrangulada. Una aventura del inspector Collins”, con guión de Mario Levrero y diseño gráfico de Jorge Varlotta. Aquí, en magicaweb.com. Hay que verla.

Actualización: por decisión de los autores, la Novela Gráfica ha sido levantada, y la página ya no existe.

Me escribe Jorge Varlotta

Me escribe Jorge Varlotta:

Soñé que mi vecino se había mudado. “Con razón”, pensé en el sueño, “hace días que ya no oigo maullar al gato”. Me despertó el insistente maullido del gato del vecino.

Estoy bajando en un ascensor

Estoy bajando en un ascensor, parado en las puntas de los pies y apoyándome precariamente en una pared para evitar un charco de pis que hay en el piso. Voy con Jorge Varlotta y con una chica rellenita, vestida de verde, que dice llamarse Moisés pero no se cambia el nombre porque es artista. El lugar, una especie de hotel donde se aloja alguien que ahora quedó fuera de cuadro y ya no sé quién es. Llegamos a una planta baja de shopping. Quiero tomar una cerveza pero nadie me querrá acompañar. Y entonces… Ah, no, era un sueño.

Hace unos días presenté dos frases

Hace unos días presenté dos frases donde aparecía cuatro veces consecutivas un mismo par de letras: “Así sí, Sísifo”, y “El pionono no nos gustó”. Pero con algunas observaciones: en el primer caso, tres veces la sílaba repetida tiene acento, y una no; en el segundo caso, las letras “no” tres veces forman sílaba, y una no.

Jorge Varlotta resolvió el problema con dos hallazgos:

“En Caracas cascas castañas.”

“Yo estoy encantado, y Chacho chocho, Cholita.”

Más todavía, aumentó la apuesta con una joya en que la misma sílaba aparece cinco veces consecutivas:

“Esto, Toto, totora es y no espadaña.”

La otra vez no conté la historia de esto, Toto. Empezó con una frase de la vida real, que dijo Gabriel con respecto a alguna prenda: “La abuela la lavó.” Susanne, mi mujer, detectó las tres sílabas iguales. Poco después, Gabriel agregó otro caso, usando un lenguaje incomparablemente típico de él y todos los chicos de su edad: “Mi culo lo logró.” (Con perdón.) Estuve a punto de anotar eso aquí cuando se me aparecieron, de ese lugar donde se esconden cosas así, las frases con Sísifo y el pionono, y el juego con optimistas y pesimistas que me ayudó a decorarlas.

(Sigo, como entonces, creyendo que esto no es nuevo. Pero nadie salió con el dato de que se haya hecho antes. Aunque Markelo, en uno de los comentarios del post anterior, hizo notar un antecedente con palabras completas y ejemplos en más de un idioma, en la revista El Acertijo N° 11, donde el mejor caso en castellano, incluyendo cinco apariciones consecutivas de la palabra “como”, lo había escrito… yo.)

Actualización del lunes:

Jorge sigue disparando y subiendo la apuesta. Seis apariciones consecutivas de una misma sílaba:

“Poco coco, Coco, comiste ayer.”

También Markelo logró seis apariciones en los comentarios de este post, con la deliciosa frase:

“En la cama, mamá mama maravillosamente bien.”

Pero Jorge se lleva las palmas con lo que parece un record muy difícil de batir; nada menos que nueve apariciones:

“El Papa papa papa, papá Pablo.”

Actualización del martes:

Y sigue Jorge Varlotta con otros descubrimientos muy graciosos. Nada como el record de nueve apariciones de una misma sílaba, pero sí una lectura apasionante:

“Bailas, muchacha, chachachá chapuceramente.”

“Quiero el panqueque que queda.”

“Dame una banana, nana, nada más.”

“Que eso no te envenene, nene necio.”

Jorge también mejoró mis dos frases iniciales, llevándolas de cuatro apariciones de un mismo par de letras a cinco y siete:

“Así sí, si Sísifo lo permite.”

“Pionono no, nono, no nos gusta.”

Actualización del miércoles:

Hay novedades, aunque no nos deje mucho que decir el comentario de Juan Terranova a este mismo post (“Perdón Señores, lamento discrepar, pero hasta ahora lo mejor de todo fue ‘Mi culo lo logró’ de Gabriel. ‘Mi culo lo logró’ es tan enigmático y trascendental como un haiku. Lo demás, Varlotta incluido, son apenas virtuosismos técnicos, cuando no oraciones sin un sentido real. Por todo eso, hasta ahora, los únicos que lograron algo fueron Gabriel y su culo”).

Para empezar, Jorge defiende unas frases suyas que hasta ahora no incluí aquí (“Deje…, ¡je, je, je!, ¡jejenes a mí!” y “Vieja, ¡ja, ja, ja!, jaboname la espalda”). Su argumento: “Quebrando una lanza por los jas y los jes: recién me di cuenta de que omitiste las frases con ja ja ja y je je je, pero mirá que esas expresiones están en el DRAE. Quiero decir que no es una repetición caprichosa, sino que los tres ja y los tres je, con signos de admiración y comas incluídos, son las únicas formas aceptadas por la Academia para ja y je. Pueden no gustarte las frases, pero quiero destacar que el procedimiento es válido.”

Por otra parte, Markelo, comentando este post y elaborando sobre una frase de Jorge, superó el record de nueve apariciones de un mismo par de letras, llegando a diez con:

“Cuántas cosas están pasando: el Papa papa papa, papá papando moscas y yo escribiendo esto.”

Lo cual me dio pie, parado en los hombros de gigantes, para pensar en algo que tal vez acabe zanjando la cuestión:

“Mientras el Papa papa papa, papá papa papaya.”

¡Que tiene nada menos que doce apariciones de “pa”!

Segunda actualización del miércoles:

Siguiendo la línea del último record, acabo de alcanzar las catorce apariciones consecutivas de una misma sílaba:

“El Papa papa papa, papá papa papa, ¡papanatas!”

Por último, un comentario de Jorge Varlotta:

“Notable la historia de la cosa, a partir de Gabriel (no sabía que estaba compitiendo con Gabriel y con Markelo). Los ejemplos a partir de Gabriel me hacen pensar que en este juego hay algo esencialmente infantil; fijate que la mayoría de las frases tienen un notorio clima infantil; y aparece la sospecha de que en lo que se dice, en realidad se está diciendo otra cosa. Había un francés, citado si mal no recuerdo en la antología de humor negro de Breton, que había creado toda una teoría delirante partiendo de juegos parecidos (y la teoría concluía con que el hombre desciende de la rana).

“Este juego cacofónico podría llamarse ‘cacafonías’.”

Cacafonías, entonces. Le voy a contar a Gabriel.

Tercera actualización del miércoles:

Escribe Jorge Varlotta:

“Si nos permitimos una expresión lunfarda, tanguera, podemos llevar el récord al delirio (“papa”, adjetivo, es algo así como “lindo”, “bueno”, “confiable” —o al menos eso creo):

“El Papa papa papa papa, papá papa papa papa, ¡papanatas!

“También es de hacer notar que el DRAE permite ‘papa’ como ‘papá’, de modo
que hasta se le puede quitar el tilde a papá y dejar satisfechos a los puristas del juego.”

En tanto, Markelo comenta en este mismo post:

“Llegué a las 15 PA con un adjetivo delante de Papa a saber: ‘Pio XXI, el opa Papa, papa papa, papá papa papa, ¡papanatas!’ Según el DRAE: opa. (Del quechua upa, bobo, sordo). 1. adj. despect. coloq. Arg., Bol., Par. y Ur. Tonto, idiota. U. t. c. s. (Si a alguno le parece un adjetivo poco adecuado… lo desafío a que encuentre otro adjetivo, masculino… terminado en PA (que no sea Okupa ni Jeropa).)”

Si aceptamos y sumamos todo lo que dicen, entonces llegamos a:

“El opa Papa papa papa papa, papa papa papa papa, ¡papanatas!”

Con lo que el número de “pa” consecutivos llega a diecinueve, todos formando sílaba y sin acentos. ¿Es posible que esto termine justo antes de llegar a veinte? ¿Quién da más?

Actualización del jueves:

No podía ser de otro modo. Jorge Varlotta llegó a las veinte apariciones consecutivas de “pa”:

“Pio XXI, el diríamos antipapa Papa, papa papa papa; papa papa papa papa: ¡papanatas!”

Actualización del viernes:

Markelo, comentando, este post, dice:

“Para la colección (ya no para el record), alguna frase más. Conversación entre Jorge y yo:

“Jorge: Yo prefiero el trompo ¿y vos? Yo: ¿Yo? Yo yo-yo, yorugua.

“Que serían 5 o 6 yos. Y una variante para ir pensando:

“La frase quedaría así: si sí, sí, si no, no ¿no nono? -No se- me contestó el abuelo.

“Que sería algo así como (5+6) cacafonías. ¿Y sílabas de tres letras (como el de las castañas de Jorge)?

“El edecán, can-can canta y baila.

“¿Solo cuatro repeticiones? No creo…”

A lo que Jorge Varlotta responde:

“Gran tipo, ese Markelo.

“Esto suena como un refrán y sería muy irritante para Juan Terranova, pero,
en fin, es lo que hay:

“Quienes educan can, cancán cantan y bailan.

“Se puede empeorar todavía más apelando a la acepción 2 (m. Murc. Molestia,
fastidio):

“Quienes educan can -¡cancán!-, cancán cantan y bailan.

“Y con la acepción 3, (m. C. Rica. Especie de loro que no aprende a hablar)
empeoramos todo definitivamente:

“Quienes educan cancán —¡cancán!—, cancán cantan y bailan.

“Por más que todavía podemos adjetivar can:

“Quienes educan cancán can -¡cancán!-, cancán cantan y bailan.

“(Bueno, lo importante no es competir, sino ganar.)”