Linkrot, o "Haciendo linkpieza"

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La Web se pudre de a poco. Siempre se fue pudriendo. Cuanto más se retrocede en el tiempo, más podrido está todo. Uno pone un link, y la única cosa segura es que antes o después, tarde o temprano, va a dejar de funcionar. En inglés tienen una palabra perfecta, linkrot. Wikipedia (traduzco del inglés): “Podredumbre de los links es el proceso por el que los links de un sitio, gradualmente, se hacen irrelevantes o se rompen a medida que pasa el tiempo, porque los websites a los que llevan desaparecen, cambian su contenido o redirigen a nuevos lugares.”

La Mágica Web no es un blog de links. Sin embargo, que los hay, los hay. Sobre todo al principio. Y tras casi siete años de existencia, la podredumbre es ostensible en los links de la primera época. ¿Qué se puede hacer con eso? ¿Vale la pena hacer algo?

La respuesta a las dos preguntas es: no sé, y no sé. Google y el Internet Archive mantienen ricos reservorios de páginas viejas. Para un arqueólogo tal vez no sean lo bastante rigurosos, pero ahí están. Para nosotros, los demás, son poco más que curiosidades, recordatorios tristes de lo que ya no funciona.

Por mi parte, recorriendo los primerísimos links de este blog, me dio curiosidad por saber qué pasa ahora. Por supuesto, la mayoría ya no existe. La inmensa mayoría. La terrible mayoría. Pero ahora hay otros recursos, hay muchas más páginas esperando que a principios de 2002. Está YouTube. Está Google Images. Están los sitios sociales…

La Web se pudre, pero también se reinventa.

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Algunos links viejos, de esos que ya no andan, me dan ganas de volver a buscar. A veces encuentro. A veces no estoy seguro. A veces el resultado es incomprensible.

Recorriendo los posts más antiguos de este blog, el primer link que no anda es uno que llevaba a una noticia en Yahoo News: “Argentina Ends Dual Exchange System” (sí, en aquella época me ocupaba aquí de cosas como el final de la convertibilidad). Se me ocurrió buscar la frase en Google, entre comillas. Imagen del resultado:

Para qué tratar de entender. Me encanta, sobre todo, el “Nigerian Leader…”. Suena maravillosamente a spam. Para cuando esto también cambie, aquí está el link a la búsqueda en Google. Es posible que en algunas de las 34.000 páginas del resultado de hoy se pueda leer la noticia original, sin que haga falta suscribirse a algo o registrarse en algún sitio penumbroso.

“Menos coyuntural” (como escribí ya entonces), la BBC es fiel a sí misma y el link de entonces sigue en pie. (“The people of Argentina have seen their pensions taken away, unemployment soar, inflation jump and their industries decimated.” Y hay gente que ve la crisis económica de hoy en los países centrales como algo original.)

Hay que decir que a juzgar por un post del día siguiente, ni La Nación, ni Clarín, ni Página/12 han sido capaces de mantener una noticia online, al menos en la misma dirección.

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Je. Post musical del 12 de febrero de 2002.

El link http://www.afrocelts.org/indexflash.htm ya no sirve. Pero si le quitamos ese estúpido “indexflash. htm” del final, sí que anda. Lo que no anda más, parece, es Afro Celt Sound System. Las últimas noticias son de 2005. Pero ahora existe YouTube:

Algo mejor pasa con el link relacionado con Suzanne Vega (que sí anda, por suerte): “SuzanneVega.com is Suzanne’s new official home on the web. Vega.net has become a collection of the best Suzanne Vega fan sites on the web.” Uau. Suzanne está más grande, por lo que comprobamos que ella también anda. (Grande en todo sentido, S.V., soy fan desde hace más de veinte años.) (Copio la foto para evitar el futuro linkrot. Antes no lo hubiera hecho. Ahora, la vida es mejor así.)

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De lo que sí funciona: Orisinal sigue siendo una colección de juegos hermosos. Gracias, Ferry Halim. También bobdylan.com, una maravilla: todas, todas las letras de las canciones, y en qué discos están, y cosas así:

¿Cuándo aparecerá el cartel de que este video ya no está disponible? Ocurre con varios videos de YouTube a los que enlazan desde bobdylan.com. Qué potente la miopía de los dueños de copyright. Qué triste la batalla por los derechos de reproducción. Qué pobres somos, qué pobres estamos.

Nada que ver, pero ya que estamos con Dylan, y ya que el link a “Like a Rolling Stone” en bobdylan.com “no está disponible”:

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Uno de los primeros posts con que me divertí: “Una palabra y cómo usarla. Hoy: pejiguera.” El mejor link, el del diario El Día de Tenerife, ya no anda. Usando el buscador del diario, tampoco aparece. ¡Pero para algo está Google!

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Breve post del 13 de febrero de 2002: “Finalmente se supo cómo planeaba Estados Unidos ayudar a la Argentina a superar la crisis: ‘El hijo de la novia’ fue nominada al Oscar.” Y lo peor que puede pasar. Claro, como no ganaron el Oscar, dejaron de pagar el dominio “elhijodelanovia.com” (¡imagínense, nueve o diez dólares por año! Mejor dejarlo a Google.). Resultado: un sitio “colector”, un conjunto de links, alguien que busca hacer plata con (la pérdida de) el tiempo de los demás.

¿Y los Oscars? ¿Por qué no anda más ese link? ¿Les falta plata, acaso?

Eso sí, el dorado queda divino.

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¿Y esto? Es probable que la columna de Gan Gillmor que linkeé aquí exista en alguna parte, pero parece que fue un error citarla traducida. No tengo el texto original, así que no sé cómo buscarla. Kaput.

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El fotógrafo Andrija Ilic ya no está más en focus.co.yu. En febrero de 2002 tal vez no fuera sensato esperar que tuviera su propio dominio, pero ahora sí. (Cuidado. Hacer click en la imagen de arriba hace que aparezca otra ventana con publicidad. Arrgh.)

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Esto no tiene cierre. Es eterno. No sólo porque los links de febrero de 2002 siguen y siguen, sino porque después vienen los de marzo. Y en unos pocos años, los de diciembre de 2008.

Eso sí, hay que alabar, amar, distinguir, sacarse el sombrero ante los sitios que siguen existiendo, los que tras tantos años conservan el contenido en las mismas direcciones, y, en algunos casos, hasta lo mejoran. ¿A alguien se le ocurrirá hacer un premio especialmente dedicado a ellos? Si la vida fuera más justa, sería tema de otro post.

Like a rolling stone

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Michael Hedges. Tengo en mp3 otra versión, que suena mucho mejor. Pero aquí se lo ve con toda la gracia y toda la furia:

Jimi Hendrix. Si no fuera por YouTube…:

Bob Marley (mezcla con alguna otra cosa, claro):

Paula West. Me sobresalta cómo la cara de los músicos refleja lo que dice la letra. No sólo la cantante, con su fraseo indignado y su gesto de estar retando a la protagonista de la letra. Los músicos están un poco enojados, un poco tristes, un poco cansados. Lo que dije, me sobresalta. Gran versión, hasta que a los seis minutos todos pierden el rumbo… ¿como corresponde a la canción?:

Susheela Raman. Ni idea (no busqué datos):

“No secrets, toucan, seal. How is the veal?” A medias letra equivocada a propósito, a medias tergiversación de lo que dice la letra de verdad. Requiere familiaridad con la letra, cierto carácter malvado, cierto carácter bondadoso, y bastante paciencia:

El otro yo de “Like a rolling stone”:

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Posdata. ¿Qué será lo que les da gracia a estos videos de “Raphael Linden” en Vimeo? (El primero tiene un fragmento de Like a rolling stone, lo digo como para mantener una ilusión de coherencia.)

A Normal Day At School from Raphael Linden on Vimeo.


Screaming, Running and Cheese from Raphael Linden on Vimeo.


Naked As We Came – Iron & Wine from Raphael Linden on Vimeo.


Soccer! from Raphael Linden on Vimeo.

Inentendible por omisión

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Antes del texto propiamente dicho, las noticias de Página/12 empiezan así: primero una volanta, en tipografía más o menos chica, cuya información es más o menos la de un título clásico. Luego el título, en tipografía grande, que suele ser de fantasía, con referencias culturales, vueltas de tuerca, opinión editorial, etc. Y luego el copete, con el resumen de lo que se trata. Hasta aquí bien.

El problema es que en la página inicial del website omiten la volanta. Es una decisión de diseño, no hay vuelta ni excepciones. En la página inicial del diario en la Web aparecen el título y el copete, además de la foto. Volanta, nada.

Así, muchas noticias no se entienden.

Van tres ejemplos de la edición de hoy (este link es el permanente), que elegí independientemente de la relevancia de las noticias.

Uno:

¿Qué funcionario macrista? ¿A dónde fue? La respuesta, en la volanta omitida: POLEMICO PASO DEL MINISTRO DE EDUCACION PORTEÑO, MARIANO NARODOWSKI, POR LA LEGISLATURA (sic. También por diseño, se omiten los acentos y los títulos van en mayúsculas).

Otro:

Tal vez uno conozca a la figura emblemática por su foto, tal vez no (yo no, admito). ¿Quién es? Se entiende que falleció, pero el texto no lo dice. Otra vez, vamos a la volanta omitida: MURIO DARWINIA GALLICHIO, DE ABUELAS DE PLAZA 25 DE MAYO. (Sic: ¡Abuelas de Plaza 25 de Mayo!)

Y otro:

¿Qué arquero cordobés? ¿Qué entrenador? Una vez más, la foto da pistas: obviamente se trata de Boca, y seguramente haya gente que conozca la cara (yo no). Volanta omitida: CARLOS ISCHIA INCLUYO A MAURICIO CARANTA EN LA LISTA DE CONCENTRADOS. (Al margen, no importa que haya que saber que Carlos Ischia es el entrenador de Boca. Yo no lo sé, pero a mí el fútbol no me interesa y no es un artículo que vaya a leer. Los interesados en el artículo seguramente saben ese dato.)

Todos los días hay casos así, como se puede ver recorriendo ediciones anteriores.

La cuestión es simple. ¿Por qué tomaron la decisión de omitir las volantas si actúan como verdaderos títulos? Y una vez que se ven los resultados: ¿por qué no cambian el diseño para que las volantas aparezcan?

Hay casos de incompetencia tan extremos que son difíciles de entender. (El de Página/12 no es el único sitio en que estas cosas ocurren, pero es tal vez el más notorio.)

Estrellado

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Cuando uno usa Gmail y quiere tomar nota de que un mail es importante, llega un momento en que es mejor que no le ponga una estrella.

Huevos de pájaro

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Gran músico, gran disco. Andrew Bird y “The Mysterious Production of Eggs”.

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Más sobre Andrew Bird: videos en YouTube; artículos en The New York Times; su website; Wikipedia.

Hasta donde llegué a escuchar, me gustan todos los discos de Andrew Bird. Pero “The Mysterious Production of Eggs” es, tal vez de lejos, la obra maestra.

Acá se lo ve tocando en vivo una de las mejores canciones del disco, “A Nervous Tic Motion of the Head to the Left”, con su procedimiento favorito: usa el violín como una guitarra, va grabando sucesivos loops que forman la textura de fondo de la canción, luego agarra la guitarra, canta y silba… sólo acompañado por Martin Dosh en batería.

De vacaciones en Villa Gimenez

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Según este sitio, existe un maravilloso hotel dos estrellas en Villa Gimenez, llamado “Alrededor de Javier Villafañe – Imaginaria No. 89 – 6 de noviembre de …”. Como se ve en la captura de pantalla, las fotos muestran la belleza del paisaje y el imponente edificio de tres pisos rodeado de vegetación. Esto a pesar de que “todo se derrumbó en la ciudad: la iglesia, el hotel, la cárcel, los árboles”…

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No es la única atracción de Villa Gimenez: inmediatamente más abajo aparece listado el hotel “Alberto Olmedo – Wikipedia, la enciclopedia libre”, de cuatro estrellas.

Como anuncia el texto introductorio:

En esta página encontraran una lista completa de todos los hotel, motel, turismoecologico, alquilahabitaciones, albergues, bed & breakfast de Villa gimenez (argentina).
Todos los detalles de cada uno hotel, motel o turismoecologico (de Villa gimenezargentina) estan inscritas en su ficha, además podran encontrar posteriores importantes informaciones (como por ejemplo los precios etc.) simplemente pinchando sobre el relativo link del albergue. Podrán además elegir vuestro hotel preferido de Villa gimenez o sugerir uno ustedes mismos.
En esta lista estan presentes hotel de lujo, albergues economicos e hotel a bajo precio en Villa gimenezargentina.

Hay más. Bien vale la pena un click.

Grande Chandler

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Cuando empecé a escribir ficción tuve la gran desventaja de no tener absolutamente ningún talento para hacerlo. No sabía cómo hacer entrar un personaje en un cuarto, o cómo hacerlo salir. Perdían sus sombreros y yo también. Si había más de dos personas en escena, a una de ellas no podía mantenerla con vida. Sigo con esos defectos, por supuesto, en cierta medida. Déme dos personas insultándose una a otra por encima de un escritorio, y soy feliz.

Cuando me preguntan, como lo hacen a veces, por qué no pruebo de escribir una novela seria, no discuto; ni siquiera les pregunto a qué se refieren con una novela seria. Sería inútil. No sabrían qué decir. Esa pregunta es la que podría hacer un loro.

La mayoría nos impacientamos con el caos que nos rodea, y nos inclinamos a atribuirle al pasado una pureza de líneas que no fue evidente a los contemporáneos de ese pasado. [...] La literatura del pasado ha sobrevivido y por ese motivo tiene prestigio, aparte de su otro prestigio. [...] Por mi parte, estoy convencido de que si nuestro arte tiene alguna virtud, y puede no tener ninguna, no está en su parecido con algo que ahora es tradicional pero no era tradicional cuando se lo produjo.

(Las tres citas vienen de El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos, de Raymond Chandler, editado por Tom Hiney y Frank MacShane, traducción de César Aira, Emecé, Buenos Aires, 2002. Páginas 149-150, 171 y 183 respectivamente.)

Lost in Lost

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No sólo soy fan de World of Warcraft, también soy fan de Lost, la serie. Y en estos días me encontré con dos cosas ideales para viciosos como yo.

La primera, un nuevo blog argentino sobre nuestros perdidos favoritos, con un gran título: Lostalgia. Tiene opiniones, deducciones, preguntas sin responder, fotos, videos… Es un emprendimiento de quien ya nos viene dando un blog excelente, zonaindie, “dedicado a la escena musical independiente de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores”.

La segunda es este video recopilado por alguien todavía más loco, que resume la impresión que deja la serie, todavía hoy, en quienes la venimos siguiendo desde el comienzo. No hace falta saber inglés para entender de qué se trata, o sí, pero alcanza con una sola palabra (visto en ALT1040).

Bien y mal

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La canadiense Anne Adams tuvo una forma de demencia que también afectó a Maurice Ravel. Los dos sufrieron pérdidas de lenguaje, los dos desarrollaron nuevas formas de creatividad. Ravel compuso el “Bolero”, repetitivo, estructurado, creativo como nada. Adams pintó imágenes como la que representa una migraña (a la derecha, un fragmento; en el New York Times, la imagen completa)… repetitiva, estructurada, creativa como nada.

Ah, esa sensación tan rara de que si el cerebro hace algo nuevo, anda mal.

Yuri

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Hoy se cumplen cuarenta y siete años de la aventura de Yuri Gagarin, el primer ser humano que salió al espacio exterior. La foto muestra el muy soviético monumento que le está dedicado en Moscú. (Foto por O.P.Kopchevsky, tomada de la Wikipedia, bajo una licencia cc-by de Creative Commons.)

A diferencia de Laika, Yuri volvió. Y a diferencia de Yuri, nosotros ni siquiera empezamos a ir.

Lo que parece es que no hay fiesta de Yuri’s Night en Buenos Aires, pero sí en el Polo Sur.

La vereda virtual

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(Escribí este artículo a pedido de la Revista del Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires —conocida también como “Revista del Teatro San Martín”—, que lo publicó en el número 90, de julio de 2007. La revista no está online.)

El chico está sentado desde hace horas, siempre en la misma posición, con la mirada fija en un punto como un caballo con anteojeras. Aprieta los dientes, hace gestos con la boca pero sin que salga un solo ruido, se irrita ante cualquier interrupción, pide que no le hablen, pide quedarse solo en el cuarto, pide que el mundo se haga a un lado para seguir concentrado en lo único (pero lo único, eh) que le importa.

¿Qué estará haciendo?

Sin dejar de lado otras respuestas posibles, se me ocurren estas tres porque las he vivido y las he visto:

1) Lee un libro.
2) Mira la tele.
3) Usa una computadora.

Acciones

El libro se lee, ¿qué más es posible? Se entra por una punta y se sale por la otra. Tal vez se salga distinto, tal vez se salga crecido, o torcido, o perdido, pero eso es lo que hay.

La tele se mira, y punto. Cambiar de canal también vale, pero lo central es mirar, mirar, mirar, nunca ser mirado.

¿Y la compu?

Dudé antes de poner algo, antes de llegar al anodino “usa”, que viene tan bien para no implicar nada de antemano.

“Juega” fue una posibilidad, pero limitada. El chico también puede estar leyendo como en un libro (una entrada en la Wikipedia, digamos), y mirando como con la tele (un video en YouTube). Puede estar escuchando (los mp3 que le bajó el hermano, o el papá).

Y más allá de todo esto, lo distinto, lo revolucionario: puede estar creando. Y se puede estar comunicando. Y todo a la vez: puede estar escuchando música, mientras chatea y espera que terminen de subir unas fotos al fotoblog, y lateralmente busca en un foro el nuevo truco que le permita subir de nivel en su juego favorito. Es mucho. Es raro. Es no lineal.

Ahora vamos por partes.

Lo desconocido

Si el chico está leyendo un libro, todo bien. El padre y la madre saben de qué se trata, también han leído libros (o no, pero igual saben). No importa mucho si se trata de literatura, si hay calidad, o qué. Es un libro. Eso tiene buena prensa. El chico lee. Será una actividad solitaria, nadie más lee con él, nadie sabe qué le entra por los ojos en este mismo momento, pero ya sabemos: todo bien.

Si el chico está mirando la tele, hasta cierto punto todo bien. Por un lado es más fácil que con el libro saber de qué se trata: la pantalla está ahí para que todos la veamos, el audio llena la habitación. Los géneros y subgéneros están más masticados, hasta el punto en que (salvo sorpresas) nos basta echar un vistazo para entenderlo todo. Claro que la tele no tiene tan buena prensa. Está “bien” que un chico se pase tantas horas leyendo, pero está “mal” que se las pase frente al televisor. Igual, digamos, todo bien: el padre y la madre saben de qué se trata, pasaron y pasan por lo mismo.

¿Y la compu? ¿Qué es eso que Matías está tipeando como un descontrolado? ¿De qué se ríe ahora? ¿Hay algo más en la pantalla, abajo de la ventana del reproductor de audio y del Messenger? ¿No dicen que por Internet se accede a cosas que no son apropiadas para chicos? ¿Estará haciendo la tarea, como prometió? ¿Por qué puso cara de sorpresa? ¿Es que este chico no puede tener amigos de verdad, que necesita los de la red?

Ante la computadora, incluso mirando la pantalla detenidamente, el padre y la madre encuentran muy difícil, o imposible, entender de qué se trata. El chico cerró una ventana en cuanto oyó que venían (¿fue a propósito, o fue casualidad?), hubo un tintineo de alguien que le mandaba un nuevo mensaje por el chat, no se sabe qué hay en esas tres o cuatro aplicaciones abiertas a la vez. Tanta multitarea, ¿será buena para la salud?

De manera que:

1) Si el chico está leyendo un libro, todo bien.
2) Si el chico está mirando la tele… en fin.
3) Si el chico está usando una compu, juicio suspendido por falta de información. O peor: todo mal, por las dudas.

Demasiadas horas frente a la pantalla

Cuando yo era chico me pasaba horas en la vereda. A principios de los sesenta (nací en 1954), en una ciudad del Gran Buenos Aires, las tardes transcurrían en la calle, con los amigos de la cuadra, que no eran los compañeros de escuela porque esos vivían unas cuadras más lejos. Ahí estábamos solos, los chicos, y todos tranquilos. A veces nos divertíamos, a veces era aburrido. El mundo fuera de la escuela estaba constituido por el lado de acá de esa calle, y ni siquiera por la vereda de enfrente, que era un universo más o menos distinto porque por ahí pasaba un colectivo y estaba prohibido cruzar.

Mi hijo, a los once años, no tiene vereda, tiene pantalla. La cuadra está compuesta por varios edificios de departamentos, en los que vive muchísima gente, pero en la calle ya no se puede estar. Nadie se queda en la calle, salvo los porteros y la barrita de los sábados a la noche. No conocemos a ningún chico de la edad de mi hijo que viva en esta cuadra, aunque supongo que habrá docenas.

Para mi hijo, los “chicos de la cuadra” son los mismos de la escuela, y cuando no están en clase se encuentran en el chat o en los juegos en red. No están todos, hay algunos a quienes no los dejan “salir” tan fácilmente, pero los demás se encuentran todas las tardes. Es una cuadra amplia, la verdad: va desde Palermo a Villa Urquiza, y recorre buena parte de Belgrano. A veces se extiende más: hasta la ciudad de Santa Fe, por ejemplo. O hasta México, o España.

Hacen cosas crípticas. En la ventana de chat, para empezar, pocos son reconocibles. No dudo quién es “Guido”, pero tengo que preguntar quiénes son “Koala que fuma tabaco”, o “LunaCazadora”, o “My Chemical Romance”. Y no es fácil leer lo que escriben, si es que mi hijo me permite invadir tanto su privacidad como para intentarlo.

Se pasan datos misteriosos. De alguna manera, mi hijo empezó a ver una serie japonesa de animé en YouTube. La dan en alguno de los canales de cable, pero eso no importa: es más fácil encontrar todo en YouTube. ¿Está en inglés? No es problema: aprende inglés para entender la serie (de todos modos, ya estaba aprendiendo inglés para poder jugar a su juego favorito). La existencia de la serie es uno de esos datos que circulan de boca en boca, de Messenger en Messenger, sin que haya manera de que lo sepamos. Saber buscarla en YouTube es una habilidad innata: quienes ya conviven diariamente con Google no tienen problemas en reconocer un campo de búsqueda en cualquier página de la Web.

Claro, la vereda tenía sus ventajas. Uno podía tocar a sus amigos, olerlos (aunque esto no pareciera una ventaja en su momento), correr junto con ellos, caerse de una bicicleta prestada, escuchar cómo se reían. Jugábamos a la pelota, a la mancha, a las bolitas, a las figuritas…

Es que la vereda digital no sustituye a la vereda de baldosas, aunque ambas sean ámbitos de juego. ¡Nadie pide abolir la “vida real”! Como la vereda de baldosas ya no se puede usar (al menos en mi barrio), cumplen su función la escuela, las casas de los amigos, en algunos casos los clubes. Ahí es donde mi hijo corre y tironea y se ríe a coro (y huele a los demás). Cuando vuelve a la pantalla, es como si se trajera puestos a los otros chicos: el chat con Andrés es la continuación de la charla susurrada a espaldas de la maestra. El juego online es una variante del juego en el jardín (con pileta) de Francisco.

Intermedio

Se viene oyendo la objeción: ¡pero esto se refiere a unos pocos privilegiados! ¡La mayoría de los chicos no tienen computadora en la casa, y mucho menos banda ancha, y mucho menos máquina propia!

Respuesta corta: es verdad.

Respuesta larga: hace un siglo pocos chicos podían leer. Hace medio siglo pocos chicos podían ver la tele. Hace cinco años casi nadie tenía Internet. La alfabetización avanzó con tropezones, pero avanzó. La tele, por su parte, avanzó casi sin inconvenientes. Internet hizo que las computadoras pegaran un salto gigantesco hacia el futuro, y es la gran movida de la época.

Más que pensar en cuántos no tienen todavía acceso a Internet, habría que pensar en cuántos no lo tenían hace cinco años y ahora sí. Y en cómo será dentro de cinco años, o diez. Si no ocurre algo decisivo (catastrófico) que lo impida, la tendencia será a la universalización, como ocurrió con la electricidad, el teléfono, y tantas cosas. Habrá que cuestionar que todavía queden excluidos (como hoy existen los excluidos de la lectura, del teléfono, y también de la comida), pero ese es un problema diferente.

Vale la pena insistir en este punto. La computadora conectada a Internet, con sus múltiples usos, es un recurso que debe llegar a todos, que va a llegar a todos.

Y ahora, damas y caballeros, el juego online

En el juego, como en el teatro, uno asume un rol diferente de lo que solemos llamar “vida real”. (Los roles que “jugamos” en la vida real serían tema para otro artículo.) Algo curioso de los juegos de computadora es qué roles nos llevan a asumir, qué cosas raras nos identifican. “En este juego sos un redondel amarillo que abre y cierra la boca.” “Acá sos un ninja.” “Allá sos una torre que dispara misiles.” En todo caso, nos convertimos en un amasijo de puntitos de colores que cambian de lugar, y tan felices.

Si miramos bien, parece que el chico pasa sin mayores dificultades del juego en la vida real al juego en la pantalla. Uno es continuación del otro. Sin embargo, hasta hace pocos años, una limitación grande de la pantalla era que ahí el chico quedaba solo. Adiós a los amigos. Sus compañeros de juego eran los fantasmas que lo perseguían en el Pacman o los Space Invaders que atacaban la torre.

Ahora no. Los amigos siguen presentes en la pantalla. Y no sólo a través del chat, como vimos más arriba. Los juegos online abrieron una ventana de puntitos coloreados por la que se coló la vida social.

La sigla mágica (y complicada) es MMORPG, Massive Multiplayer Online Rol Playing Games: juegos de rol en red con una cantidad masiva de jugadores simultáneos, que interactúan. World of Warcraft, Argentum Online, Runescape, Lineage II… Hay unos cuantos.

En esos juegos, uno se construye un personaje y entra a un mundo paralelo. El personaje es persistente: dura en el tiempo, avanza a medida que uno juega, va creciendo durante meses o años. El mundo paralelo también es persistente, y está formado por llanuras, montañas, mares, ciudades. Lo habitan tres clases de seres: monstruos que hay que vencer; personajes (NPC, non-playing characters) que asignan tareas, venden cosas, dan información; y jugadores.

Los jugadores se ven entre sí (ven sus respectivos personajes): allá va ElfoMistico, corriendo como siempre, sin contestar un saludo.

Se hablan: hay una ventana de chat, en la que uno puede dirigirse a todos los que están cerca, a los de su mismo “clan”, a alguien en particular…

Colaboran: para llevar a cabo ciertas misiones hay que juntarse en grupos y cooperar, asumiendo funciones distintas según las habilidades de cada personaje.

Compiten: en ciertos lugares, los jugadores pueden luchar entre sí.

Mi hijo juega al Runescape. Yo prefiero el Lineage II, pero jamás voy a convencerlo de que cambie. En ambos, y en todos los MMORPGs, hay dos etapas de sorpresa: primero, la cualidad inmersiva del universo paralelo, la facilidad e intensidad con que uno se identifica con el personaje y con el entorno. Segundo, y más importante, hasta qué punto la presencia de otros jugadores modifica definitivamente el modo de jugar.

El que haya otros seres humanos, aunque estén representados por personajes ficticios, genera de inmediato una vida social dentro del juego. Aparecen comportamientos curiosos, como el de empezar a respetar cierta distancia física (¡en la pantalla!) o ponerse molesto si otro se acerca demasiado (el “síndrome del ascensor”). Se generan usos y costumbres no impuestos por el juego (quienes se sientan a vender cosas en el Lineage II siempre lo hacen mirando en cierta dirección, sin otro motivo que mostrarse conocedores del ambiente). Surgen nuevas reglas, “reglas blandas”, que no tienen que ver con hardware o software sino con las mentes que están al otro lado de los cables.

También hay rebeldes, desobedientes, inadaptados, gente que no coopera, gente que busca aprovecharse de otra gente. Como en todas partes. Algunos cometen “delitos” que, si bien son posibles en el juego, están condenados por las normas de los administradores: esos son “baneados”, se les prohibe volver a entrar. Pero otros cometen “faltas” definidas por alguna forma de consenso social, cosas que están mal vistas por el conjunto. A esos se les enseña, o se los castiga, ¡o se los acompaña!, según normas puramente sociales.

Estos juegos son muy recientes, aparecieron a partir de la gran difusión de Internet en lo que va del siglo. Se están desarrollando con mucha rapidez, brotan como hongos, y unos cuantos tienen millones de usuarios en el mundo. A dónde van es algo tan impredecible como lo era su existencia diez años atrás.

Finale

Entonces, tenemos a ese chico que sigue ahí sentado, con los ojos fijos en algo, la mente muy lejos del cuerpo, que no nos presta atención. Estamos fuera de su universo, en buena medida porque ese universo no existía cuando nosotros éramos chicos. Y, más que nada, todavía nos preguntamos qué estará haciendo.

La respuesta puede ser cualquiera de estas, todas o ninguna: pierde el tiempo, juega en la vereda virtual, hace lo que siempre hicieron los chicos… O, en un mundo donde cada vez hay menos absolutos, está imaginando la nueva teoría de la relatividad.

(Mínima actualización. Desde que escribí el artículo, mi hijo dejó el Runescape, pasó al World of Warcraft, y volvió al Runescape. Yo dejé el Lineage II y pasé al World of Warcraft… Un viaje de ida.)

Tenzing Norgay y el neozelandés

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Sir Edmund Percival Hillary, que murió hace pocos días, fue el primero en llegar a la cima del Everest.

Tenzing Norgay, que murió en 1986, fue el primero en llegar a la cima de Sagarmatha.

Lo más gracioso es que lo hicieron juntos.

La versión que aprendí hace muchos años es la primera. “Una persona (un inglés, un neozelandés, un australiano, esa parte daba igual) había alcanzado la cima del Everest en el año 1953. Ah, sí, lo acompañaba un sherpa.” “¿Un qué?” “Un sherpa. Una especie de guía, qué sé yo.”

Seguramente Hillary no habría llegado a la cima sin Norgay (u otro sherpa). No sé cuál de estas variantes será cierta desde el punto de vista de Norgay:

  • A los sherpas nunca les interesó subir al Everest (o Sagarmatha, o Chomolungma).
  • A los sherpas siempre les interesó subir, pero no podían sin el equipo y la tecnología de un Hillary.
  • A los sherpas siempre les interesó subir, y lo vienen haciendo desde hace quinientos años.

Tardé varias décadas en darme cuenta de que estaba (estábamos) mirando el tema desde una óptica colonial, o peor.

Ya no me pasó lo mismo el año pasado, cuando leí “The many worlds of Magnus Ridolph”, una recopilación de cuentos de los años 40 de Jack Vance (un escritor al que admiro muchísimo), que me prestó Marcial Souto. Fue intensamente chocante descubrir cómo ese Vance aún no muy sabio escribía relatos humorísticos acerca de lo molestos que podían ser ciertos nativos “semiinteligentes” cuando uno quería establecer una lucrativa plantación en su planeta: se comían los cultivos, invadían las playas, y hasta eran capaces de responder a un ataque. Así era la ciencia ficción de la época. Así éramos nosotros hasta hace poquito tiempo.

¿Éramos?

Cabeza

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Hace unos ocho meses, desde que me mudé a este departamento, que durante un rato de cada día veo este paisaje:

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Nada especial. Hasta que hoy, de pronto, me saltó a la vista esta cabeza de caricatura que hasta ahora se mantenía oculta. ¿Qué cabeza? La que se ve acá:

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¿Todavía no se distingue bien? La destaco un poco:

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Ahora no puedo dejar de verla. Es más, me parece que se ve mejor en la foto del medio. Y la tengo tan incorporada a los ojos que ni siquiera puedo evitar verla, de inmediato y con toda claridad, en la foto de arriba.

Mukaito Taiko en el Jardín Japonés

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El martes pasado, 1° de mayo, fui al Jardín Japonés por consejo de Baterflai. Actuaba Mukaito Taiko, agrupación que “mantiene viva la tradición de este estilo musical que combina la percusión tradicional japonesa con los movimientos del karate”.

Maravilla. Maravilla de maravillas. Hay que estar ahí. Las fotos no sirven para mostrar lo que se siente bajo el mismo techo de esta gente. (Son más que los que aparecen aquí, pero no entraron todos juntos.)

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Acá va un video que grabé. Es malo, no da una idea de la imagen que ofrece Mukaito Taiko, y apenas un vago reflejo del sonido. Pero tal vez sea mejor que nada. Se pone interesante sobre todo después del minuto veinte. La mejor parte: los últimos dos minutos.

El Jardín Japonés, como siempre, hermoso.

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iSólo

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¿No es incómodo que, en unas cuantas tipografías de pantalla, la apertura del signo de admiración se vea igual a la letra “i”? Hace tiempo que esto es uno de los tantos detalles que faltan para que leer en la compu sea de veras placentero. Pero no tenía un ejemplo nítido, algo para mostrar qué bien vendría si los diseñadores de tipografías tuvieran más en cuenta estas cosas.

Ahora acabo de encontrar este avisito al pie del Messenger, que a primera vista parece anunciar un nuevo producto de Apple: junto al iPod, el iSólo.

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Encuentro de culturas

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Vengo de las jornadas que anualmente organiza la Asociación Tolkien Argentina. Muy buenos disfraces y objetos, charlas, talleres, de todo. Pero resulta que el evento, este año, tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la calle Puán, habitualmente cubierta de afiches y carteles que ponen los estudiantes.

El encuentro de culturas, así, resultó formidable.

Las fotos que saqué no muestran en su completo esplendor lo que se pudo ver. Pero aquí van tres escenas representativas:

1. Una elfa posa bajo la publicidad del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores).
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2. Los orcos acompañan un reclamo por la aparición de Julio López.
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3. En medio del auditorio, Gollum escucha con la misma atención que los humanos.
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¡Liberación o chaqueta!

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Tengo desde hace años esta pequeña escultura de Carlos Maronna (otro link), sin título. Últimamente vive sobre el escritorio de mi oficina, donde la puedo ver todos los días. Es que cada día significa algo diferente, dice algo nuevo. Como si cambiara con el tiempo.

¿El futuro del libro?

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Hoy la revista Ñ trae una sección dedicada al futuro del libro, en relación con Internet y la digitalización. En la Web sólo se puede leer un artículo de Andrés Hax (“Hacia una biblioteca universal. El futuro del libro”), que funciona más o menos como introducción. Hay otros tres, que por estar sólo en la edición impresa se irán desvaneciendo mucho antes que los problemas de que hablan.

Algo llamativo es que todos los artículos discuten un escrito de Kevin Kelly publicado en el New York Times en mayo de este año, pero en ningún momento dicen dónde leerlo. ¡Y es tan fácil de encontrar! Está acá: Scan this book!, por Kevin Kelly. El New York Times pide que uno se registre (gratis) para leer estas cosas, así que, convenientemente, el autor lo puso también en su sitio: Scan this book!, por Kevin Kelly (kk.org).

La visión de los artículos de Ñ es variada y un tanto confusa. Igual, vale la pena rescatar, del final de “El futuro del libro”, unas frases de Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, para quien la aparición de la pantalla (Internet, digitalización) es una ruptura mayor que la provocada por Gutenberg.

*

Me parece que lo que vaya a pasar con “el libro” como objeto no depende de los teóricos, y ni siquiera de las editoriales o los autores tradicionales, o de las leyes de propiedad intelectual, o los políticos. Depende de todos los demás: quienes leemos libros. Y de la tecnología.

Hay que ver lo que ocurre con la música: mucho juicio, mucha acusación de piratería, pero los mp3 circulan alegremente, cada vez más, y si todavía se venden CDs es porque (a) muchas veces tienen atractivo como objetos en sí mismos, (b) la gente se los regala a los amigos y parientes, (c) falta un mercado de mp3 legal, accesible y a precios sensatos.

Y hay que ver lo que ocurre con el cine y el video: si los archivos no pesaran tanto, estarían exactamente en la situación de la música… lugar al que van a toda velocidad. Con el agravante (para las grandes empresas editoriales) de que les falta (a) y (b): ni tienen un soporte físico atractivo, ni llegó a hacerse tan común que se usen como regalo.

¿Por qué el libro está lejos de circular digitalmente en la misma medida que la música, el cine y el video? Algunas respuestas (obvias, apenas en la superficie del tema):

  • Es mucho más difícil escanear un libro que bajar un CD a mp3, convertir un DVD a un formato más liviano, o digitalizar un programa de televisión.
  • Mientras escuchar música o ver video en la compu es igual (o mejor) que en los aparatos tradicionales, no hay todavía equivalentes a tener un libro en la mano.
  • El libro, como objeto, tiene un valor agregado muy superior al del CD o el DVD (y hay libros que uno simplemente no se imagina, ni se quiere imaginar, reducidos a una pantalla).

Quienes leemos libros estaríamos tan felices de bajar el equivalente a un mp3 de cualquier novela como podemos estarlo de ver el último episodio de Lost antes de que se estrene en la televisión local, si fuera tan encantador de leer como el objeto de papel encerrado entre tapas de cartulina.

Y ojo que no está lejos: a mí me gusta más leer en pantalla porque me resulta más fácil vencer a la presbicia. Pero si quiero llevar la pantalla a la cama, al sofá o al baño, no tengo más remedio (por ahora) que usar mi Palm: una pantallita pequeñita, grisácea, con grandes píxels, que es más benigna para mis ojos que mucha letra chiquita que anda impresa por ahí, pero con la que es mucho más difícil establecer una relación afectiva.

Estoy entre los muchos que esperan el iPod del libro (comparación que no es mía, y se está viendo por lugares diversos). Lo que también me gustaría es que, en ese futuro próximo, las editoriales, los autores tradicionales, las leyes de propiedad intelectual, los políticos, colaboren con lo que de cualquier manera les va a pasar por encima.

*

Ya había apagado la luz, pero me quedó la tentación de citar un párrafo del artículo de Kevin Kelly, que ilustra la absoluta violencia de la ruptura:

When millions of books have been scanned and their texts are made available in a single database, search technology will enable us to grab and read any book ever written. Ideally, in such a complete library we should also be able to read any article ever written in any newspaper, magazine or journal. And why stop there? The universal library should include a copy of every painting, photograph, film and piece of music produced by all artists, present and past. Still more, it should include all radio and television broadcasts. Commercials too. And how can we forget the Web? The grand library naturally needs a copy of the billions of dead Web pages no longer online and the tens of millions of blog posts now gone — the ephemeral literature of our time. In short, the entire works of humankind, from the beginning of recorded history, in all languages, available to all people, all the time.

¿Cuánto tiene que cambiar para que esto sea posible? Nada en el mundo físico, tecnológico, material. Mucho en el de los conceptos, las leyes, la comprensión que se tiene de estos mundos nuevos.

De las muchas preguntas que saltan de inmediato, quiero nombrar dos:

  • ¿Es necesario que exista eso que dice Kelly? Creo que sí, pero no importa si lo es o no, globalmente. ¿Acaso no hay usos maravillosos para una gran variedad de subconjuntos de esa biblioteca universal? ¿Y quién puede decidir qué aspecto de semejante recurso está de más, o nunca llegará a ser “necesario”?
  • ¿De qué van a vivir los escritores, los editores, etc., etc., cuando todo lo que producen sea gratis? Escribo así la pregunta sabiendo que esa formulación es tramposa. En el fondo, no hay manera de que todo sea gratis (aunque sea porque tenemos que pagarle a un proveedor de acceso a Internet, y porque los servidores y el ancho de banda cuestan plata que de algún lado tiene que salir). Pero en todo caso serán los escritores y los editores quienes descubran de qué vivir, como ocurre en cualquier otro mercado en el que las cosas cambian violentamente. Aunque seremos muchos los dispuestos a darles una mano: entre los recursos disponibles para obtener beneficios, están las sociedades de gestión colectiva (que permiten, como SADAIC, sacar dinero de algo de distribución gratuita como los programas de radio); la venta de espacios de publicidad; las ediciones en un soporte físico atractivo e insustituible; los subsidios estatales, las donaciones de empresas y ONGs en general; la oferta de servicios de bajada de archivos, soporte técnico, etc., a precios razonables. Y detrás de todo esto, el valor agregado de organizar la información, clasificarla, indexarla (¿de qué vive Google, si no?)…

(Apago la luz otra vez, sabiendo que el tema, así planteado, queda irremediablemente incompleto.)

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P.D. (chat con blogger amiga en el que las cosas se clarifican):

me: Me puse serio: escribí un post en la MW sobre el futuro del libro. Ahora la cuestión es que alguien lo lea…

Bater: al post o al libro??

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P.D. 2: También en Ñ de hoy (aunque la traducción se ve dudosa, al menos gramaticalmente), otro aspecto del tema:

Así como en el S. XIX fue el trabajador la causa de las violentas revoluciones que le impusieron la revolución industrial y sus máquinas, en el S. XXI será el consumidor la causa de las revoluciones que le permitan las modernas tecnologías de la era postindustrial. Las tecnologías de la información y la comunicación abren las puertas a un “siglo del consumidor emancipado” que también dominará en el arte.

(…)

En la era de MySpace.com, Flickr.com, YouTube.com, en la que millones de personas intercambian a diario sus fotos, textos, videos y música, en la que millones encuentran en la red una plataforma para la comunicación y el arte, pasando por alto instancias tales como editoriales, museos, galerías, revistas, radios, canales de TV, Hollywood, que son las que tradicionalmente decidían sobre la producción y la distribución de obras, el amateur, cuyo nombre en griego era “idiota”, se convierte en experto.

(“El del siglo XXI será el arte del amateur”, por Peter Weibel, director del ZKM. El artículo no está en el sitio de Clarín, y no lo puedo encontrar en otra parte para poner en claro lo que parece decir.)

*

P.D. 3: Algunos de los libros que me acompañan…

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Fotografía

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(Click en la imagen para verla mucho más grande.)

Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 624. Más info, acá.

El tiempo necesario

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Estos carteles están en el baño de hombres del Jardín Botánico de Buenos Aires, cerca de la entrada de República Árabe Siria.

Del primero sólo puedo decir que me parece bien que se ocupen de tanto apurado que anda por ahí. Esto tal vez no salga en los diarios, pero es que hay gente que se va goteando… ¡Un escándalo! (Click en la foto para verla más grande.)

Foto por Eduardo Abel Gimenez

Sobre el segundo cartel, el encargado del baño me explicó que está en tratativas con los del Oxford English Dictionary para que incluyan la palabra “botton” como “botón de abajo”, o “bottom button”:

Foto por Eduardo Abel Gimenez

También le pregunté al encargado dónde compra esos resaltadores que quedan tan bonitos, pero no quiso revelar su secreto.

Electricidad

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(Click en la imagen para verla mucho más grande.)

Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 514. Más info, acá.

Eñe

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(Click en la imagen para verla mucho más grande.)

Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 956. Más info, acá.

Cinematógrafo

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Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 329. Más info, acá.

Barco de vela

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(Click en la imagen para verla más grande.)

Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 180. Más info, acá.