Hoy se hizo la Tercera Fiesta del Viento en el Parque de los Niños (Buenos Aires). Son dignos de ver los barriletes múltiples:

Los manejaban estos señores:

Por supuesto, la gracia está en el movimiento:
Hoy se hizo la Tercera Fiesta del Viento en el Parque de los Niños (Buenos Aires). Son dignos de ver los barriletes múltiples:

Los manejaban estos señores:

Por supuesto, la gracia está en el movimiento:
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¿No es incómodo que, en unas cuantas tipografías de pantalla, la apertura del signo de admiración se vea igual a la letra “i”? Hace tiempo que esto es uno de los tantos detalles que faltan para que leer en la compu sea de veras placentero. Pero no tenía un ejemplo nítido, algo para mostrar qué bien vendría si los diseñadores de tipografías tuvieran más en cuenta estas cosas.
Ahora acabo de encontrar este avisito al pie del Messenger, que a primera vista parece anunciar un nuevo producto de Apple: junto al iPod, el iSólo.

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El mío es el tercero empezando del otro lado, sin ventanas, azul si no fuera marrón, plano, en diagonal con la diagonal, ruidoso a la hora de los truenos, un poco inclinado, nada especial te diría, nada que no hayas visto, nada distinto de los otros a menos que consideres la esmeralda que tengo escondida entre los pliegues.
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Casi sombra, casi color. Casi arbusto. Casi pared, casi tormenta. Pincel, pintura, ping-pong. Casi esperanza. Casi I, casi Ching. Casi encuentro bajo la lluvia sin paraguas la mañana de un viernes. Ojos, hojas, sin boca. Casi abril, pero antes de marzo, casi diciembre. Casi círculo. Casi una cara con cicatrices a la vuelta de la esquina.
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Abierto, cerrado. Dormido, despierto. Caramelo, ensalada. Adentro, afuera. Alto, bajo. Foto, palabra. Claro, oscuro. Tecla, dedo. Con hambre, orgulloso, noche, cansado, absorto, feliz, derrotado, tarde, inconsciente, pasando del frío al calor, mañana, subiendo escaleras, bajando escaleras, tocando los mismos botones en otro orden a la espera de un resultado diferente.
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Primero el de abajo. Sin mirar. Caminar dos pasos al norte. Sin que te miren. Ambos tornillos deben girar a la vez. Un poco de sal. Oprimir en caso de. La cabeza baja. Consumir preferentemente. En tu lugar, eso más que nada, en tu lugar y ni un poco más allá. De atrás para adelante.
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Tarde o temprano lo arbitrario empieza a aparentar sentido. Piezas sueltas. No hay baterías. Este control se controla a sí mismo. Son todos retazos, aunque el rompecabezas parezca armado. El olor es otro problema. Piezas sueltas, cortes. Mis pulgares, cuando tratan de apoyarse por el lado de la uña, acaban dejando un hueco en forma de rombo. Retazos. Como si ahora mismo me pusiera a escribir sobre cosas importantes.
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Menos sensato. Menos pensado. (Más verde.) Menos sentado. Menos tensado. (Más verde.) Menos tentado. Menos dentado. Menos amarillos que los prometidos, en todas partes, como si la luz interior de la otra foto se hubiera quedado allá encerrada. (Más verde.) Hay algo que no recuerdo. Algo cuerdo. Algo cuervo.
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Esta línea es un poco más gruesa, un poco más clara, más corta, más línea. Habría que mirar al revés. Es el trazo que deja en el aire la mano del guitarrista tras subir y bajar muchas veces en un segundo. Es la caída del cable cortado. Es el corazón de alguien que salta desde un puente. Es la colección de los momentos en que se oyó un disparo.
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Mover la montaña para que se quede donde está. Ahora mismo. El color es blanco. Abrigar esa tormenta no es la forma de acabar con un silencio de siglos. Demasiado temprano, y los dedos se caen hasta el piso. El color es gris. Te dicen que es otro día, pero no de cuándo viene, si ya lo viviste, si esas flores son las que quedaron del año pasado. El color es ocre.
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La atención dividida. La mañana en suspenso. Algo, un poco. La canción repetida. Vamos a contar monedas. Casi nada. La sombra. En este círculo hay un ángulo que sobra. Menos todavía. Pintar el oro de plata y el aire de tierra. La cámara mira hacia otro lado. Vacío. El pájaro mueve las alas con los ojos cerrados.
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Vengo de las jornadas que anualmente organiza la Asociación Tolkien Argentina. Muy buenos disfraces y objetos, charlas, talleres, de todo. Pero resulta que el evento, este año, tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la calle Puán, habitualmente cubierta de afiches y carteles que ponen los estudiantes.
El encuentro de culturas, así, resultó formidable.
Las fotos que saqué no muestran en su completo esplendor lo que se pudo ver. Pero aquí van tres escenas representativas:
1. Una elfa posa bajo la publicidad del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores).

2. Los orcos acompañan un reclamo por la aparición de Julio López.

3. En medio del auditorio, Gollum escucha con la misma atención que los humanos.

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Tengo desde hace años esta pequeña escultura de Carlos Maronna (otro link), sin título. Últimamente vive sobre el escritorio de mi oficina, donde la puedo ver todos los días. Es que cada día significa algo diferente, dice algo nuevo. Como si cambiara con el tiempo.
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Hoy la revista Ñ trae una sección dedicada al futuro del libro, en relación con Internet y la digitalización. En la Web sólo se puede leer un artículo de Andrés Hax (”Hacia una biblioteca universal. El futuro del libro”), que funciona más o menos como introducción. Hay otros tres, que por estar sólo en la edición impresa se irán desvaneciendo mucho antes que los problemas de que hablan.
Algo llamativo es que todos los artículos discuten un escrito de Kevin Kelly publicado en el New York Times en mayo de este año, pero en ningún momento dicen dónde leerlo. ¡Y es tan fácil de encontrar! Está acá: Scan this book!, por Kevin Kelly. El New York Times pide que uno se registre (gratis) para leer estas cosas, así que, convenientemente, el autor lo puso también en su sitio: Scan this book!, por Kevin Kelly (kk.org).
La visión de los artículos de Ñ es variada y un tanto confusa. Igual, vale la pena rescatar, del final de “El futuro del libro”, unas frases de Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, para quien la aparición de la pantalla (Internet, digitalización) es una ruptura mayor que la provocada por Gutenberg.
*
Me parece que lo que vaya a pasar con “el libro” como objeto no depende de los teóricos, y ni siquiera de las editoriales o los autores tradicionales, o de las leyes de propiedad intelectual, o los políticos. Depende de todos los demás: quienes leemos libros. Y de la tecnología.
Hay que ver lo que ocurre con la música: mucho juicio, mucha acusación de piratería, pero los mp3 circulan alegremente, cada vez más, y si todavía se venden CDs es porque (a) muchas veces tienen atractivo como objetos en sí mismos, (b) la gente se los regala a los amigos y parientes, (c) falta un mercado de mp3 legal, accesible y a precios sensatos.
Y hay que ver lo que ocurre con el cine y el video: si los archivos no pesaran tanto, estarían exactamente en la situación de la música… lugar al que van a toda velocidad. Con el agravante (para las grandes empresas editoriales) de que les falta (a) y (b): ni tienen un soporte físico atractivo, ni llegó a hacerse tan común que se usen como regalo.
¿Por qué el libro está lejos de circular digitalmente en la misma medida que la música, el cine y el video? Algunas respuestas (obvias, apenas en la superficie del tema):
Quienes leemos libros estaríamos tan felices de bajar el equivalente a un mp3 de cualquier novela como podemos estarlo de ver el último episodio de Lost antes de que se estrene en la televisión local, si fuera tan encantador de leer como el objeto de papel encerrado entre tapas de cartulina.
Y ojo que no está lejos: a mí me gusta más leer en pantalla porque me resulta más fácil vencer a la presbicia. Pero si quiero llevar la pantalla a la cama, al sofá o al baño, no tengo más remedio (por ahora) que usar mi Palm: una pantallita pequeñita, grisácea, con grandes píxels, que es más benigna para mis ojos que mucha letra chiquita que anda impresa por ahí, pero con la que es mucho más difícil establecer una relación afectiva.
Estoy entre los muchos que esperan el iPod del libro (comparación que no es mía, y se está viendo por lugares diversos). Lo que también me gustaría es que, en ese futuro próximo, las editoriales, los autores tradicionales, las leyes de propiedad intelectual, los políticos, colaboren con lo que de cualquier manera les va a pasar por encima.
*
Ya había apagado la luz, pero me quedó la tentación de citar un párrafo del artículo de Kevin Kelly, que ilustra la absoluta violencia de la ruptura:
When millions of books have been scanned and their texts are made available in a single database, search technology will enable us to grab and read any book ever written. Ideally, in such a complete library we should also be able to read any article ever written in any newspaper, magazine or journal. And why stop there? The universal library should include a copy of every painting, photograph, film and piece of music produced by all artists, present and past. Still more, it should include all radio and television broadcasts. Commercials too. And how can we forget the Web? The grand library naturally needs a copy of the billions of dead Web pages no longer online and the tens of millions of blog posts now gone — the ephemeral literature of our time. In short, the entire works of humankind, from the beginning of recorded history, in all languages, available to all people, all the time.
¿Cuánto tiene que cambiar para que esto sea posible? Nada en el mundo físico, tecnológico, material. Mucho en el de los conceptos, las leyes, la comprensión que se tiene de estos mundos nuevos.
De las muchas preguntas que saltan de inmediato, quiero nombrar dos:
(Apago la luz otra vez, sabiendo que el tema, así planteado, queda irremediablemente incompleto.)
*
P.D. (chat con blogger amiga en el que las cosas se clarifican):
me: Me puse serio: escribí un post en la MW sobre el futuro del libro. Ahora la cuestión es que alguien lo lea…
Bater: al post o al libro??
*
P.D. 2: También en Ñ de hoy (aunque la traducción se ve dudosa, al menos gramaticalmente), otro aspecto del tema:
Así como en el S. XIX fue el trabajador la causa de las violentas revoluciones que le impusieron la revolución industrial y sus máquinas, en el S. XXI será el consumidor la causa de las revoluciones que le permitan las modernas tecnologías de la era postindustrial. Las tecnologías de la información y la comunicación abren las puertas a un “siglo del consumidor emancipado” que también dominará en el arte.
(…)
En la era de MySpace.com, Flickr.com, YouTube.com, en la que millones de personas intercambian a diario sus fotos, textos, videos y música, en la que millones encuentran en la red una plataforma para la comunicación y el arte, pasando por alto instancias tales como editoriales, museos, galerías, revistas, radios, canales de TV, Hollywood, que son las que tradicionalmente decidían sobre la producción y la distribución de obras, el amateur, cuyo nombre en griego era “idiota”, se convierte en experto.
(”El del siglo XXI será el arte del amateur”, por Peter Weibel, director del ZKM. El artículo no está en el sitio de Clarín, y no lo puedo encontrar en otra parte para poner en claro lo que parece decir.)
*
P.D. 3: Algunos de los libros que me acompañan…

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(Click en la imagen para verla mucho más grande.)
Del La Fuente, Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1933, página 624. Más info, acá.
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Estos carteles están en el baño de hombres del Jardín Botánico de Buenos Aires, cerca de la entrada de República Árabe Siria.
Del primero sólo puedo decir que me parece bien que se ocupen de tanto apurado que anda por ahí. Esto tal vez no salga en los diarios, pero es que hay gente que se va goteando… ¡Un escándalo! (Click en la foto para verla más grande.)
Sobre el segundo cartel, el encargado del baño me explicó que está en tratativas con los del Oxford English Dictionary para que incluyan la palabra “botton” como “botón de abajo”, o “bottom button”:

También le pregunté al encargado dónde compra esos resaltadores que quedan tan bonitos, pero no quiso revelar su secreto.
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Y otras cuatro fotos que tomé estos días en Mar del Plata.
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Cuatro fotos que tomé estos días en Mar del Plata.
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Entre el jueves y el domingo pasados estuve en Mar del Plata, en las Primeras Jornadas Nacionales de EducaRed Argentina. Está muy linda Mar del Plata en octubre, y tan fotogénica como siempre.
Me tocó dar una charla, que por suerte funcionó bien, tal vez porque dejé de lado buena parte del libreto que había preparado muy cuidadosamente y me dejé llevar por lo que parecían las necesidades del momento.
En estos días habrá más fotos marplatenses por aquí, supongo.
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Llevo el auto a lavar, después de mucho tiempo. Cuando lo traigo de vuelta sube Gabriel al asiento de atrás, como siempre (Gabriel es mi hijo, tiene diez años), y enseguida me dice:
—El auto huele igual a cuando fui a Verónica.
Lo miro sorprendido, por el espejo retrovisor. La ida a Verónica fue hace como seis meses. Entonces agrega:
—¿Viste qué bien ando de la olidez?
Me río:
—De la olerancia, querrás decir.
Se ríe:
—No, de la olfatitud.
Nos reímos los dos. Y nos ponemos de acuerdo en que cualquiera de esas palabras debería existir.
Pero Gabriel no está contento.
—El auto me gustaba más cuando estaba sucio.
—¿De veras? —mientras arranco pienso un poco—. Claro, lo que pasa es que ahí atrás tenías restos de cada caramelo, cada galletita, cada chocolatín que te comiste en los últimos meses. ¡Al lavar el auto se llevaron tu memoria!
Gabriel se mueve, hace algo que al principio no entiendo. Escarba, digamos.
—¡No se llevaron todo! —dice después, y me muestra el celofán que envolvía un sorbete de caja de Gatorade.
—Ah, no, es trampa —contesto.
—También hay un papelito de caramelo de miel.
—¡Pero qué vergüenza! —protesto—. Voy a pedir que me devuelvan la plata proporcional. Si había ciento veintitrés papelitos y dejaron dos, eso significa que me deben…
—Como tres centavos.
—Y sí, voy a reclamarlos.
—Pero no tenés en cuenta que también lavaron por afuera.
—Cierto. Un centavo y medio entonces.
—¿Vas a reclamar por un centavo y medio?
—Sí, claro.
Hay una cuadra de silencio, mientras sigo manejando, y entonces Gabriel remata:
—No te olvides de mi comisión por haber encontrado los papelitos.
Así andan las cosas por aquí.
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