Lo venden en latas. No se puede creer. Tanta historia, tanto esfuerzo que llevó a las generaciones anteriores, tan simbólico de los usos y costumbres. Tan particular, tan idiosincrático. Tanto prestigio, tanta vergüenza. Tan preciso en cuanto a requerimientos y resultados. Tanto que se habló, tanto que se discutió. Tanta sangre derramada. Tan cálido en las manos, tan frío a distancia. Tanto que se exigió, tanto que se retaceó. Tan sólido a la manera en que eran sólidas las enciclopedias. Y ahora lo venden en latas.
Sección: Desorganizador
Lo venden en latas
14/5/2005
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Ahora cantemos todos juntos
14/5/2005
Ahora cantemos todos juntos. “La la lá,/ qué lugar/ tan azul,/ tan carmín…” Percibimos la cadencia del árbol que hay en nosotros, la luz del bosque que nos ilumina. Estamos unidos en lo profundo de un arroyo de consciencia. Cantemos todos juntos. “Sé sé sé/que en el mar/ hay un pez/ sin ojós.” Así, amigos, así, querida concurrencia, nos elevamos en las nubes del dorado fulgor, del frenesí, de la ameba primordial que solloza en nuestras almas evaporadas cual cubos incólumes. Cantemos, cantemos, cantemos todos juntos. “Mi mi mi/ corazón/ es rubí/ y sabor.” Amada muchedumbre, amados todos los que contemplan el barro de los pies y la tinta de las manos, amados estómagos del ingenio insomne, amadas cebras tricolores que suavizan el sábado, brincamos por sobre las tapias del conocimiento segregado por las cortinas, nos columpiamos de Norte a Sur, de Este a Oeste en los brazos de la madre calefactora que se mimetiza en primaveras. Ahora, ahora como en nuestra infancia, ahora como en nuestro futuro que está escrito en palabras invisibles, cantemos juntos. “Po po pó,/ nubarrón/ de metal/ y algodón…”
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Yo
14/5/2005
—Hola. Soy yo.
—Sí. Yo también soy yo.
—Pero yo soy más yo que vos.
—Eso es posible.
—Yo soy de verdad yo, mientras que vos no.
—Ah. No sabía. Entonces…
—Entonces vos tendrías que decir “yo hago como que soy yo”.
—Yo hago como que soy yo.
—Eso es. Aunque un poco todos hacemos como. Claro que yo no.
—Vos no. Vos sí que sos yo.
—Exacto.
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Hay cosas curvas y cosas rectas
13/5/2005
Hay cosas curvas y cosas rectas. A veces, las cosas rectas sirven para hacer curvas, pero no a la inversa. Algunas cosas rectas son en realidad curvas, cuando se cambia la escala. Algunas cosas curvas jamás llegarán a ser rectas. No hay nada recto-curvo, ni curvo-recto, es imposible. Algunas cosas rectas lastiman. Algunas cosas curvas sobran. Hay cosas que lastiman y no son rectas, así como cosas que sobran y no son curvas. Hay cosas que lastiman que cambian de forma con el tiempo. Hay cosas que cambian de forma, y así no lastiman. Hay cosas que sobran pero no lastiman, y cosas que lastiman y sobran a la vez. Hay cosas que sólo lastiman a cosas rectas. Hay cosas curvas que sólo sobran cuando están juntas. Hay cosas que están juntas y lastiman. Hay cosas que sobran, son rectas y están separadas. Hay cosas que están juntas y nunca cambian de forma. Hay cosas separadas que lastiman por no ser curvas. Hay cosas que, siendo curvas, cambian de lastimadoras a sobrantes cuando tratan de convertirse en rectas. Hay cosas que sobran cuando lastiman. Hay cosas que pueden ser curvas o rectas, estar juntas o separadas, y lastiman cuando cambian de forma.
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Uno cuenta un chiste
13/5/2005
Uno cuenta un chiste. Dos se ríe. Pero el chiste tenía una alusión a cierto aspecto del pasado de dos, cosa que dos comprende unas horas más tarde, mientras viaja en el colectivo de regreso a su casa, aunque está convencido de que uno jamás pudo enterarse de aquello. Al día siguiente hay una extraña conversación telefónica, en la que dos explica a tres que nunca quiso decir lo que dijo entonces. Tres se queda pensando, sin entender, hasta que se encuentra con uno para tomar una cerveza y se olvida de todo. Uno le cuenta un chiste.
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Tengo una pelota de goma
13/5/2005
Tengo una pelota de goma. Está adentro. Todos piensan que ahí encontrarán pulmones, corazón, estómago, tripas. Pero no, es una pelota de goma, grande, maciza, de esas que han pasado por muchos botines y tienen la misma deformación de una luna de Júpiter. A veces actúa como esponja, absorbiendo la materia que entra a mi organismo, y entonces se hincha, ocupa todo el espacio disponible y dos centímetros más a cada lado. A veces suelta todo en un chorro de aire enviciado que traza figuras de caleidoscopio ante los ojos de los demás. Pesa. La verdad es que pesa.
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El eco de la respuesta
13/5/2005
El eco de la respuesta arruina el silencio subsiguiente. Nadie encuentra qué decir, mientras esos reflejos de reflejos de palabras vuelven a caer en los oídos. Es una técnica. Ganada la discusión, el último en hablar abandona el cuarto y se va a pisar el césped en otra parte.
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Había tantas nubes
13/5/2005
Había tantas nubes con forma de ballena, flor, conejo, dios nórdico, auto, mano, ratón, anillo, árbol, camisa, montaña, reloj, torre Eiffel, avión, muela, cisne, llave, submarino, que se fusionaban unas con otras hasta terminar formando una única superficie blanca.
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El agitador
12/5/2005
El agitador vive solo. No tiene perro. No tiene amigos. Se acuesta a las once de la noche y se levanta temprano. Mientras camina hacia el subte piensa en cosas que no le cuenta a nadie.
El agitador entra al trabajo unos minutos tarde, saluda con cortesía, se sienta. María S. no le devuelve la mirada. Alguien habla de un programa de televisión.
El agitador come un sandwich de milanesa, carne envuelta en dos capas de pan, con lechuga y tomate. Está flaco de tanto agitar, de tanto agitarse.
El agitador pasa horas enteras sin acordarse de contarlas, y después cae en la cuenta de que falta menos, falta mucho menos y todavía no se puso al día.
El agitador tiene que informar este sábado, y no sabe qué decir. Tampoco tiene ganas.
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Clasificación
12/5/2005
Según su acentuación, las palabras pueden ser agudas, graves o inútiles.
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No se entiende
12/5/2005
No se entiende por qué habla así. Es diferente de nosotros. Dice cosas raras. Molesta, realmente. Al final, hay que ponerle un marcapasos en la lengua.
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El avión sube
12/5/2005
El avión sube, baja, da vueltas, echa humo, lo absorbe, despliega un paracaídas, lo suelta, mueve las alas, mueve la cola, acelera, frena, se sostiene en el aire sin manos, grita y se ríe como un chico, trepa más allá de la atmósfera, da una vuelta a la luna, se convierte en bala, en cigüeña, en pingüino volador, en barrilete, en mariposa, vuelve a ser avión y sale de la pantalla.
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Pasa un auto gris
12/5/2005
Pasa un auto gris, pasa un auto rojo, pasa un auto blanco, pasa otro auto rojo pero más oscuro que el segundo, pasa otro auto gris pero más claro que el primero, pasa una camioneta celeste, pasa un auto medio turquesa (el color de los azulejos del baño en la casa de mi infancia), pasa un taxi amarillo y negro, pasa otro auto gris pero más oscuro que los anteriores, pasa un auto bordó, pasa un auto verdoso (antiguo, de esos que tienen el techo revestido de algún plástico negro), pasa otro auto gris medio oscuro aunque ya no lo puedo comparar con los de antes, pasa un auto amarillento (el color que mi madre suele llamar “marfil”), pasa el auto violeta que suelo ver cuando vuelvo de llevar a mi hijo a la escuela, pasa otro auto de un rojo más puro y claro que los anteriores, pasa otro auto blanco, pasa un auto negro o tal vez gris muy oscuro, pasa un colectivo de varios colores entre los que domina el celeste, pasa un auto gris como tantos otros, pasa un auto azul recién salido del mar, pasa otro auto bordó, pasa otro auto bordó más, pasa un auto gris claro con un parche más oscuro en el guardabarros delantero izquierdo, pasa un auto verde, y en cada auto hay alguien que sigue de largo.
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Es carnaval
12/5/2005
Es carnaval, de manera que la gente se pone pelucas anaranjadas para salir a arrastrar los pies por la calle, carga pitos y matracas para ir a discutir con los parientes y pelearse con los hijos, ensaya una sonrisa en el espejo para mejorar la expresión de hartazgo cuando llega al trabajo.
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Lo distinguen de otros artistas
11/5/2005
Lo distinguen de otros artistas, aunque tal vez no tanto como quisiera darnos a entender, la elegancia del trazo curvo, la acentuación de los pómulos, la soltura en la composición cromática, la calvicie prematura, el desenfado en la elección de temas, el saco raído, la innata capacidad de síntesis, los dientes amarillos, el uso novedoso del claroscuro, las rodillas huesudas, la aparente simbiosis entre forma y fondo, las orejas sucias.
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El agua resbala
11/5/2005
El agua resbala por la pared y cae en la escalera que debo bajar. Todo es blanco menos yo. A mi espalda queda un reguero de talco y madres que tratan de limpiarlo con trapos húmedos. Hay muchas cosas inútiles, pero el día que haga la lista empezaré diciendo que a mi tacho de basura le falta el fondo.
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Siempre supe
11/5/2005
Siempre supe que la escalera tenía trece escalones. Hasta que debí subir, y entonces tuvo dieciocho.
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Te devuelvo el libro que me prestaste
11/5/2005
Te devuelvo el libro que me prestaste, con el valor agregado de las horas de insomnio, la mancha de chocolate en la página 147, la estadía entre Expiación y Milenio negro, la mirada de la chica del subte que quería adivinar, el descubrimiento de que doblás las hojas para marcar por dónde vas, el tiempo perdido, el tiempo ganado, el tiempo que empatamos.
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El pueblo está preocupado
11/5/2005
El pueblo está preocupado por la falta de frío, el árbol que se seca, los perros sin patas, la mezcla de nubes que tuvimos ayer, el color de los zapallos, la humedad que sale por las paredes de la iglesia, el celofán, la malaria, el molino de viento, la suba del alquiler, la velocidad de los gansos salvajes que han venido de otro continente, el sombrero del alcalde, las faldas de la hija del panadero, el camino que lleva al cerro, la piedra amarilla, las orejas del caballo blanco, el aljibe y las sombras chinescas.
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Estoy esperando que me atiendan
11/5/2005
Estoy esperando que me atiendan, sentado en el sillón verde oscuro, frente a la mesita donde se apilan los folletos. A mi derecha hay una ventana alta, por la que sólo veo una pared con otra ventana igual a la mía, que sin duda pertenece a la oficina de al lado. Me acomodo en el borde del asiento y me echo hacia atrás, hasta apoyar en el respaldo los hombros y la cabeza. Dejo caer el brazo izquierdo por fuera del apoyabrazos, hasta que los dedos rozan la parte inferior del sillón y entran en el hueco que dejan las patas. Ahí encuentro un material blando y rugoso, fácil de atrapar con los dedos. Tiro y se desgarra, sin ruido. Tiro un poco más, arranco un pedazo y no me atrevo a mirarlo. Con un giro de la mano lo arrojo hacia atrás, donde tal vez nadie lo vea. Arranco otro pedazo. Ahora encuentro una especie de algodón basto, un relleno hecho de fibras suaves y ásperas a la vez, según por donde las toque. También es fácil de arrancar, aunque tiende a quedarse pegado a los dedos. Sale un trozo, sale otro, y sigo tirando todo hacia atrás, mientras miro por la ventana esa otra ventana por la que ahora se asoma alguien, me saluda con un movimiento de cabeza y vuelve a meterse adentro sin darme tiempo a responder. No hay caso. No me atienden. Tendré que hacer algo al respecto.
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