Iba a venir el plomero, y no vino. Se llama Armando. Cuando andamos cínicos, depres, derrotistas, misántropos, pesimistas, agoreros, lo llamamos Desarmando.
Sección: La hora del payaso
Armando
22/3/2006
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Las fábulas de Gimenez
30/11/2005
(Recopilación de textos que aparecieron aquí entre abril y mayo de 2002.)
1. El zorro y el caracol
Andaba un zorro siguiendo el rastro de su cena cuando el azar lo llevó junto a una planta por la que trepaba un caracol.
El destino hizo que el zorro detuviera su paso junto a la planta y moviera la cabeza hacia la izquierda. El foco de sus ojos empezó a trazar una rápida línea recta en la dirección exacta en que el caracol se detenía también en su lento ascenso y orientaba las antenas.
Hubo un momento de tensión en el universo. Los propios dioses se preguntaron qué ocurriría. Por un instante mínimo, apenas un punto en el tiempo, el nudo casi infinito de las posibilidades giró en el vacío sin que se supiera hacia dónde empezaría a deshacerse.
Después, la mirada del zorro pasó exactamente dos centímetros por encima del caracol, y ambos siguieron su camino.
Moraleja: No, no hay mucho en un zorro y un caracol que les importe mutuamente. (*)
2. La cucaracha y Dios
La cucaracha vio la mano del cocinero que caía sobre ella demasiado tarde para escapar corriendo. Sin embargo, para las cucharachas el tiempo transcurre con extrema lentitud, así que aún pudo examinar otras formas de salvarse.
Primero pensó en razonar con la mano. Pero la mano no actuaba por su cuenta. Encima de ella había un antebrazo, un codo, un brazo, un hombro, todos en la tarea de enviar la mano a aplastarla.
Entonces pensó en razonar con el cerebro que supervisaba la acción. Pero en el cerebro del cocinero sólo habría prejuicios (”toda cucharacha debe morir”). Y un cerebro humano sería demasiado lento para cambiar de actitud.
Finalmente pensó en un Dios que pudiera detener al cocinero. La cucaracha no estaba segura de que hubiera un Dios, pero en momentos tan críticos la sola posibilidad de Su existencia merecía ser explorada.
De modo que la cucaracha se dispuso a iniciar una oración. Pero antes de llegar a ese paso definitivo, al Paso Trascendental, había perdido demasiado tiempo en la tarea burocrática de detenerse en cada punto intermedio. El razonamiento limitado y estrictamente secuencial que la había llevado a comprender que la mano obedecía a otros músculos que obedecían a un cerebro que obedecía a algo superior le había quitado cada centésima de segundo disponible. Así, antes de que lograra siquiera encaminar sus pensamientos a ese Dios Eventual, ese Dios que de existir tal vez habría podido salvarla, ese Dios que, por otra parte, en caso de haber estado a priori dispuesto a salvarla quizá la hubiera dotado de otro estilo de pensamiento; antes, decía, de llegar a Él, la mano terminó su recorrido con un chasquido húmedo.
Moraleja: No vengo más a este restaurante.
3. El gorrión y las dos ramas
Un gorrión volaba hacia un árbol del que salían dos ramas, una hacia la izquierda, la otra hacia la derecha.
El primer impulso del gorrión fue ir a posarse a la rama de la izquierda. Pero no, algo lo llevó a reconsiderar la decisión, y giró hacia la rama de la derecha.
De todos modos, no carecía de beneficios la posibilidad de utilizar la rama de la izquierda, así que una vez más torció el rumbo. Aunque la rama de la derecha, obviamente, tenía sus virtudes, y hacia allí reorientó su vuelo.
Un instante después, la rama de la izquierda volvió a parecerle tentadora. Corrigió la orientación, sólo para volver a engolosinarse con la perspectiva de un descanso en la rama derecha. Y otra vez quiso modificar la dirección que llevaba.
Pero era tarde. El gorrión se estrelló de cabeza contra el tronco.
Moraleja: Los árboles están mal diseñados.
4. El pastorcillo y el lobo
Había una vez un niño que vagaba por los alrededores del pueblo. De pronto, desde unas grandes rocas, vio un lobo que buscaba comida.
—¡Lobo, lobo! —gritó el niño—. ¡Por favor, no te comas mis ovejas! —y corrió a esconderse entre las rocas.
El lobo, hambriento, corrió hacia aquella voz, pero no encontró ninguna oveja. Decepcionado, continuó su deambular. El niño, en tanto, reía en su escondite: había logrado engañar al lobo.
Lo mismo ocurrió al día siguiente. Viendo al lobo que aún buscaba llenar su panza, el niño gritó:
—¡Lobo, lobo! ¡Por favor, no te comas mis ovejas! —y otra vez se escondió entre las rocas.
El lobo volvió a ilusionarse. Salivando por la expectativa, buscó en todos lados hasta que, vencido, decidió retirarse. El niño reía cada vez más.
La historia se repitió varias veces, sin cambios. Hasta que un día el pastor del pueblo faltó al trabajo. El niño, por primera vez en su vida, recibió las ovejas para cuidarlas y así se convirtió en pastorcillo.
Llevando las ovejas de aquí para allá, como hacen los pastores en las fábulas, ocurrió lo previsible: el pastorcillo volvió a encontrar al lobo.
—¡Lobo, lobo! -gritó desesperado—. ¡Por favor, no te comas mis ovejas!
El lobo, como siempre, fue tras la voz lleno de esperanza. Y se comió todas las ovejas.
Moraleja: Persevera y triunfarás.
5. El gato y el árbol
Una vez un gato entró en pánico, por motivos reales o no, y como suelen hacer los gatos corrió a treparse a un árbol. Llegó muy alto antes de mirar atrás, llegó donde el peligro seguramente no tenía derecho a perseguirlo.
Una vez ahí se detuvo y, en equilibrio sobre una rama angosta, consideró el siguiente problema: cómo iba a bajar. Estiró una pata hacia el tronco, lo acarició varias veces y comprobó que por ese lado estaba condenado a resbalar y caer. Dio media vuelta. Avanzó unos pasos por la rama, una pata por vez, suavemente, hasta asegurarse de que la rama no llevaba a ningún lado. Entonces retrocedió, muy lentamente, usando las uñas para aferrarse, hasta llegar de nuevo junto al tronco. Ahí se acostó. A falta de algo mejor, empezó a limpiarse.
Era de día, así que tenía que mantenerse escondido. Si alguien lo veía, iba a venir con una escalera para tratar de rescatarlo. Y se sabe que los gatos no quieren ser rescatados. De manera que, salvo las sucesivas operaciones de limpieza, se mantuvo quieto. Durmió, también, mientras pasaban las horas.
Se puso el sol. Se encendió alguna lamparita en la calle, débil, distante. La gente dejó de hacer ruido, dejó de pasar, apagó las luces en las casas. El gato, ahora completamente despierto, esperó un rato más, a que el último de los movimientos se acabara. Entonces, cuando ya no hubo riesgo de que lo descubriesen, se levantó, anduvo hasta el punto más lejano del tronco que se atrevió a pisar, y con un solo impulso decidido desplegó las alas y se fue volando.
Moraleja: Otra vez olvidé mi medicación.
6. La hormiga y el camino de hormigas
—No soy yo el camino —se dice una hormiga que forma parte de un camino de hormigas—. Ninguna hormiga es el camino. El camino es la información, el recorrido, la carga. Y es el conjunto de contactos entre mis hermanas y yo lo que permite que el propio camino siga existiendo.
La hormiga avanza, sigue prolijamente la senda trazada mientras su mente elabora:
—Y sin embargo, no hay camino sin hormigas. Una hormiga determinada no importa: quitémosla del camino, y habrá un leve tropiezo, una duda, pero el camino seguirá existiendo. Dos hormigas, lo mismo. Pero vayamos quitando una y otra hormiga, y llegará un momento en que una sola hormiga menos significará la desaparición del camino. ¿Esa hormiga, entonces, es el camino?
Así estaban las cosas cuando su razonamiento fue interrumpido por un zapato del 43, izquierdo, que casualmente pasaba por allí.
Moralej [crunch]
(*) Jorge Varlotta propuso otra moraleja para la fábula del zorro y el caracol: “No todo lo que reluce es oro.”
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Sinánimos de Ignacio Sanz
20/9/2005
Nuevos sinánimos, cortesía de Ignacio Sanz. (Los sinánimos, o sinónimos desanimados, aparecieron originalmente acá.)
El sinánimo de Rolling Stones es Ratones Paranoicos.
El sinánimo de Mozart es Richard Clayderman.
El sinánimo de milanesa a la napolitana es milanesa de soja con tofu.
El sinánimo de paella es arroz con pollo.
El sinánimo de París, la Recoleta.
El sinánimo de cúpula, claraboya.
El sinánimo de ventana, ventiluz.
El sinánimo de La Casa Blanca, La Casa Rosada.
El sinánimo del Támesis, el Riachuelo
El sinánimo de Xuxa, Caramelito.
El sinánimo de Warhol, Klem.
El sinánimo de Muhamad Alí, Tyson.
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La expresión misteriosa
4/9/2005
La expresión misteriosa, la mirada oblicua y cargada, el halo de dolor en torno a los labios fruncidos, la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, el paso de pronto inseguro, la frente perlada de sudor, la crispación de las manos en los bolsillos de la campera, la tensión de los músculos del cuello, todo eso duró hasta que pudo sacar el chicle de la muela agujereada.
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Cuentos para niños
2/9/2005
Tanta discusión sobre qué es un cuento para niños y qué no es un cuento para niños. Y de pronto vengo a descubrir una definición maravillosa, simple, clara, y que por sobre todo patea la pelota para el otro lado de la cancha:
“Un cuento para niños es aquel que está acompañado por una ilustración para niños.”
¿Qué tal?
P.D.: Algunos comentarios que aparecieron en otro post me hacen pensar que tal vez convenga recordar a los amigos visitantes que disfruto mucho del humor, el cinismo, el sarcasmo, la sátira, la parodia, y otras anomalías del pensamiento y la comunicación entre humanos. Uno o más de esos factores deberían ser aplicados a lo que escribí más arriba (y a ese otro post) antes de empezar una discusión sobre sus méritos. Todo esto dicho con la mayor seriedad, claro.
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Catástrofe
5/8/2005
Catástrofe, calamidad: casas caídas, camiones calcinados, cables carcomidos. Cabezas calvas calculan causas, calladas. Casi caos.
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La Pera Grosera y el Pez Soez
24/7/2005
Un día la Pera Grosera y el Pez Soez caminaban juntos por el bosque.
—M… —dijo el Pez Soez.
—P… —dijo la Pera Grosera.
Es que eran tan amigos y se conocían tanto que sólo necesitaban decir las iniciales de las palabras, y así se entendían.
—C… —dijo luego el Pez Soez.
—P… —dijo la Pera Grosera, pero se refería a una p… que no era la anterior.
—C… —dijo el Pez Soez, pensando, claro está, en una c… diferente.
—C… —dijo la Pera Grosera, que sin duda pensaba en algo distinto de las dos c… anteriores.
—L… —dijo el Pez Soez.
La Pera Grosera se detuvo en mitad de un paso.
—¿L…? —preguntó.
—L… —insistió el Pez Soez.
La Pera Grosera se quedó pensando, y luego agregó:
—Q…
El Pez Soez estuvo a punto de ahogarse de la sorpresa.
—¿Q…? ¿Q…?
—Q… —insistió la Pera Grosera.
Por unos momentos anduvieron en silencio, hasta que el Pez Soez agregó:
—Z…
—R… —dijo la Pera Grosera.
—K… —dijo el Pez Soez.
—N… —dijo la Pera Grosera.
—B… —dijo el Pez Soez.
—X… —dijo la Pera Grosera.
—S…
—H…
—W…
Fue el triste fin de una bella amistad.
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La Pelota Pavota y el Globo Bobo
23/7/2005
Había una vez dos amigos, la Pelota Pavota y el Globo Bobo. Un día, la Pelota Pavota dijo:
—¿Sabés qué, Globo Bobo?
—¿Qué, Pelota Pavota? —contestó el Globo Bobo.
—Quiero tener una arista —dijo la Pelota Pavota.
—¿Una qué? —preguntó el Globo Bobo.
—Una arista —respondió la Pelota Pavota—. Soy tan redondita, tan suave, que nadie me respeta. Necesito algo en punta, algo que lastime, para que los demás me respeten.
El Globo Bobo se quedó mudo con el discurso de la Pelota Pavota. La Pelota Pavota también, porque era lo más largo que había dicho en su vida.
La cuestión es que los dos se pusieron enseguida a buscar cómo hacerle una arista a la Pelota Pavota. Lo probaron todo, aunque es difícil decir lo que hicieron porque fueron cosas del mundo de los Globos y las Pelotas, que nosotros los Humanos muchas veces no comprendemos. Además, no se me ocurre nada.
Pasaron las horas, y estaban a punto de rendirse cuando de pronto, zas, un costado de la Pelota Pavota se pinchó. Entusiasmado por lo que parecía el comienzo de una arista, el Globo Bobo empezó a tirar y soplar y empujar, hasta que la Pelota Pavota quedó hecha toda aristas en el piso.
Lleno de terror por lo que había provocado, el Globo Bobo partió gritando hacia el horizonte.
Desde entonces, a la Pelota Pavota todos la conocen como la Pelota Rota. Y al Globo Bobo… Bueno, el Globo Bobo ahora es Ultra Globoman, el Asesino Demente.
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Negocios
28/6/2005
Puso un negocio de lobotomías, pero le fue muy mal porque ya estaban casi todas hechas.
(Puso un negocio de prevención de la calvicie, y lo llevaron preso por apología del pelito.)
(Puso un negocio de materiales de relleno, y lo llevaron preso por defraudación y estofa.)
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Tal vez
30/5/2005
Es posible que, después de todo, salvando las innumerables objeciones que se han hecho a lo largo de los últimos días y en relación a la mayoría de los temas considerados, sin por eso obviar los apoyos críticos, los consejos bienintencionados, el continuo fluir de ideas que enriquecieron el debate, aunque debamos también consignar el acoso de ciertos sectores poco constructivos, que si bien no han hecho mella en las convicciones sí han contribuido a drenar energías, tras momentos de zozobra cuando creíamos que todo se iría por la borda, así como de felicidad cuando comprendimos que finalmente llegaríamos a buen puerto, a pesar de los contratiempos que llegaron mucho más allá de lo previsto y pusieron a prueba el temple de cada participante, contratiempos que sin embargo sólo tuvieron el efecto de confirmar nuestro rumbo, de alentarnos a seguir adelante, de proseguir la senda trazada, no obstante, indubitativamente.
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Baldosas deducibles
27/5/2005
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, haciendo un hábil uso de las características de las baldosas que adornan nuestras veredas, ha diseñado un nuevo mecanismo por el cual los vecinos de esta ciudad pueden deducir de las tasas municipales el periódico gasto en baldosas nuevas en que deben incurrir.
Las baldosas de Buenos Aires tienen una cualidad que comparten con las huellas digitales: no hay dos que sean idénticas. Es el resultado de largas décadas de romper y arreglar, romper y arreglar, romper y arreglar. Cada empresa de servicios públicos, cada compañía de televisión por cable, cada entidad con caños que tender ha venido rompiendo y arreglando, rompiendo y arreglando sin prisa y sin pausa. Tras romper algunas baldosas en cada vereda las han reemplazado (y las siguen reemplazando) con baldosas nuevas, parecidas a las anteriores. Parecidas, que no iguales. El entramado de sucesivas sustituciones le ha dado a la ciudad ese original aspecto de rompecabezas, aún no debidamente documentado por quienes se interesan en el paisaje urbano, ni académica ni artísticamente.
Ahora, el Gobierno de la Ciudad ofrece una oportunidad única en el mundo, con la apertura del Registro Urbano de Baldosas. Cada propietario frentista deberá tomar una foto de cada una de sus baldosas (de acuerdo a especificaciones técnicas que se pueden retirar en los Centros de Gestión y Participación de 8 a 12), y depositar una copia de esas fotos en el Registro. Se le dará un número por cada baldosa, y se le sellará el dorso de otra copia de cada foto. El trámite será gratuito.
Y ahora lo verdaderamente interesante. Cuando una empresa de servicios cave una zanja en su vereda, entregará al propietario un fragmento de cada baldosa destruida en el proceso. Ese fragmento, no menor al 51% (cincuenta y uno por ciento) de la superficie original de la baldosa, será depositado por el propietario en las oficinas del Registro junto con la foto correspondiente. El Departamento de Verificaciones del Registro de Baldosas tendrá treinta días hábiles para expedirse sobre la exacta correspondencia entre fragmento y foto.
En tanto, la empresa responsable de la zanja volverá a cubrirla, como siempre, con baldosas nuevas, parecidas pero no iguales a las anteriores. Además, hará entrega al propietario de un Certificado de Costo de las baldosas adquiridas y colocadas. Tras tomar nuevas fotos, el propietario se presentará ante el Registro para dar de alta las nuevas baldosas, acompañadas por su respectivo Certificado de Costo.
En caso de que el Departamento de Verificaciones del Registro de Baldosas acuerde la baja definitiva de las baldosas cuyos fragmentos fueron presentados, el propietario podrá tramitar la deducción de un 33% (treinta y tres por ciento) del monto estipulado en el Certificado de Costo de la tasa por Alumbrado, Barrido y Limpieza que le corresponda, en el año inmediatamente siguiente.
Con este nuevo emprendimiento, el Gobierno de la Ciudad se enorgullece de aunar en un solo proyecto las características que hacen que nuestra urbe sea única en el mundo, con el afán participativo de los ciudadanos, y el deseo de hacer justicia en el tema de la distribución de las tasas a pagar.
Se da por descontado un amplísimo apoyo popular a la iniciativa.
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Frases célebres
21/5/2005
A veces pienso que debería ponerme a escribir frases que, en la intención al menos, tengan destino de célebres.
“La soledad es un arma que apunta hacia adentro.”
¿Qué tal, eh?
“El mejor amigo es aquel que habla menos que uno.”
Bueno, ahí se me coló algo de cinismo. Es difícil de evitar.
“El amor es al vino como la luciérnaga a la esperanza.”
¿Qué? ¿Acaso se tienen que entender, además?
“No dejes de trabajar porque el invierno no acabe nunca.”
Sí, conformismo también. Y cuanto más rastrero, mejor. Es parte de la receta, ¿no?
“Quien calla primero podrá agarrar otra porción de pizza.”
Pero siempre acabo reconociendo que, después de todo, tal vez esto no sea para mí.
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Recetas para resolver los problemas del mundo (parte I)
21/5/2005
¿Por qué no acuñar monedas con el valor de un boleto de colectivo? No sé cuánto hace que los colectivos de Buenos Aires cobran 80 centavos por los viajes más frecuentes. Si desde entonces existiera una moneda de 80 centavos, el beneficio para pasajeros y empresas habría sido enorme. Y el día que los colectivos aumentan, se dejarían de acuñar esas monedas (que no por eso dejarían de circular, al menos por un tiempo) para empezar a acuñar otras con el nuevo valor. Desde ya, nada impediría que las monedas de 80 se usaran para cualquier otra transacción, en cualquier parte del país.
Sí, también podría haber una moneda de 70 para los viajes en subte. Pero en el subte se vende las tarjetas antes de que uno viaje, y en la cantidad que uno pida. Por lo tanto, la moneda de 70 no es una necesidad tan grande.
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Narcisa Bella
20/5/2005
Caminando por esta calle hacia Cabildo paso por un “salón de belleza” que se llama Narcisa Bella. Buen nombre. Los otros comercios deberían tomar el ejemplo.
El banco, sin ir más lejos, podría llamarse Marcos Mosca.
La verdulería, Juliana de Lechuga.
A la panadería le iría bien Magdalena Milonguita.
La agencia de servicios fúnebres se arreglaría mejor con Dolores Martirio Corona.
El taller de chapa y pintura, tal vez forzando las cosas, podría ser Tito Caron.
El barrio tendría otro status si la ferretería fuera Miguelito Fierro.
La joyería está casi obligada a llamarse Perla Cuello.
Pero no hay caso, ya sé. La gente no tiene imaginación.
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Resultados (2)
18/5/2005
Resultados de la Encuesta General sobre Encuestas realizada por nuestra empresa entre el 5 de febrero de 1943 y el 16 de mayo de 2005, sobre una muestra de 3.478.962 encuestados:
1. ¿Esta es la primera encuesta que le hacen en su vida?
Sí: 5%
No: 94%
Ns/Nc: 1%
2. Su actitud hacia esta encuesta, ¿es en general positiva?
Sí: 50%
No: 50%
Ns/Nc: 0%
3. ¿Es verdad que esta es la primera encuesta que le hacen en su vida?
Sí: 1%
No: 97%
Ns/Nc: 2%
4. ¿Le molesta que en una encuesta haya preguntas repetidas?
Sí: 45%
No: 21%
Ns/Nc: 34%
5. ¿Contestó la verdad a mi segunda pregunta?
Sí: 51%
No: 0%
Ns/Nc: 49%
6. ¿Le sorprende que en general no se repitan preguntas en las encuestas?
Sí: 12%
No: 17%
Ns/Nc: 71%
7. ¿Preferiría, en este momento, estar respondiendo una encuesta diferente de esta?
Sí: 11%
No: 9%
Ns/Nc: 80%
8. ¿Le gustaría que esta fuera la última pregunta de la encuesta?
Sí: 13%
No: 1%
Ns/Nc: 86%
9. ¿Mintió en alguna de las respuestas anteriores?
Sí: 0%
No: 0%
Ns/Nc: 100%
10. ¿Volvería a responder a esta encuesta si tuviera que empezar de nuevo?
Sí: 0%
No: 0%
Ns/Nc: 100%
11. Ey, ¿me oye?
Sí: 0%
No: 0%
Ns/Nc: 100%
12. ¿No cree que este trabajo ya es una porquería sin que usted…?
Sí: 0%
No: 0%
Ns/Nc: 100%
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Resultados
18/5/2005
Resultados de la Encuesta General de Peatones realizada por nuestra empresa entre el 2 y el 17 de mayo de 2005, sobre una muestra de 23.655 encuestados:
1. ¿Oyó alguna vez la palabra “trapapózoli”?
Sí: 38%
No: 26%
Ns/Nc: 36%
2. ¿Conoce la Ley de Protección al Congelado?
Sí: 53%
No: 2%
Ns/Nc: 45%
3. Si recibiera una oferta laboral en Saturno, ¿festejaría tomando alguna bebida alcohólica?
Sí: 1%
No: 98%
Ns/Nc: 1%
4. Su altura, ¿es mayor o menor que la mía?
Sí: 33%
No: 46%
Ns/Nc: 21%
5. ¿Qué tres calificativos aplicaría a una persona que (hipotéticamente) cortara todos los árboles del planeta y los convirtiera en relleno de colchones?
Sí: 11%
No: 36%
Ns/Nc: 53%
6. ¿Oyó alguna vez la palabra “trapapózoli”?
Sí: 100%
No: 0%
Ns/Nc: 0%
7. En la selva del Amazonas existen más especies de insectos que de plantas. Se cuenta de un explorador que decidió contarlas una por una, y que al momento de ser internado en terapia intensiva por picaduras había llegado a más de ochocientos millones. ¿Usted que opina?
Sí: 74%
No: 58%
Ns/Nc: 93%
8. ¿Sabe hablar swahili?
Sí: 64%
No: 21%
Ns/Nc: 16%
9. Este es el peor trabajo que tuve en mi vida. Jamás volveré a hacer una encuesta.
Sí: 99%
No: 99%
Ns/Nc: 99%
10. ¿Le parece que la cavidad bucal de una supernova es más brillante que el derecho universal al voto de los aminoácidos?
Sí: 1%
No: 2%
Ns/Nc: 1%
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El capitán del barco
16/5/2005
El capitán del barco decidió hundirse cuando al barco aún le quedaban muchos años de seguir a flote.
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Las frases palindrómicas
9/1/2005
Las frases palindrómicas han recibido una enorme atención de mentes brillantes, hábiles con el idioma, capaces de prodigios de ingenio. Sin embargo, basta un breve repaso de las más conocidas para descubrir una calidad sorprendentemente baja. Pareciera que esas mentes únicas hubiesen dejado de lado lo que las distingue para dedicarse a este género. La torpeza que exhiben las frases palindrómicas más conocidas es un insulto a la inteligencia.
Como ejemplo, trataremos la frase palindrómica tal vez más conocida:
Dábale arroz a la zorra el abad.
A la primera mirada se percibe el arcaicismo de la forma, el carácter falsamente “poético” de la construcción, la pedantería de ese “dábale” que, una vez superado el siglo XIX, sólo es posible encontrar en el peor periodismo.
Es patético que nosotros, sin mayor experiencia previa en el tema, podamos mejorar ese palíndromo con tanta facilidad:
El abad le daba arroz a la zorra.
Pero aún no es suficiente. La palabra “zorra” tiene connotaciones que el contexto no exige, por lo que encontramos preferible sustituirla por “zorro”. Y “abad” es un término que en nuestra sociedad, crecientemente secular, dista de ser fácilmente comprensible (¿quién ha visto una abadía? ¿Quién sabe qué es un abad?). De manera que sugerimos la siguiente versión:
El cura le daba arroz al zorro.
Somos conscientes de que aún quedan problemas: ¿por qué un cura se dedica a alimentar a un zorro? ¿A quién se le ocurre que el zorro se interese en el arroz? Sin embargo, reconociendo la libertad que se debe otorgar al arte, aceptaremos que la celebérrima frase quede expresada de ese modo. Es indiscutible que la hemos mejorado en mucho.
Otra cuestión que hemos encontrado por ahí es la pretendida imposibilidad de traducir una frase palindrómica. A nosotros no nos parece tal. Sin ir más lejos, y al correr de la pluma:
The priest gave rice to the fox.
Y si queremos mayor elegancia, incluso sutileza:
The priest used to feed the fox with rice.
En fin. Con sólo un ejemplo, y en pocos minutos, hemos logrado demostrar que un género tan respetado, admirado, reverenciado como el de las frases palindrómicas, sometido a un análisis sencillo y de sentido común, puede acabar cayendo como un castillo de naipes.
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Dos refrases de Pablo Milrud
5/11/2004
Pablo Milrud me mandó dos refrases:
La naturaleza es savia.
Ablandando se entiende la gente.
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Folk clore
31/10/2004
Y ya que estamos, ¿por qué no “folqlore”?
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