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Dice demasiado

Cuervo voluntario espacio amianto Leningrado.

Siguen las voces. Primero, atrás, encierro. Siguen los truenos. En otra parte de la ciudad se entierra el miedo que aquí ni siquiera describimos.

El viernes es día de la palabra calaña. Calaña, presagio, cabrestante. El río de voces y truenos que no se entiende porque dice demasiado.

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Sin lente

Pandero espacio mar camaleón precoz.

Recuadro de silencio en torno a imágenes del pasado. Tu cara también. Dibujos de memoria que no reconozco. Azul es poco. Gris.

La punta de los dedos acaricia estas teclas hasta gastarlas. Somos más duros que transparentes, más lentos que refugiados. Abril es poco.

Miro sin lente porque así las cosas quedan más lejos. Abel es poco.

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Pared disfrazada

Sotana moneda cartón insomnio lenguaje.

Agenda del día anterior convertida en mito. Desfile de máscaras. Permeable al acento, el discurso se expande al otro lado del mundo.

El maestro se quita los zapatos, hunde un pie en el agua y dice algo que nadie entiende. Será descripto en los libros del próximo siglo.

La ventana sigue cerrada, como siempre. Ya no es ventana, es pared disfrazada.

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¿Qué hacés?

Sin las líneas que separan las baldosas, la vida sería aún más aburrida.

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Lo que sostiene todo

Nunca es lo que uno cree.

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La trampa

En el fondo de cada escrito, quiera o no, por más cuidado que ponga, escondida entre las palabras y los silencios, como una trampa siempre lista, cruel, insensible, automática a la manera de un arma, preparada para el golpe bajo, la zancadilla, dispuesta a descalificarme, descalcificarme, desedificarme, inconmovible, estúpida con la estupidez profunda de un universo unipolar, ahí donde menos esperaba, y hasta me da vergüenza decirlo porque nada hay más lejos de lo que busco, de lo que espero de mí, ahí mismo se esconde peor que una araña, peor que un fantasma, peor que mis intenciones, una enseñanza.

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Dobleces

El primer doblez no sale bien, no insistas. Queda así, desparejo. Hay que arreglarlo con el segundo, hay que esconder esa imperfección porque si no es tarde.

El problema del segundo es el rincón, se arruga por dentro y parece que fuera una ley física que prohibiera el rincón sin arrugas.

Antes del tercer doblez hay que empezar a sentir algo parecido al triunfo, aceptar el reto con energía y rapidez. A partir de ahí ya no importa tanto, la cosa acabará mal por cualquier motivo, y te va a llevar más de un instante decidir si con eso alcanza o si hay que empezar todo de nuevo.

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Otro

No está bien. La Mágica Web no puede tener, en todo febrero, un solo post.

Aprovechando la oportunidad extra que me da el año bisiesto, que sean dos.

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Causa y efecto

Es automático. Cada vez que se produce una excepción, queda confirmada una regla.

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Amanecer

La puerta se pliega al medio. El suelo se aleja sin ganas de mi nariz. El ruido va en aumento. En alguna parte de la ciudad alguien renace, pero no soy yo.

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Ventaja

Lo bueno de inventar un proyecto nuevo es que la realidad todavía no lo descubrió.

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Canoas

Nos pusimos a hacer una canoa de madera
y otra canoa en un papel
y una canoa de pasto
y otra de metal fundido
y también hicimos un río para poner las canoas
y otro río que nos quedó adentro por mal plegado
y tantos ríos y canoas nos cambiaron el sueño
y nos hicieron pensar en la muerte
y nos desencaminaron
y así fue que salimos a andar por los charcos de la avenida
y no volvimos hasta el día siguiente
y las canoas se habían extinguido
y nos daba mucha sed.

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Cajón de abajo

Al cajón de abajo van cayendo las cosas que sobran en los cajones de arriba, las que resbalan por atrás, las que nadie ve o nadie quiere mirar, las que atraviesan la madera, las demasiado chicas para quedarse por mucho tiempo en un lugar, las que se caen de las manos, las que no caben en las categorías de los otros cajones, las que reptan, las que no se cierran, las que duelen, las que no se abren. Por eso el que está con llave en este mueble no es el cajón de arriba, sino el de abajo.

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Hueco

Está ese hueco, que ya no es ojo y todavía no es nariz, donde se queda un momento la lágrima y hace cosquillas.

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Pasajes

El tiempo pasa de izquierda a derecha. El miedo, de adentro hacia afuera. El dolor, de arriba hacia abajo. La ansiedad, de atrás para adelante.

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Empezó un blog

Empezó un blog. Escribió un post brillante, encantador, del que se sentía orgulloso. Al día siguiente no se le ocurrió nada satisfactorio, así que repitió el post anterior. Lo mismo pasó al tercer día, y al cuarto, y así hasta que ya no tuvo que pensarlo y lo suyo se convirtió en rutina.

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Empezó un blog. Escribió un post que le pareció adecuado, y se fue a dormir. Pero al día siguiente ese post ya no le gustaba como comienzo, así que empezó otro blog, con un primer post diferente. Lo mismo pasó al tercer día, cuando empezó su tercer blog. Y al cuarto. Y así.

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Empezó un blog. Quería arrancar con el post que superara a todos los posts, de manera que no alcanzó a terminarlo ese día y lo dejó en borrador. Al día siguiente siguió escribiendo y corrigiendo. Lo mismo pasó al tercer día, y al cuarto, y hoy sigue elaborando lo que ha de ser la obra de su vida, aunque quede inconclusa.

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Empezó un blog. Y eso, nada.

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A

Si todo empezara con a no habría tristeza, pero sí angustia. Nada de miedo, pero sí ansiedad. El arroz no podría ser integral. Las armas las llevaría un ángel. No sé cómo, con arena y agua no se haría un mar. Yo me llamaría apenas Abel, como un alias. Y vos, ¿te quedarías sin nombre?

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