Lo que sigue

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Lo que sigue, “Sobresalir en diagonal y otras 86 cuestiones mínimas”, es una colección de microcuentos, frases sueltas y cosas por el estilo que fui escribiendo en la Mágica Web a lo largo del tiempo. Siempre quise juntar todo eso, y aquí está (además de tener su lugar en la columna de la derecha).

En algunos casos hice correcciones. Lo mismo que en los paquetes de cuentos muy cortos que armé antes (donde me olvidé de avisar).

Sobresalir en diagonal y otras 86 cuestiones mínimas

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1

Pasó la lengua con suavidad por los labios de ella. Como ella sonreía, el placer duró un centímetro más a cada lado.

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2

Primero debo lograr hacerlo diez veces seguidas. Luego debo repetir diez veces ese logro. Hecho eso, hay que hacer todo eso nueve veces más, todas idénticas. Así es la vida.

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3

Entre las nubes había un pequeño agujero, y por ahí se cayó.

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4

Esa mañana el árbol estaba junto al lado izquierdo de la puerta.

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5

Estos pájaros migran hacia el oeste, huyendo de la noche.

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6

Cerró la puerta con llave y se tiró por la ventana.

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7

Debía soñar con mariposas o estaba perdido.

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8

La radiación les llegaba hasta el cuello, y seguía subiendo.

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9

La mosca, herida, volaba dejando una estela de humo negro.

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10

Decidió contar todas las hojas de un árbol . Como no era tonto, eligió uno de hojas perennes.

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11

Tras haberse hundido con su barco, el capitán aún se preguntaba si había sido una buena decisión.

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12

Otro capitán no pensaba en hundirse con su barco, sino en que su barco se hundiera con él.

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13

El sol caía en vertical sobre el paisaje, destrozándolo.

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14

Llegó a la panadería antes de hora, sólo para comprobar que el panadero tenía los labios llenos de polvo blanco.

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15

La luz tenía el color de un viejo papel de lija.

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16

En esa ciudad casi todas las calles eran contramano.

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17

Ante los ojos desorbitados del empleado de correos, pegó la estampilla en el lado interno del sobre.

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18

—Explíqueme esto —dijo el director del zoológico al empleado de mantenimiento, frente al huevo que acababa de aparecer en ese aviario donde todos los ejemplares eran machos.

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19

Parecía una pared, pero era el nuevo vestido de tía Clara.

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20

Si pudiera quedarme quieto ahí en la calle, a la puerta de mi edificio, sin necesidades ni apuros, contemplado el paso de las estaciones, los años, los siglos, las eras geológicas, ¿cuánto tiempo vería transcurrir hasta que los sedimentos cubrieran estas torres, y cuánto más hasta que los arqueólogos vinieran a desenterrarlas?

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21

—Me puedo mover en la cuarta dimensión —dijo al pasar. Y para demostrarlo, o porque sí, porque tenía ganas, se dio vuelta de atrás para adelante, sin girar.

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22

El contenido vencía en mayo de dos mil dos. El envase, en mayo de doce mil dos.

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23

Fue a cazar mariposas con una red y se trajo sin querer un elefante. El problema, ahora, es cómo alimentarlo.

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24

Camina por el borde del precipicio, temiendo tanto la caída como la salvación.

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25

Subiendo los escalones de a dos en esa escalera impar, pasó de largo y quedó para siempre quince centímetros por encima del piso.

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26

Hay un vacío. O dos, pero la suma de vacíos es como la suma de infinitos, siempre da lo mismo.

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27

Andaba con anteojos oscuros para no ver los ojos de los demás.

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28

Pasaba un jarrón por la puerta de casa cuando el martillo, que es un atolondrado, salió sin mirar por dónde iba y lo rompió en mil pedazos.

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29

Estaba remando de regreso cuando me empecé a despertar. Primero desaparecieron los remos. Luego la sensación de moviímieníto. Por último, el bote. Abrí los ojos justo antes de caerme al agua.

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30

El monstruo que duerme abajo de mi cama tiene la costumbre de roncar. A veces, cuando lo pincho con una varilla de metal para que se calle, reacciona con un zarpazo o un mordisco. Pero en general se limita a gruñir y darse vuelta, para seguir roncando un minuto más tarde.

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31

Su deseo se cumplió: el tiempo volvió atrás varias décadas. Lo que aún no sabía era que iba a vivir otra vez la misma vida.

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32

Empieza a leer un libro por la página del medio. Luego lee una página hacia adelante y una hacia atrás, otra hacia adelante y otra hacia atrás. Así hasta llegar al principio, que si es un buen libro resulta tan sorprendente como el final.

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33

Los acondicionadores de aire saltaron de sus huecos en las paredes y remontaron vuelo. Eran tantos que pusieron negro el cielo. Mientras nos torcíamos el cuello para mirarlos, todos juntos emigraron hacia el verano del norte.

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34

Él se quedó apretando enloquecido los botones del control remoto. Pero ella siguió alejándose como si nada.

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35

Tenía los filtros demasiado sucios, pero me dio pereza limpiarlos. Así que me los arranqué y los tiré ahí al lado, en el piso. Ahora pienso con más claridad, aunque no sé cuánto va a durar.

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36

Apurado, apurada, tropezando, tanteando, encendidos de ansiedad, angustiado, angustiada, a trasmano, a traspiés, discutiendo, disputando, disímiles, disimulando, cansado, cansada, apagados, apaleados, ahora mismo, ahora, ya.

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37

Pega un salto y llega un poco más abajo. Otro salto, otro poco más abajo. Salto, abajo. Salto, abajo. El objetivo es llegar al fondo, allá donde todo se acaba, a la oscuridad, al sitio sin salida. Pero de a poco.

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38

Cierra la puerta de su casa con llaves, cerrojos, candados, para que nada salga.

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39

A partir de hoy toda araña deberá llevar una pancarta con el nombre de su especie claramente escrito. De esta forma quienes tememos a las arañas podremos saber cuáles son peligrosas y cuáles no.

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40

Señaló con el dedo un punto vacío del horizonte y empezó a caminar. Obediente, la soledad lo acompañó.

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41

Llegó a tal nivel de stress que debió cancelar todos sus compromisos para los próximos diez minutos.

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42

Hundió la cabeza en la pantalla del monitor. Perdió una vida.

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43

Iba a poner la otra mejilla cuando recordó que de ese lado tenía neuralgia.

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44

Idea para un relato policial: el asesino logró entrar en la casa porque el llavero de la víctima era visible en una foto, que el asesino amplió y mejoró digitalmente hasta poder sacar una copia perfecta de la llave que necesitaba.

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45

A las 23:59 se dijo que no podía seguir desperdiciando el día de esa forma.

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46

Parecíamos gente pero éramos todos muñecos pintados, y llenábamos el planeta.

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47

La lluvia de hace un rato sonaba como una ola que nunca terminara de romper.

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48

Un árbol viene flotando en medio del mar. ¿Naufragó una isla?

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49

A mano alzada, con un lápiz casi sin punta que raspaba el papel, trazó una circunferencia perfecta.

–Es lo único que sé hacer –dijo–. ¿Pensás que alguien me dará trabajo?

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50

Cuando al fin se decide y corre la cortina con un gesto brusco, lo que encuentra detrás es otra cortina.

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51

El insomnio es una manera de hacer que el tiempo se detenga. Lo difícil es que ese logro sirva para algo.

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52

Lo cubren con láminas de acero, le adosan extremidades mecánicas, le implantan luces, diales, pantallas, le agregan un motor, le pintan Made in algún lado, lo obligan a cumplir normas industriales, todo para que los demás crean que es una máquina.

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53

Si alguien pone en hilera cinco dedos gordos de diferentes pies, ¿podrías reconocer el tuyo?

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54

Se puede calcular cuánto tiempo lleva un auto parado en el mismo sitio por la cantidad de papeles de propaganda que tiene enganchados en los limpiaparabrisas.

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55

Eran las 32:75 de un día interminable.

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56

Los que arreglan ascensores se pasan la vida teniendo que subir por la escalera.

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57

–Esto es inútil –pensó. Y así juntó sus cosas y se fue para siempre.

Desde entonces los ateos tenemos razón.

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58

Enciende la luz cuando sale de la habitación.

Comparte la comida con las moscas.

Canta un semitono más agudo que los demás.

Sobresale en diagonal.

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59

En la calle las caras se superponen, se ocultan mutuamente, aparecen y desaparecen, la primera tapa a la segunda y luego descubre una tercera para que la segunda la cubra y aparezca una cuarta, y así sucesivamente, como cartas del mazo que uno esta mezclando antes de repartir, o como varillas de un abanico roto.

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60

A veces pienso que me estoy ablandando, pero no es así. Es que el mundo se endurece más rápido que yo.

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61

Siempre escalando el Beconcagua, el Ceconcagua, el Eneconcagua, por temor, por impotencia, porque la cosa real es demasiado.

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62

La sombra de la montaña
tiene rocas,
precipicios,
nieve,
frío,
y se mueve por la tierra
como la montaña
se mueve por el cielo.

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63

Ante la computadora y el micrófono, relajado y feliz, cantaba con voz potente y afinada una canción recién compuesta que ya quisiera recordar ahora que estoy despierto.

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64

Le costaba mucho mantener el equilibrio, así que fue al médico a que le agrandara los pies.

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65

El auto hacía un ruido raro, así que lo llevé al mecánico. Pero dejó de hacerlo una cuadra antes de llegar. Ahora, de noche, acostado y con insomnio, vuelvo a oír el mismo ruido.

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66

Segisberto y Gustaquio llevan una vida plena de satisfacciones. Cada uno dedica su tiempo a molestar al otro, y la mayoría de las veces obtiene éxitos resonantes. Con lo cual ambos son más felices que si se ignoraran mutuamente.

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67

Me pregunto si mi peor enemigo también soñará que tomamos el té juntos mientras charlamos de literatura.

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68

La memoria es un elefante ciego y furioso en un bazar donde de cualquier forma ya está todo destruido de antemano.

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69

Todo esto es como un arroyo a punto de secarse donde siempre aparece otro chorrito de agua proveniente de un glaciar oculto bajo el polvo del remoto desierto de allá arriba.

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70

Lo más interesante de este libro son las solapas. Si las doblo hacia afuera parecen alas. Y si abro la ventana tal vez el libro se vaya volando a molestar a las palomas.

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71

Para salir de la rutina retrocedía siempre en nuevas direcciones.

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72

De los dos caminos que se abrían por delante eligió el del medio.

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73

Todo anda muy bien. Sí, sí, todo anda muy bien. Digámoslo una y otra vez: todo anda muy bien, todo anda muy bien. A ver esos aplausos. Clap, clap. Quiero que esas manos se levanten bien arriba y batan palmas. Clap, clap, clap. Todo anda muy bien, rítmicamente, todos juntos, pero qué bien que anda todo.

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74

Todo es cuestión de ver una grieta en la pared y meterse por ahí. Siempre hay algo, en alguno de esos huecos inesperados del cerebro.

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75

“En la atmósfera hay arbolitos que tratan de enviar sus semillas a otros planetas, sin mayor éxito.” Me lo acaba de dictar una voz interior que a veces habla sola.

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76

La aspiradora de al lado arranca en consonancia perfecta con el pianista del CD. Pero enseguida el pianista altera la armonía, se va por las ramas, ¡cacofonía!, y es imposible seguir escuchándolo.

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77

El bar está en silencio hasta que se oyen unos pasos terribles desde el piso de arriba. Es una mujer de pantalón y saco marrones, que empieza a bajar la escalera de madera calzada con unos zuecos estruendosos. Suena como el carcelero que te viene a buscar para la silla eléctrica.

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78

Parar un momento, avanzar, parar, detenerse por completo, tomar aliento, perderlo, darse tiempo para un poco de depresión, represión, introspección, desolación, prepararse para situaciones no deseadas, desearse en situaciones no preparadas, darse vuelta de arriba abajo, de adentro afuera, tener más sueño que sueños, proponerse una vez más cambiar y seguir así como siempre.

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79

Por lo menos que haya la sombra de una duda, algo, un detalle, una grieta en el muro, una esperanza.

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80

De tanto esquivar a los otros se rompió la nariz contra una pared.

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81

Un techo ideal, sin paredes o columnas que lo sostengan. Un techo que flote en el aire, donde podamos ir a guarecernos sin tener que buscar la entrada, esquivar el poste, sacar la llave, pedir permiso.

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82

En algún momento de las últimas décadas, los hombres de panza grande bajaron la cintura de sus pantalones del trópico de Cáncer al trópico de Capricornio, cruzando el ecuador del ombligo sin dejar mayores rastros.

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83

Lleva la vida excitante de un coleccionista de broches para la ropa.

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84

Es un error tener piso blanco en la casa: se ven todas las partes que se nos van cayendo.

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85

“Mala suerte” es otra forma de nombrar el aumento de la entropía.

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86

Después de mucho tiempo, el dueño de esa 4×4 esplendorosa asomó las ruedas apenas por fuera del asfalto y obtuvo la primera manchita de barro. Allí mismo, con la satisfacción del deber cumplido, decidió no lavarla nunca más.

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87

Un pájaro desesperado canta entre dos edificios, amplificado por el rebote del sonido en las paredes. La cárcel lo agiganta. Se podría escribir un mal poema con esto.