Categoría: Exploraciones

Avioncitos de papel

[6/4/2002]

“Por un momento pense que no volaria. Al lanzarlo me di cuenta de lo equivocado que estaba. Increible ese vuelo…”, escribe Lucas sobre el tubo. Federico responde: “A mi me pasó lo mismo!! Mientras lo armaba me reia pensando que no iba a funcionar, pero voló tanto que se me fue por el balcón y encima siguió volando bien afuera, hasta que chocó contra una pared. Ninguno de los que armé después voló tan bien como ese!”

Es parte del Foro de www.avioncitosdepapel.com, un sitio que por suerte me señaló uno de sus autores, Lucas Worcel (el link lleva a su weblog). Ahí abundan los modelos de avioncitos, entre ellos el extraño tubo: suficientes para días de experimentación. Hay consejos para hacerlos volar (“Problema: el avión sube, se frena de golpe, y cae de punta. Solución: ajustale los alerones de las alas hacia abajo”). Hay versiones para imprimir (“De cada modelo también podés bajar e imprimir un archivo Acrobat PDF, con las instrucciones para armar el avioncito y ¡una segunda página con todas las líneas marcadas, lista para doblar e ilustrada con divertidos motivos!”). Y hay dibujos, muchos dibujos de avioncitos y del proceso de construcción y del proceso de hacerlos volar.

Además, todo es amistoso y fácil de recorrer. Entre tanto Flash porque sí, tanto diseño que se mira el ombligo, tanta tipografía roja sobre rojo o gris sobre gris, este sitio es… bueno, un modelo.

[6/4/2012]

Diez años más tarde, el sitio sigue andando y sigue tan lindo como entonces.

Algunos links rotos se deben a que en el medio cambiaron el software del foro. (El foro sigue existiendo, pero parece que en los últimos tiempos solo hay spam.)

Las versiones para imprimir están: nuevo link.

Cada vez usamos más papel

[5/4/2002]

Cada vez usamos más papel, a pesar de las predicciones en contrario que llegaron con la difusión de las computadoras. Hay buenas razones para que sea así, y si existe un artículo que sabe explicarlo es este del New Yorker:The social life of paper“, por Malcolm Gladwell (descubierto via Evhead).

Al leerlo, vale la pena tomar en cuenta otro factor, además de los que considera Gladwell: la ley de Zipf. En términos simples, dice que la frecuencia de algo es función del inverso de su número de orden (es decir, el número de orden de ese algo en la secuencia de los “algos” más frecuentes). La ley de Zipf se aplica a los papeles, los archivos de computadora, las palabras, lo que sea; y significa más o menos que casi todo el tiempo estamos usando muy poquitas cosas. Eso (además de todo lo que Gladwell sí toma en cuenta) ayuda a explicar cuán útil es para el dueño de un escritorio el “desorden” que lo caracteriza: habitualmente tiene más a mano lo que más usa. Cosa especialmente difícil de hacer en una computadora, donde nada está diseñado para que uno pueda, naturalmente, sin pensarlo, dejar más a mano lo que más usa.

(No inventé lo anterior: la parte correspondiente al escritorio y el papel está desarrollada en un artículo que traduje hace muchos años, cuando trabajaba en la revista Juegos, antes de que las computadoras llegaran a todas partes. No recuerdo el nombre del autor, aunque sí que expresaba la ley de Zipf de un modo muy convincente: el ochenta por ciento del tiempo usamos el veinte por ciento de las cosas; el otro ochenta por ciento de las cosas sólo nos sirve el restante veinte por ciento del tiempo. Ojalá tuviera el artículo a mano. Espero volver sobre el tema cuando lo encuentre.)

[5/4/2012]

Et tu, New Yorker? Nuevo link.

Tengo la impresión de que ahora sí, estamos usando menos papel. No la burocracia estatal, ahí no hay caso. Pero los diarios se vienen mudando, las enciclopedias desaparecieron, los libros están muchas veces dentro de Kindles y afines, los celulares se convirtieron en agendas, y así. El origami, por suerte, sobrevive. El desorden de mi escritorio, no por suerte, también. (No encuentro estadísticas para respaldar esta sensación, ni para refutarla.)

Gladwell cuenta que los controladores aéreos usaban en su trabajo montones de papelitos con notas garabateadas. ¿Seguirá siendo así?

En una parte maravillosa del artículo dice que una razón para seguir usando papel era el carácter colaborativo de los informes (del Fondo Monetario Internacional, pero aplicable a muchas otras cosas). Claro, no había herramientas como Google Docs y demás, para compartir documentos online. No sé si el FMI habrá cambiado, pero el mundo sí.

Más en general: con el siglo XXI ya bien entrado en carnes, es evidente cuánto cambió todo desde el año 2000, ¿no? Y no solo en tecnología.

Los “weblogs”

[4/4/2002]

“Los ‘weblogs’, un fenómeno de Internet que crece en la Argentina.” Clarín; una nota bastante superficial. Menciona dos directorios, www.weblogs.com.ar y www.bitacoras.net. En el primero tienen un vicio imperdonable: cuando uno clickea para visitar un weblog de la lista, hacen que siga apareciendo la dirección de ellos; así, parece que ellos alojaran el weblog en cuestión (lo cual no es el caso), e impiden que uno pueda hacer un link con facilidad. (Artículo descubierto vía E-Media Tidbits.)


Actualización: Es una alegría ver que en www.weblogs.com.ar eliminaron el “feature” que nombré más arriba, apenas minutos después de enviarles mi crítica al respecto. Además, me escribieron sobre el tema un email muy atento. Este nivel de respuesta es muy adecuado al medio (los weblogs) que buscan cubrir.

[4/4/2012]

Quienes hacían weblogs.com.ar eran nada menos que Mariano Amartino (Denken Über), Lucas Worcel (Korochi) y otros pioneros del ambiente. A raíz de este primer contacto los conocí, estuve en alguna reunión de bloggers de la época, y empecé a sentir pertenencia a algo que no se sabía bien qué era. Y que no duró mucho, porque si bien bloguear era por entonces una actitud, ¿cuánto podíamos tardar en descubrir que el “blog” era un formato, y no un género o un estilo?

Los links no llevan a nada, salvo el de E-Media Tidbits, que dejó de actualizarse en 2010. La nota de Clarín está acá (y no estaba nada mal en 2002). Dice el copete: “Son sitios de sólo texto que hacen furor en una Red congestionada de efectos especiales. Con los weblogs se crean verdaderas comunidades en torno a un interés común. Un recurso para la información, la creatividad y la diversión.”

Juan Falú

[2/4/2002]

Juan Falú toca la guitarra con la caja apoyada en la pierna derecha, de manera que el mástil queda cerca del pecho. Así, la mano izquierda actúa como protagonista, mientras arma las notas: a veces las aleja, y a veces las acerca tanto al plexo solar que esas, las elegidas, no pueden dejar de ser centrales para la música.

La cabeza de Juan Falú se mueve de acuerdo a una combinación de esa mano izquierda y el proceso interior que lo lleva a tocar como toca. Cuando los dedos bajan un semitono, con un movimiento rápido de derecha a izquierda, la cabeza los acompaña, como señalando “hacia allá, hacia allá”. Cuando el dedo mayor se alza sin aviso para crear una nota profunda en la sexta cuerda, la cabeza se echa hacia atrás, con la barbilla apretada al cuello, y las cejas acompañan el movimiento hacia arriba. El resultado es tan intenso que el oyente puede sentir ese movimiento desde las tripas.

En cuanto empieza a tocar, Juan Falú aprieta los labios en pico de pato. Es automático, y no los suelta hasta la última nota de cada pieza. El pico avanza y retrocede según las necesidades de la música, y se complementa con semisonrisas hacia un lado o hacia otro, según la dirección de una melodía o una progresión armónica.

Con toda seriedad, Juan Falú toca melodías a dos voces que suben y bajan en forma paralela, usando la segunda y la tercera cuerdas y un sonido dulce cargado de vibrato: uno de los recursos más tradicionales del folklore. Y de pronto la armonía se dispara en cualquier dirección, hacia acordes completamente impredecibles, uno tras otro, de un modo que parece que no va a terminar nunca; y mientras avanza, Juan Falú sonríe cada vez con más amplitud, se hace cómplice de esos acordes, dice al público “¿Ven? ¿Ven lo que se puede hacer?”.

Los ojos están casi siempre fijos en esa mano izquierda que es dueña de la interpretación. Pero a veces suben un poco, y es ahí que ve a mi hijo que duerme profundamente en la primera fila. Sonríe, aunque la música no lo requiera, y un segundo después me ve a mí, que estoy devolviendo esa sonrisa. Más tarde, en el vestíbulo del auditorio, Juan Falú le va a acariciar la cabeza a Gabriel, reconociéndolo.

El auditorio del Museo del Mar, en Mar del Plata, es una sala chica y cómoda. Ideal para ir temprano, encontrar sitio en la primera fila y dedicarse a entender el lenguaje de gestos de un maestro de la música.

[2/4/2012]

Me atreví a mandarle la reseña a Juan Falú, por mail. Me contestó muy amable. Le gustó, y era la primera vez que encontraba una reseña basada en el lenguaje corporal. Me gustaría tener a mano su respuesta, pero es lo que pasa con el mail anterior a Gmail: está atrapado en un archivo de Outlook, grabado en un CD, inaccesible porque no tengo Outlook instalado.

Juan Falú en Wikipedia, sitio personal, y en YouTube. Sobre el link al Museo del Mar, ya lo advertí antes: cuidado que arranca con música y no hay cómo silenciarla.

Balthazar, Cramer

[25/3/2002]

Ayer necesitaba el teléfono del restaurante Balthazar, sobre la avenida Cramer, en mi barrio. En estos casos, lo primero que se me ocurre (antes de la guía telefónica, por ejemplo) es recurrir a Google. Escribí entonces las palabras “Balthazar” y “Cramer” en la casilla de búsqueda, convencido de que las dos palabras juntas bastaban para llegar sólo al restaurante. Y conseguí el teléfono dos segundos más tarde.

Pero la Web ya es demasiado grande para que las cosas queden así. En el quinto lugar de los resultados apareció una página llamada “Early Purcell (Porcel) Family History in Kilkenny”.

Un click más tarde, trasladado ya a la Irlanda del siglo XVII, me vengo a enterar de que un tocayo mío, un tal Edward Purcell, era bastante dado a la bebida y más bien violento. Insatisfecho con la herencia que le tocaba (que no era poca) quiso alzarse con todas las posesiones de su familia, los Ballyfoyle. Así, solía aparecerse en el castillo de Ballyfoyle con un grupo de hombres armados y echaba abajo la puerta. La página dice muy coloridamente: “On these occasions the fury of his passion made him vent seditious words against the King, abuse Mrs. Cramer with scurrilous language, and beat her to such a degree that she was in danger of her life.” Finalmente, Edward atacó a nuestro Balthazar Cramer, hijo mayor de quien tenía la concesión del castillo, lo hirió y lo amenazó de muerte, “but fortunately for himself was prevented”. Debido a esto tuvo que irse del país. Terminó en el Gens d’Armes de Francia (regimiento de donde viene la palabra “gendarme”), con una propiedad de 36 libras.

Por si alguien lo quiere, el teléfono de Balthazar (el restaurante) es 4783-4700. Está en Cramer 1757 (¡el año en que Elisabeth Cathrine Schwartzkopf, probablemente de København, Dinamarca, se casó con Baltzar (sic) Cramer!)

[25/3/2012]

Qué lío. Para empezar, si entonces la Web era demasiado grande para que las cosas quedaran así, ahora es demasiado grande para que las cosas queden como en el año 2002.

Me sorprende la poca claridad con que expliqué lo que había pasado. Fue así:

Buscando el restaurante Balthazar en la avenida Cramer, me encontré con un tal Balthazar Cramer histórico. Y además un tal Baltzar Cramer se casó en 1757, llamativo porque el restaurante Balthazar estaba en Cramer 1757. Eso era todo, y me parece que no lo supe decir entre tantas palabras.

Los links del comienzo funcionan. El del final no, y me costó encontrar el dato otra vez. Está acá: “Baltzar Cramer was born 3 FEB 1732 in København, and died 18 OCT 1785 in København. He married Elisabeth Cathrine Schwartzkopf 4 APR 1757, daughter of Schwartzkopf _____. She was born 1730, and died 16 AUG 1806 in København.”

Por otra parte, hace años que el restaurante Balthazar no existe. Busqué el número de teléfono en Google (con el agregado de “Buenos Aires”), y sigue habiendo montones de resultados que se lo asignan a Balthazar, como si el tiempo no hubiera pasado. En esa dirección sigue habiendo un restaurante, otro.

Mail de Luisa

[21/3/2002]

Me escribe Luisa Axpe:

“Buscando aquí y allá entre tus criaturas de la web, me encontré con esto de los sinánimos y se me ocurrieron algunos:

“El sinánimo de ‘escola do samba’ es ‘murga’.

“El sinánimo de ‘samovar’ es ‘pava’.

“El sinánimo de ‘maldecido por los dioses’ es ‘ojeado’.

“El sinánimo de ‘mirar profundamente’ es ‘echar un vistazo’.

“El sinánimo de ‘tos’ es ‘carraspera’.

“El sinánimo de ‘crimen pasional con arma de fuego’ es ‘disparo accidental mientras limpiaba la 9mm’.

“El sinánimo de ‘fines herbes’ es ‘orégano y laurel’.

“El sinánimo de ‘estandarte’ es ‘banderín’.

“El sinánimo de ‘conmoción cerebral’ es ‘chichón’.

“El sinánimo de ‘misil atómico’ es ‘buscapié’.

“El sinánimo de ‘loft’ es ‘monoambiente’.

“El sinánimo de ‘anafe’ es ‘calentador’.”

[21/3/2012]

Sobre sinánimos ya hubo algo acá en MW+X: primero, después.

Hace veinticinco años que soy amigo de Luisa, quien hizo muchos aportes a la Mágica Web, a veces por mail, muchas veces en los comentarios. Aquí está su blog, cuyos orígenes recordó hace poco con un post encantador.

¡No soy ladrón!

[16/3/2002]

“I’m no thief! I download songs, but I also buy CDs”, dice Siva Vaidhyanathan en un artículo publicado en MSNBC.com. El artículo da una buena explicación de por qué las grandes grabadoras tendrían que haber llegado a un acuerdo con Napster en vez de destruirlo. Y por qué tendrían que halagar a sus clientes en vez de insultarlos.

[16/3/2012]

El artículo ya no está. Al buscar la cita en Google sale otro sitió que lo linkeó, y la Mágica Web. Nada más.

Sigue siendo cierto que quien baja canciones no es ladrón. Pero la cuestión va mucho más allá. La guerra del copyright es uno de los dos grandes temas de los que depende el futuro de Internet. El otro: los regímenes represores y la tentación de los gobiernos democráticos de imitarlos (y dejar de ser democráticos en el proceso).

No, perdón. Vuelvo para agregar otros grandes peligros para el futuro de la red:

  • La privatización. Los “jardines vallados” que actúan como fronteras. Google no puede mirar dentro de Facebook. Facebook no puede mirar dentro de LinkedIn, etc.
  • El manejo de los datos privados por parte de gobiernos y grandes corporaciones. La agregación de datos personales en cantidades astronómicas. En general, la invasión a la privacidad.
  • La “guerra de las patentes”, que enfrenta a grandes compañías entre sí y también a grandes compañías con pequeños emprendedores, impidiendo nuevos desarrollos. Aunque esto en realidad es parte de la guerra que también incluye al copyright.
  • La ignorancia, sobre todo de quienes tienen poder político. Como dijo hace poco el CEO de Mozilla (la fundación que hace Firefox): “¿No entiende Internet? ¡Fuera del gobierno!”

Esto no pretende ser una lista completa ni perfecta, ni contener las mejores descripciones de los problemas. Es una enumeración rápida, para dejar asentado lo siguiente: la red que tenemos hasta ahora es frágil. Menos mal que, paradójicamente, no es fácil romperla.

La discusión sobre Flash

[15/3/2002]

Hay una discusión intensa sobre los websites que usan Flash: ¿agregan algo las animaciones interactivas, o sólo complican y distraen al visitante? Como de costumbre, la respuesta más sensata es “ambas cosas”. Cuando uno busca información rápida y concreta, una animación en Flash es un trastorno. Cuando uno quiere algo más entretenido, o tiene ganas de dejarse sorprender, Flash es una maravilla.

Por supuesto, hay ultras en ambos bandos. Lo interesante es que apareció una página creada en la Argentina, en castellano, por Héctor Arancibia (un ultra pro-Flash), en la que discute un artículo del estadounidense Jakob Nielsen (experto en usabilidad, un ultra anti-Flash). La página, como corresponde a este mundo lleno de ironía, está hecha en Flash. Y, también irónicamente, demuestra de un modo práctico hasta qué punto Nielsen tiene razón, mientras que a la vez lo deja hecho un trapo. En fin: un combate en el que, creo, ambos pierden. (Vía E-Media Tidbits.)

[15/3/2012]

La discusión sobre Flash siguió durante los últimos diez años, y todavía sigue, y seguramente seguirá algunos años más. Por suerte, los sitios completamente hechos en Flash suelen ser portfolios de artistas plásticos, ilustradores, fotógrafos, y no sitios de información. En cuanto a los usos positivos de Flash en estos años, alcanza con decir esto: ¡YouTube! ¡Videojuegos! ¿Hace falta más?

De todos modos, en el último tiempo la discusión cambió de carril. Ahora se trata de la sustitución de Flash por HTML5, es decir el reemplazo de un “player” propiedad de una corporación por un estándar público que venga incluido en los navegadores. Es un objetivo espléndido, que va a llevar años completar.

Apple dejó de lado la compatibilidad con Flash en los dispositivos móviles, pero todavía lo soporta en OS X. Android sigue soportando Flash. Además de ser propiedad de Adobe, dicen que Flash gasta mucha batería.

Mientras tanto, seguimos disfrutando y sufriendo Flash en todas partes. Y dando la bienvenida a la llegada lenta, paso a paso, de HTML5. Para más datos: uno, Wikipedia; dos, documentación en W3C, organismo que supervisa los estándares de la Web.

Héctor Arancibia, el autor de la nota linkeada en el post, pasó por la Mágica Web en julio del año siguiente, y dejó un comentario interesante, que sigue estando aquí abajo. (A todo esto, el dominio arancibia.com ya no es de él. No vayan, es un sitio de publicidad genérica, la peste. Por su parte, el sitio de Jakob Nielsen sigue tan usable y tan feo como siempre.)

Álbum de fotos en la Web

[11/3/2002]

El portal Ubbi, del grupo Clarín, ofrece un servicio atractivo: se puede armar un álbum de fotos en la Web, sin ningún conocimiento técnico. Lo único necesario es tener las fotos digitalizadas en el disco rígido y hacer algunos clicks aquí y allá.

Sin embargo, hay una cosa que no entiendo. ¿Por qué no ponen en primera página las condiciones de uso del servicio? Para verlas, primero hay que registrarse como usuario (entregando unos cuantos datos personales), y recién después aparece una ventana pop-up (a la que es muy difícil linkear) que las contiene. Como es un texto bastante largo la tentación de pasarlo de largo es grande, pero entonces uno puede perderse esta joya en mitad de la cláusula 9:

“El USUARIO que ingresa su fotografía al web site de Ubbi.com autoriza a UBBI a ingresarla, otorga a UBBI una licencia para su uso, publicación, difusión y/o reproducción en cualquier medio, con cualquier finalidad, en forma ilimitada y gratuita. Asimismo, permitirá en los mismos medios y con idénticas finalidades que el retrato sea alterado y/o modificado a través de efectos especiales.”

Es decir, al subir una foto uno se la regala a Ubbi para que haga con ella lo que quiera.

Algo así ocurrió en Geocities hace un par de años, más o menos cuando lo compró Yahoo! De pronto, sin previo aviso, cambiaron las condiciones del servicio e introdujeron una cláusula como la que cité más arriba. Hubo un escándalo que se propagó rápidamente por la Web. Mucha gente retiró su material de ahí (yo estuve entre quienes lo hicieron: mudé mis “Pictures from Alien Places” de su dirección en Geocities a su hogar actual aquí, en MágicaWeb). Lo más curioso fue que para acceder al propio material, incluso con la intención de borrarlo, había que aceptar los nuevos términos.

Al poco tiempo, el riesgo de perder las últimas trazas de prestigio los llevaron a modificar las condiciones. Ahora aclaran, explícitamente, que Yahoo! de ningún modo tiene propiedad sobre las obras que los usuarios suben a sus servidores.

[11/3/2012]

¿Por dónde empezar? Tal vez por ningún lado.

Pero al menos esto: ese servicio de Ubbi ya no existe (Ubbi sí). O sea que quienes aceptaron esas condiciones y subieron sus fotos ya no las pueden ver.

Y también esto: Yahoo cerró Geocities en 2009 (ya lo anoté en otro post, estos días).

Y por supuesto: en 2002 la historia de los servicios para hacer álbumes de fotos online ni había empezado. Flickr apareció en 2004, y Yahoo lo compró en 2005. ¡Al menos todavía no lo cerró!

No encuentro cuándo empezaron los Picasa Web Albums, pero mucho no importa. Ah, también está Facebook. Oh, también existe Twitter… Etcétera.

¿Qué es “Operación Anaconda”?

[10/3/2002]

  1. Una parodia inmerecida de la obra de Horacio Quiroga.
  2. Un grupo ecologista que se especializa en la protección de serpientes.
  3. Una película hasta ahora desconocida de Armando Bo e Isabel Sarli.
  4. Una acción militar de EE.UU. en Afganistán.

La respuesta está aquí.

[10/3/2012]

La respuesta sigue estando ahí. Una pena que no sea la número 3.